EL CASO MIRANDA: INJUSTIFICABLES SILENCIOS

Hoy el cardenal Juan Luis Cipriani emitió su primera declaración pública desde que se conoció el caso del exobispo Gabino Miranda, acusado de abusos sexuales. Cipriani, quien se encuentra en Roma y se reunirá con el Papa el lunes, señaló, en un inicio, que no conocía mucho sobre el caso, pero luego se despachó con estas palabras (vía Perú.21):

No hagamos leña del árbol caído. No exageremos cuando queremos maltratar a nadie. (…) No me parece de buen gusto que un obispo retirado haya hecho una denuncia un poco exagerada o dura. El Papa nos habla de misericordia. Tolerancia cero sí, pero misericordia, justicia y derecho a la defensa”

Varios comentarios. Para empezar, suena poco creible que un prelado que opina sobre toda materia debatible en el país, diga que no sabía muchos detalles del caso. De hecho, en Roma hay Internet y el Arzobispado de Lima tiene una web bastante activa, al igual que sus cuentas en redes sociales.

Peor aún resultan las frases de Cipriani arriba resaltadas. El abuso sexual es uno de los peores crímenes que existe en el Código Penal y es reprobado por la ciudadanía. Más aún, cuando el mismo se comete en una relación de confianza como la que, generalmente, existe entre un sacerdote y uno de sus fieles. Hablar de “no hacer leña del árbol caído” es una frase infeliz que ha sido sumamente criticada.

Más aún, Cipriani comete otro error al criticar a monseñor Luis Bambarén por confirmar el caso que fuera dado a conocer el jueves por Diego García – Sayán en su columna en La República. Hablar de una “denuncia exagerada o dura” es francamente penoso y, además, incongruente con los gestos que el Vaticano ha dado, en los últimos años, frente a casos de pedofilia o abusos sexuales, luego de décadas de inaceptable encubrimiento.

El año pasado, cuando Cipriani castigó injustamente al padre Gastón Garatea, Rosa María Palacios escribió una columna que se iniciaba con la siguiente parábola:

Había una vez un hombre muy piadoso que vivía junto a un río. Un día comenzó a llover mucho. Por televisión y radio le avisaron que debía dejar su casa ante el peligro de una inundación. El hombre pensó “no es necesario, tengo fe y Dios no permitirá que nada me ocurra”. Horas después un policía le tocaba la puerta y le ofrecía evacuarlo en su patrullero. El hombre se negó y alegó que Dios vería por él. Al final de la jornada, desde la última ambulancia que abandonaba el pueblo ya desierto, lo instaban a escapar, pero el hombre insistió “váyanse ustedes, Dios verá por mí, gente de poca fe”. Finalmente, el río inundó la casa, el hombre se refugió en el techo y un helicóptero vino a rescatarlo. Firme en sus principios, se negó a la ayuda agitando los brazos desde el tejado. Como era previsible, la inundación se llevó a la casa y el hombre se ahogó. Muy molesto llegó al cielo y le dijo a Dios: “Yo tuve fe, confié en ti, ¿por qué me abandonaste?” Y Dios, que tiene infinita paciencia, le dijo: “Te mandé un aviso por televisión y por radio, un patrullero, una ambulancia y un helicóptero ¿qué fue lo que no entendiste?”

Hoy parece que, finalmente, Cipriani ha perdido el helicóptero. Y no sorprendería mucho que su relevo, voceado en varios círculos eclesiales, se produzca más temprano que tarde, para bien de una Iglesia que ha perdido buena parte de su imagen gracias al controvertido cardenal.

Pero peor aún es el silencio oficial que la Iglesia Católica tuvo sobre el caso durante un mes y que se refleja en el hecho que, recién ayer, el Ministerio Público inició una investigación fiscal sobre el caso. Como indica La República:

“A partir de las publicaciones periodísticas sobre el ex obispo Gabino Miranda, se ha dispuesto iniciar la investigación en agravio de un menor de 14 años”, señaló a este diario el fiscal Chávez.

“Como primera medida, hemos solicitado información al Arzobispado de Ayacucho para ubicar a la supuesta víctima o víctimas de los hechos reportados por la prensa”, indicó el fiscal encargado del caso.

Al Ministerio Público le llama la atención que habiendo conocido el caso desde la quincena de agosto por lo menos, hasta el día de ayer no denunciara el caso.

“No hay una versión oficial, tampoco comunicado al respecto. Como se trata de un ex obispo, la Conferencia Episcopal del Perú y la Arquidiócesis de Ayacucho debieron haber conocido los motivos, pero no hay ninguna información ni denuncia en la oficina del vicario judicial”, expresó el fiscal.

Así las cosas, la Conferencia Episcopal Peruana deberá explicar porque omitió hacer público un caso del que se tenían noticias hace un mes y, menos aún, informar a la autoridad pertinente para que se haga la denuncia del caso y el involucrado en un caso sumamente grave no tenga opción alguna para eludir la acción de la justicia. Peor aún, cuando el presidente de la CEP es, a su vez, la cabeza de la arquidiócesis donde ocurrieron los hechos.

La Iglesia Católica aparece en las encuestas como la institución en la que más confían los peruanos. Más allá de lo que dice esta cifra sobre el real cumplimiento de la cláusula constitucional sobre el Estado laico en el país,  lo cierto es que su imagen se verá afectada por estos silencios que suenan a complicidad o a disminución de responsabilidad. Ya lo hicieron en el caso Doig, que admitieron luego que saliera a la luz gracias a una denuncia de Diario 16 hace un par de años. Solo así se podrá diferenciar a los pedófilos y encubridores de aquellos sacerdotes y laicos que viven en congruencia con su fe.

Solo la verdad nos hará libres.

8 thoughts on “EL CASO MIRANDA: INJUSTIFICABLES SILENCIOS

  1. Parece que el Opus Dei y el Sodalicio son nidos de pedofilos; ya sabemos que Cipriani no mueve un dedo cuando alguna de sus “ovejas” esta en problemas y se tira en contra de Gaston Garatea, un sacerdote muy parecido al Papa en su accionar DE TODA LA VIDA.

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  2. Así es. La Iglesia es la institución en que más peruanos confían… Y D16 uno de los pasquines en que más desconfían (a juzgar por su baja venta: igual que LP y casi como LR). Por algo será…

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  3. Por los comentarios, nos enteramos que dentro de la Iglesia Católica hay varias sectas (Opus Dei, Sodalicio, etc.). Si esa es la institución en quien más confían los ciudadanos, ¿qué se puede esperar de las otras? La conducta de Cipriani simple y llanamente refleja la podredumbre en que se haya la jerarquía católica. Bergoglio, al parecer arrepentido de sus pasados pecados (una dudosa conducta durante la dictadura militar argentina), trata de hacer tímidas reformas, que muy probablemente se irán al traste, cuando amenacen los intereses de la poderosa curia romana.

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