EL JUEGO DE LAS SILLAS EN EL PPC

PREVIAMENTE EN PPC: LIOS DE FAMILIA: Luego de la caída de Pablo Secada, las disputas entre reformistas y tradicionales se centraron en la forma de elección de candidatos y la posibilidad de tener alianzas en Lima. Los primeros ganaron y se elegirá “un militante, un voto” al postulante pepecista, sin posibilidad de coaliciones. Así comenzó otra disputa: la de los precandidatos. Volvamos al presente.

Hasta hace un par de días, en el partidor pepecista había tres precandidatos:

a) Rafael Santos: Alcalde de Pueblo Libre en dos periodos. Conocido por el célebre selfie junto al presidente de su partido, Raúl Castro, y la asesora de marketing político Gabriela Chávez Bonifaz, cercana a Salvador Heresi y Alex Kouri. Cada entrevista de Santos es como un mensaje de Misión Imposible, es decir, se autodestruye.

b) Alberto Valenzuela: Regidor metropolitano. Apoyado por el sector que antes sostenía la precandidatura de Pablo Secada, que incluye a Luis Bedoya Reyes, Lourdes Flores y la mayoría de congresistas y regidores de la MML. Gerente general de Jockey Salud, tenía un perfil opositor bastante fuerte contra Susana Villarán en los dos primeros años, que fue moderando durante y después de la revocatoria.

c) Edgardo de Pomar: También regidor metropolitano. Abogado bastante cercano a Raúl Castro. Lanzado por la nueva alcaldesa de San Isidro y el regidor Walter Guillén.

La campaña transcurría con normalidad, hasta que algunos medios como Correo y asesores de imagen en redes sociales como Alfonso Baella comenzaron a soltar la posibilidad de tener a Fernán Altuve, precandidato a la MML con Vamos Perú (el partido del alcalde del Callao Juan Sotomayor) como candidato del PPC. La reacción no se hizo esperar en quienes apoyan a Valenzuela. Incluso se daba por cierta la versión que Santos declinaría a favor del abogado cercano al fujimorismo.

Según nos comentó una fuente dentro del PPC, la posibilidad de Altuve era remota. El congreso partidario había acordado cero alianzas para Lima y el bloque que apoya a Valenzuela hubiera protestado inmediatamente si se consolidaba la postulación de Altuve.  Asimismo, el fin de semana había ocurrido una reunión entre Del Pomar y Santos para la posibilidad que alguno de los dos decline, sin éxito.

Quien sí logró un acuerdo con Del Pomar fue Valenzuela, quien viene enarbolando la bandera de la unidad partidaria. El pacto señalaba que el gerente médico sería el candidato a alcalde, mientras que el abogado pasaría a ser candidato a teniente alcalde. Todos ganaban: “Choclo” Valenzuela quedaría como el personaje que consolidaría la pax pepecista luego de un proceso bastante movido – sobre todo, por las sospechas de un sector del partido contra Raúl Castro y viceversa – y De Pomar aseguraba, en el peor de los casos, ser regidor por cuatro años más, considerando la votación histórica del PPC en Lima.

El problema es que el acuerdo fue presentado como una suerte de candidatura única. Y, una hora después, Rafael Santos se presentó en Canal N para decir que se “había enterado por la televisión que ya no era candidato”:

Obviamente, luego de esto, Santos no declinará. El sábado se inscriben las listas y el duelo Santos – Valenzuela promete. El problema es que el PPC va a llegar con un desgaste interno fuerte y un candidato poco conocido. Los más optimistas en el partido prevén que una posible caída de Castañeda los puede beneficiar, mientras que los más pesimistas señalan que apuntan a meter una bancada de regidores decente en la MML.

De allí que, con la dureza que lo caracteriza, Juan Carlos Tafur se haya mandado con este furibundo editorial en Exitosa:

Paradójicamente, bajo el propósito de mostrar unidad se terminó armando una fiesta divisionista, algo absolutamente innecesario y tremendamente dañino.

Hace poco se recordaba la maldición de Béla Guttmann, entrenador húngaro del Benfica, quien luego de ser despedido del club lo maldijo señalando que en cien años no ganaría una copa europea. Y bueno, ya van ocho finales en las que el equipo portugués pierde. Solo por una maldición semejante podría explicarse lo que le sucede al PPC. Porque va de mal en peor, tanto que su conducta ya no parece entenderse por ninguna lógica política o razón partidaria. Nada dotado de logos tiene fuerza instrumental para explicar semejante vocación por el dislate.

¿Lourdes Flores salvará al PPC? ¿Podrán Santos o Valenzuela hacerse un espacio interesante en la contienda limeña? No se pierda los próximos capítulos en este blog.

(Foto: El Comercio)

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