BICAMERALIDAD: SI, PERO…

En principio, estoy a favor de la bicameralidad. Creo que la experiencia de los últimos 20 años nos ha probado que mantener una sola cámara en el Perú tiene bastantes perjuicios políticos. Entre 1993 y 2000, los congresos fujimoristas fueron una muestra clara de lo que puede ocurrir en un parlamento con mayoría absoluta y sin contrapesos. Mientras que, entre 2001 y 2013, entre la poca capacidad de hacer consensos para reformas de fondo – salvo excepciones -, leyes con varios errores y los escándalos generados por congresistas de todas las tiendas, la imagen de nuestro Poder Legislativo se deterioró aún más.

Sin embargo, creo que la bicameralidad por sí sola no soluciona los problemas de nuestro Congreso y esta medida solo podría funcionar si es que se hacen otras reformas de fondo, tanto en nuestra arquitectura institucional como en el sistema electoral.

Para comenzar, Carlos Meléndez hace dos buenas atingencias: sin un esquema de descentralización firme y sin partidos fuertes, la bicameralidad sería un fracaso.  Ello implica, a su vez, dos cuestiones.

La primera, un gran pendiente de esta década, es una evaluación en serio del proceso de descentralización que ha tenido el país. Tenemos 25 regiones en un país donde el número de las mismas debería ser, por lo menos, la mitad (si no es menos). Y la verdad es que este gobierno (como el anterior) ha dejado el tema librado a su suerte. La Secretaría de Descentralización, más allá de algunos documentos producidos sobre la materia, no tiene el peso político suficiente para reintroducir el tema. César Villanueva – quien viene de una presidencia regional – esbozó algunos cambios en su mensaje al Congreso, pero sin tocar la necesidad de una regionalización en serio.

La segunda cuestión, vinculada a los partidos, implica pensar en cuáles son los cambios necesarios para su fortalecimiento. De un lado, tenemos severos problemas de selección de candidatos a puestos públicos, por lo que dichos mecanismos deberían ser rediseñados (lo que implica modificar la Ley de Partidos Políticos). Asimismo, también se requiere modificar el sistema de elección del Congreso de la República, pensando en posibles variables como tener la elección parlamentaria en fecha distinta a la de las elecciones, eliminar el voto preferencial, incrementar el número de parlamentarios en la Cámara Baja sobre la base de distritos electorales más pequeños, establecer la alternancia para impulsar la cuota femenina.

Así planteadas las cosas, la bicameralidad debería llevarnos a cambios de fondo sobre nuestro sistema político. Debate mayor en el que parece que el presidente de la Comisión de Constitución, Omar Chehade, pretende no involucrarse. Más aún, cuando añade a la iniciativa una cuestión controvertida, como la inclusión de los expresidentes como senadores vitalicios.

Finalmente, también queda un sabor a escepticismo en el ambiente. Como varios amigos me comentaron a partir de un reciente artículo de Ricardo Uceda sobre el Consejo Nacional de la Magistratura, hay un tema de idiosincrasia política que puede petardear cualquier intento de reforma, por más que el diseño sea adecuadamente pensado y reflexionado desde diversos ámbitos. He allí un tema que debería adicionarse a las reflexiones sobre cambios institucionales en el Perú.

2 thoughts on “BICAMERALIDAD: SI, PERO…

  1. Interesante aporte Godoy, el problema es que en la calle hay cientos de politiqueros viejos que ansían la bicameralidad “así no mas”, para el 2016. No la aprecian como medio de mejorar la discusión legislativa sino como super-agencia de empleos para lideres avejentados y angurrientos.

    Además, sin partidos sólidos, dirigidos (“liderados” es mucho decir) por caudilletes regionales o locales cuya única “doctrina” es una gordísima (y sospechosa) cuenta bancaria, restaurar el Senado sería un daño horrible a nuestra estructura política. Recordemos además que la bicameralidad no es una “varita mágica” ni mucho menos: depende mucho del entorno político donde se aplique.

    Ejemplo de la historia que tal vez tu generación desconoce (porque no se la quisieron contar): entre 1980-1992 nuestros “brillantes oradores y tribunos del Senado” fueron inútiles para responder ante la barbarie senderista, la hiperinflación desbocada, el auge delirante de la informalidad, la destrucción del bienestar de las masas, el monstruoso aumento de la deuda externa, etc. Y la inutilidad de nuestros “brillantes oradores y tribunos del Senado” sólo sirvió de justificación para que nos gobierne una auténtica banda de delincuentes de 1992 al 2000. ¿Queremos repetir la lamentable experiencia?

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  2. En realidad, el artículo no menciona alguna justificación o necesidad real de tener otra cámara, salvo supuestos (“perjuicios políticos”) o pretextos (“parlamento con mayoría absoluta y sin contrapesos”) para cambiar a la bicameralidad.

    Lo que habría que desarrollar es el tema de fondo: la ‘democracia representativa’. ¿Cómo podría el sistema electoral actual permitir la elección de parlamentarios capaces y probos, si en los procesos electorales prima la desinformación de los electores sobre los reales conocimientos y experiencias de los candidatos, así como sobre su integridad moral, y una vez elegidos estos disfrutan de impunidad cuando incumplen sus promesas electorales? Aún más, ¿permite la ‘democracia representativa’ en los términos actuales el desarrollo y bienestar de la mayoría de la población, o solo para una minoría –como viene siendo hasta ahora?

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