BANCADAS FRAGILES

El viernes pasado, minutos antes de la elección de Freddy Otárola como presidente del Congreso, conversaba con Hans Rothgiesser sobre los principales problemas parlamentarios. Y al final de la conversación, dos aspectos se presentaban como los dilemas más fuertes que debían enfrentar los distintos grupos políticos con asientos en la Plaza Bolívar: la poca predictibilidad de algunas bancadas (sobre todo, el fujimorismo y el nacionalismo) y la fragilidad de los partidos.

Me concentraré en este último punto a partir de un ejemplo práctico: Perú Posible. Hoy Jonathan Castro cuenta en Velaverde la historia detrás de la ruptura en la bancada de la chakana y hay algunos rasgos interesantes que reflejan la precariedad de nuestro sistema político.

a) Liderazgos regionales: Como señala Castro en su nota, la escisión de PP fue liderada por cuatro parlamentarios off Lima: Norman Lewis (Loreto), Wuilian Monterola (Huancavelica), Mariano Portu­gal (Puno) y Marco Falconí (Arequipa). Los cuatro provenían de movimientos regionales que, de acuerdo con la legislación actual, no pueden participar en elecciones nacionales. Y por ello participaron en la cuota de invitados del partido conducido por Alejandro Toledo.

Cuando dos de ellos (Falconí y Lewis) fueron beneficiados con cargos parlamentarios en el segundo año de mandato, se inscribieron como militantes de PP. Y renunciaron a la bancada el mismo día que dejaban sus puestos. La gran pregunta es si los movimientos regionales a los que estas cuatro personas pertenecían tenían alguna conexión con Perú Posible. Ojo, el mismo mal ocurre en otras bancadas, como el fujimorismo. La pregunta de fondo es cómo los movimientos regionales pueden articularse con los partidos nacionales.

b) Las disputas por los cargos parlamentarios: La crónica de Castro se concentra en una agenda de punto único por parte de los congresistas disidentes: la obtención de puestos parlamentarios (vicepresidencia en la mesa directiva, presidencias de comisión, vocería). ¿Por qué son importantes estos puestos para los congresistas? Por una razón práctica: en teoría, les permiten tener mayor tiempo ante los medios de comunicación, los hace más conocidos para el establishment limeño y les permite mayor rebote de sus actividades en sus respectivas regiones.

A tal punto llegó la disputa que fue este hecho el que precipitó la ruptura de la alianza entre Acción Popular y Perú Posible. Como recordó hace algunos días Víctor Andrés García Belaúnde en entrevista con Rosa María Palacios, AP logró meter a 6 congresistas de los 8 cupos que Toledo les dió en la lista. Y varios de ellos (Vitocho, Lescano, Manuel Merino) son parlamentarios ya reelectos y con exposición frecuente en medios de comunicación. De allí los celos. Todo ello a pesar que, en el fondo, hasta su debacle de los últimos meses, Toledo parecía ser el heredero de Belaúnde (incluso en los votos, PP ganó en la selva en la misma forma que AP lo hacía durante décadas).

c) Alejamiento de agenda de trabajo: Aquí encaja el caso de Cecilia Tait, en forma parcial. Por su propia experiencia personal – sufrió de cáncer – la exsubcampeona olímpica de voley impulsó el tema de salud como eje central de su campaña. La explicación de su salida se encuentra tanto en la poca atención que la bancada le ha dado a este tema, como también una repetición de su propia historia en la bancada, durante el periodo 2001 – 2006.

d) Fragilidad organizacional: Todos los aspectos anteriores no afectarían tanto a Perú Posible de no ser por un hecho: el partido está demasiado sujeto al destino de Alejandro Toledo. Y no solo por sus escándalos, sino porque, en el fondo, la débil institucionalidad generada en Perú Posible hace que las decisiones centrales queden libradas básicamente a la voluntad de su líder. Y, al mismo tiempo, los alejamientos resienten la capacidad de negociación del partido frente al gobierno.

Por esta razón, la formación de la bancada Unión Regional es una gran incógnita. Más allá del tema descentralización – ubicado por el gobierno como una de sus prioridades de debate en el Congreso -¿cuáles serán sus aportes al debate parlamentario? ¿Cuál será su línea política? Esta es una interrogante que se irá despejando con el tiempo, al igual que el futuro de Perú Posible.

(Foto: Martín Acevedo – Velaverde)

¿UN PROBLEMA DE COMUNICACION?

Ayer, el Presidente del Consejo de Ministros, Juan Jiménez Mayor, pronunció esta frase que recoge La República:

“La nueva intención es la conexión con la ciudadanía. Es importante que exista mayor visibilidad de los ministros y la gestión del gobierno. Uno de los errores que debemos reconocer es que comunicamos poco, y eso va a cambiar. Es necesario que la población sepa las obras que hace el gobierno. Estamos invirtiendo más que otro gobierno en la historia”

El problema con lo dicho por Jiménez es que se trata del mismo argumento que, palabras más, palabras menos, han esgrimido los dos gobiernos anteriores para explicar su falta de conexión con la ciudadanía, sobre todo, en los momentos en que la aprobación a su gestión en las encuestas era bastante baja. (Aunque hoy el titular de la PCM reconoció algunos errores políticos)

Circunscribir el problema sobre la carencia de aplausos a una gestión a los pobres mecanismos de comunicación sobre la misma es solo ver una octava parte del problema, pues, en los casos de Toledo, García y Humala, existieron hechos, gestos y actitudes que generaron un desencuentro entre los tres presidentes y los ciudadanos.

Sin embargo, cabe preguntarse también si es que existe un problema de comunicación en el gobierno. Y una respuesta afirmativa sería la más adecuada, en particular, por tres razones.

La primera de ellas es que Ollanta Humala carece de los recursos comunicacionales propios de sus precedesores. Alejandro Toledo no era un gran orador y tenía serios problemas de credibilidad, pero las circunstancias lo obligaron a ensayar tanto la figura del vocero presidencial como la delegación, en la práctica, de la “traducción” de su mensaje, a los ministros más duchos políticamente. Mientras que Alan García hacía gala de su elocuencia para colocar temas en agenda cada vez que estaba en problemas (aunque, en algunos casos, se iba de boca y generaba el “ruido político” que pretendía combatir).

La segunda tiene que ver con el bajo perfil de los ministros, la mayoría de ellos, tecnócratas cuya primera experiencia política está en el gabinete. Humala carece en su entorno inmediato de los operadores que puedan resolver los evidentes problemas de precisión de su discurso. Solo en la última semana, los ministros han salido en más oportunidades a brindar entrevistas sobre sus sectores y la política general del gobierno. La pregunta es si este esfuerzo se sostendrá más allá del impulso dado por la parcial renovación del gabinete y las Fiestas Patrias.

El tercer factor se encuentra en las disputas entre los diversos equipos comunicacionales del gobierno. Como señaló hace algunos meses la revista Velaverde, tanto Blanca Rosales como Eduardo Bruce tienen planes distintos para la comunicación gubernamental, así como una pugna por tener el control de este eje de difusión. Y con dos cabezas enfrentadas, será poco lo que se pueda hacer desde Palacio de Gobierno o la PCM para mejorar los mensajes sobre las políticas de gobierno.

Sin embargo, a pesar de estas atingencias, antes que en la forma de comunicar, el problema central se encuentra en el liderazgo y gestión del gobierno. Y es allí donde los esfuerzos tienen que ser mayores. A fin de cuentas, no se puede transmitir aquello que no se hace. Pero tampoco se puede seguir metiendo la pata en temas como seguridad ciudadana, donde cada mensaje transmitido aumenta la desconfianza de la ciudadanía.

(Foto: La República)

UN MENSAJE GASEOSO

Luego de las manifestaciones de la última semana en Lima y en otras ciudades del país, se esperaba un mensaje presidencial con mayor sustancia que el leído por Ollanta Humala esta mañana. Estos fueron los rasgos más importantes del discurso.

DEFICIENCIAS FORMALES: Una lectura cansina y apagada. Hartos furcios al momento de leer un discurso bastante desordenado. Varias cifras enunciadas y anuncios que se apagaban por falta de énfasis. A ello se suma un defecto de los discursos presidenciales de los últimos gobiernos: prima el “Estado de la Nación” como una mera enunciación de lo avanzado por los diversos ministerios, sin tener una visión de conjunto que brinde una unidad a los números.

EL FONDO: Ha buscado ir hacia algunos de los temas sectoriales más complicados, pero ha olvidado dar una visión de país. Y las respuestas que dio a temas calientes como consulta previa y las protestas de los últimos días fueron, por decir lo menos, bastante tibias. En lo último, solo esbozó un guiño hacia quienes marchaban al señalar que “debía mantenerse la capacidad de indignarse”. Su único momento como estadista fue cuando mencionó el tema del diferendo marítimo con Chile.

SEGURIDAD CIUDADANA: Humala es consciente que este es el tema que le cuesta más en la aprobación de la ciudadanía. Por ello apuntó a él en lo que fue la parte menos enunciativa de su mensaje. Dos anuncios llamaron la atención: Destituir penalmente a los malos policías y la formación de unidades de élite policial. La pregunta es si es que podrá cumplir con estos anuncios y cuáles metas se pondrá en este tema.

ECONOMIA: Parte del mensaje se dedicó a tranquilizar a los inversionistas. Esto ya lo había adelantado Humala en las semanas anteriores. Pero faltaron muchos cómos sobre la promoción de la inversión. Quizás el anuncio más fuerte en la materia ha sido el listado de acciones de Petroperú así como las asociaciones público privadas, pero no mucho más.

OMISIONES: Tres temas fuertes: políticas en materia de derechos humanos (lo que comprende el Plan Nacional sobre la materia, la implementación de las recomendaciones de la CVR, la agenda LGTB, entre otros puntos), políticas culturales (se nota que la transición Peirano – Álvarez Calderón ha sido abrupta) y, en general, las políticas a favor de las personas con discapacidad.

Ha sido un discurso sin sorpresas, pero desganado en su lectura. Y con una portátil francamente inoportuna. Insuficiente para recuperar la empatía que Humala ha perdido en los últimos meses.

(Foto: Andina)

Entrevista en Semana Económica: “Los congresistas, como lógica de representación, se concentran en la recepción y atención de pedidos”

En julio de 2013, conversé con el entonces editor web de Semana Económica, Hans Rothgiesser, sobre el Congreso de la República, sus funciones, dinámica interna y los problemas de representación que tienen frente a los ciudadanos.

UNA CONVERSA SOBRE EL CONGRESO EN SEMANA ECONOMICA

Hoy Fredy Otárola, uno de los congresistas oficialistas más – por decirlo elegantemente – entusiastas del actual gobierno, fue elegido como presidente del Congreso. La elección era casi cantada, no solo porque se había conseguido el apoyo de varias bancadas, sino también porque en el otro lado pusieron a un candidato tan poco atractivo – Octavio Salazar -, que ni siquiera el APRA y Acción Popular – Frente Amplio se animaron a votar por él.

Si bien Otárola reconoció que se equivocaron en la elección de altos cargos que tuvieron que anular esta semana, lo cierto es que se espera poco de su gestión. No solo por su obsecuencia, sino porque su desempeño como parlamentario ha sido más como un leal escudero antes que como un componedor y concertador, facultades que hasta en el fujimorismo le reconocían a Víctor Isla (antes del repartija affair).

Más allá de la elección de Otárola, hay varios factores por los cuales el Congreso de la República tiene tan baja aprobación. Sobre ellos, conversé con Hans Rothgiesser, jefe de la redacción web de Semana Económica, minutos antes que la nueva mesa directiva parlamentaria fuera ungida.

LA OPOSICION EN EL SEGUNDO AÑO DE HUMALA

Signo de nuestros tiempos es lo ocurrido ayer y hoy en el Congreso de la República. Mientras Enrique Wong firmaba su “carta pase” a las filas de Solidaridad Nacional (que recupera un congresista), Perú Posible acentuaba su crisis con la salida de 5 parlamentarios, entre ellos, Cecilia Tait. En tanto que el fujimorismo anunciaba lista solitaria encabezada por Octavio Salazar para enfrentar a Freddy Otárola en la presidencia del Congreso y los muchachos de Acción Popular – Frente Amplio anunciaban su voto en blanco para la elección de la mesa directiva.

Con esta serie de cambios y soledades parlamentarias, conviene preguntarse como le fue a la oposición este año. Y la conclusión es que, si el gobierno careció de un vuelo político propio y acentuó su soledad, quienes están en la vereda de enfrente tampoco las tuvieron todas consigo. Aquí un repaso.

FUJIMORISMO: Tiraron un año completo por la borda con su concentración en el indulto a Alberto Fujimori. La agenda de punto único ha hecho que Fuerza Popular descuide otras áreas que le permitirían sobrevivir más allá del culto al líder (por ejemplo: seguridad ciudadana). Y si bien en las encuestas hacia el 2016 al fujimorismo no le va mal (ver artículo de Eduardo Dargent al respecto), comienzan a tener varios signos de desgaste. De hecho, su papel en la “repartija” ha sido tan fuerte que no se ha salvado de las críticas y la dupla Keiko – Yoshiyama insiste en flotar hasta la campaña electoral. Las críticas de El Comercio y Perú Económico sobre su actuación económica les pegan en el voto del sector AB. No se vislumbran cambios para el próximo año.

PERU POSIBLE: Sumido en la peor de sus crisis. Les es difícil pasar a ser oposición pura y dura porque el destino político de Alejandro Toledo está pegado con babas. Y ahora, más que un aliado fuerte del gobierno, ha terminado convirtiéndose en su FIM. El otrora partido centrista perdió peso, liderazgo, ascendiente moral y hasta su carácter de “mal menor” para un sector de peruanos. Graves interrogantes sobre si PP sobrevivirá más allá de 2016. La pregunta es si su padre político, Acción Popular, ocupará su espacio.

APRA: Alan García es quien ha tratado de ubicar mejor sus cartas. Golpeó fuerte al gobierno con la monserga de la “reelección conyugal” y hoy pretende establecerse como presunto “garante de la democracia” frente a lo que tratan de vender como “el autoritarismo humalista”. El problema para García es que, luego del escándalo de los narcoindultos, su credibilidad anda igual o peor que la que tuvo durante su gobierno. En el APRA nunca previeron que este caso creciera como creció. Y aún falta establecer las responsabilidades sobre el manejo político del tema BTR.

PARTIDO POPULAR CRISTIANO: El buen perfil ganado en la revocatoria lo han ido perdiendo en los últimos meses. En particular, la elección de altos cargos públicos los ha dejado en mal pie. Queda cada día más clara la rivalidad entre abogados de estudio y tecnócratas, con visiones distintas sobre la política en ambos bandos. Ni Lourdes ni Raúl Castro han podido resolver aún este dilema.

SOLIDARIDAD NACIONAL: Sus planes a largo plazo son tener un futuro mejor en 2014 y 2016. Aun no tienen del todo claro a cual de las dos elecciones irá Luis Castañeda Lossio. En SN dudan si seguir votando con el gobierno en el Congreso de la República, apoyar al APRA en 2016 o consolidar un juego propio con PPK. Mientras, los líos internos andan a la orden del día.

FRENTE AMPLIO: La coyuntura los ha ayudado. Al no estar en la repartija de la elección de los miembros del TC y del Defensor del Pueblo les permitió estar en las protestas, así como encabezar otras marchas contra otras políticas del gobierno. Sin embargo, las tensiones internas – tanto en lo programático como sobre los nombres de quienes postularán a las elecciones complementarias de Lima en noviembre – siguen siendo el principal peligro del nuevo proyecto de la izquierda peruana.

(Foto: Perú.com)

LA SOLEDAD DEL CORREDOR HUMALA

Ollanta Humala padece de soledad política. No estamos descubriendo la pólvora con esta afirmación, pero la misma nos permite entender por qué y cómo se toman algunas decisiones en el gobierno.

Para comenzar, como señala Steve Levitsky, es necesario acudir a una característica esencial de Humala: la desconfianza. El Presidente de la República solo deposita su confianza en alguien si a) es de su entorno familiar o b) le demuestra resultados. Por ello es que el peso de Nadine Heredia se explica más por esta variable antes que en un proyecto continuista.

En segundo lugar, Humala tiende a ver la política como una batalla en varios frentes. No en vano es un militar. El problema es que, al pelearse con todos, queda aún más aislado. De allí que, al mismo tiempo, está en bronca con la izquierda, el APRA y el fujimorismo. Volveremos luego a este punto.

Tercero, el Presidente de la República carece de operadores. Nadine es efectiva para la relación con su bancada, pero no deja de haber rencillas internas dentro de la misma. Víctor Isla le sirvió bien como presidente del Congreso que dejaba hablar a todos, pero su rol en la repartija de altos cargos públicos le significó su caída. ¿Y los ministros? En su mayoría, son tecnócratas con más o menos experiencia en el Estado, pero con poco peso político propio que impide, muchas veces, una llamada hacia algún opositor.

Por estas razones es que comparto la tesis de Javier Torres sobre la repartija. En su pragmatismo sin ideología, Humala entendió que “concediendo” un poco a todos podría tener cierta paz en 28 de julio. El problema es que el Presidente – y los demás partidos involucrados – subestimaron a la calle y a los medios como factores de control frente a las decisiones gubernamentales. Y quedó, al final, aún más aislado (y represor).

La gran pregunta es cómo Ollanta Humala puede ampliar su juego. Hay quienes le sugieren un cambio de gabinete, pero la interrogante es si alguien independiente podrá ser de la confianza de un presidente desconfiado y que tiene en su esposa, a su única consejera con ciertos visos de racionalidad. Más aún cuando varios de los cambios planteados en estos días apuntan a rotaciones de cargos, viceministros en ascenso o un perfil tecnocrático más parecido al actual.

El otro tema clave puede ser su mensaje del domingo. Allí, antes que los nombres, puede apostar a los temas. Y es otra forma de abrir juego. El problema es que su credibilidad está en el punto más bajo. Y dependerá de él mismo recuperarla.

REPERTORIO DE PROTESTA

Como miles de ciudadanos, estuve ayer en las protestas que se desarrollaron ayer en el Centro de Lima. Para quienes no asistieron o no han leído los diarios, la descripción sobre el transcurrir de las mismas es bastante simple. Lo que comenzó como un plantón en la Plaza San Martín, continuó como una marcha por el Jirón de la Unión, Paseo de la República, Wilson y La Colmena. Al volver a la plaza, espontáneamente, la decisión fue ir hacia el Congreso.

Hasta que la marcha entró a la avenida Abancay, el comportamiento de la Policía, hay que decirlo, fue ejemplar y de mero acompañamiento. Las arengas no solo eran contra Humala, sino contra la mayor parte de la clase política (aunque habían varios miembros de distintos partidos en varios puntos de la marcha).

Sin embargo, al llegar a la altura de la Biblioteca Nacional, comenzaron los problemas. Mejor dicho, las bombas lacrimógenas. Un grupo fue hacia el Centro y, luego de un par de vueltas, retomó el Jirón de la Unión hacia la Plaza San Martín. Otro grupo se quedó por aproximadamente una hora más en la avenida Abancay, en forma pacífica, cuando la PNP decidió que la protesta se acababa a punta de gases. Luego vinieron los detenidos – la mayoría liberados anoche – y las críticas a la actuación policial.

Estos fueron los hechos como los vi en el terreno. Ahora, el análisis.

Coincido con Roberto Bustamante cuando señala la relación casi paternal entre estas protestas (la del miércoles y la de ayer) y las ocurridas en 1997, cuando el fujimorismo se tiró abajo el Tribunal Constitucional. Más allá de algunos datos tecnológicos que diferencian a esta protesta de la otra – léase, el uso de celulares y redes sociales para convocatorias y transmisión de información – hay varios rasgos comunes: peso mayor de lo moral antes que lo político, organización vía redes pequeñas que captan mejor estos sentimientos antes que los partidos, ausencia de liderazgos nítidos, políticos que reaccionan luego de la protesta.

Esta situación, a la vez, es la fortaleza y la debilidad de este tipo de movimientos. Resultan ser bastante efectivos para el objetivo concreto, en este caso, revertir una decisión considerada por la ciudadanía como injusta. Pero son difíciles de asir para un proyecto político de más largo aliento. No solo por que los líderes de las protestas terminan, en algunos casos, convirtiéndose en aquello que criticaron (hace un par de días, Renato Cisneros recordaba como Martín del Pomar pasó de dirigente de marchas en cuestionado alcalde de Barranco), sino porque, al rechazar a los dirigentes políticos en su mayoría, no provoca que alguna tienda pueda cosechar, nítidamente, este descontento a su favor. Salvo que sigan una carrera política relativamente pulcra, los liderazgos que puedan surgir al calor de las protestas se diluyen fácilmente.

Asimismo, al ser protestas donde el componente fuerte, en términos sociales, es de clase media, el repertorio en slogans y formas de hacer sentir la voz es distinto al que tienen gremios y organizaciones con mayor tradición de protesta. De allí que, por momentos, algunas de las manifestaciones puedan ser tachadas como frívolas. Fue lo que ocurrió con el flashmob protagonizado por algunos artistas y activistas en Miraflores. La pregunta es si estas críticas son por cuestiones de clase o si simplemente se trata de criticar por criticar o si, realmente, se jugó en el filo entre la llamada de atención y la frivolización.

Ojo, varias de estas cuestiones ya han sido planteadas para las protestas fuera de Lima en el libro de Carlos Meléndez “La Soledad de la Política”. Los actores políticos no pueden articular las demandas locales a los ámbitos regional y nacional (y viceversa) y tampoco pueden vincular la protesta social con la representación política. Y, de otro lado, los dirigentes de las protestas terminan siendo desbordados por la masa o su éxito al pasar a la disputa electoral es bastante limitado.

De allí que, más allá del probable éxito puntual de las protestas contra lo que ha sido una repartija descarada, queda un gran signo de interrogación sobre cómo la calle puede ser representada por los políticos. Más aún, cuando todos han quedado pésimo, tanto por el reparto del 2013, como el producido en 2007.

Mañana: el balance político de esta coyuntura, a dos años del gobierno de Humala.

(Foto: El Comercio)

RELEVOS MINISTERIALES

Hace un par de meses, en la revista Poder, Ricardo Uceda y David Rivera contaban que:

Es posible que Castilla ya no vea el término del proceso de desburocratización. Apagado el incendio Repsol, partirá en busca de mejores vientos en julio próximo, o a lo mucho en diciembre, por razones personales que ya se las había explicado a la pareja presidencial con meses de anticipación. Nadine ya está buscando reemplazo, lo mismo que para Carolina Trivelli, que parte a medio año por voluntad propia.

Luis Miguel Castilla se quedará en el gabinete, al menos hasta noviembre o diciembre. Es el acuerdo al que ha llegado con Palacio de Gobierno. Con Trivelli, la historia, como hoy sabemos, es distinta.

Las versiones sobre la salida de Trivelli fueron frecuentes al menos desde mayo. Más que los cuestionamientos a los proveedores de los programas sociales – en particular, Qali Warma -, pesaron en la decisión temas de índole profesional y personal. Según Velaverde, Trivelli tendría su futuro asegurado en un puesto en el Banco Mundial. La hasta hoy titular del Ministerio de Inclusión y Desarrollo Social estuvo junto al presidente del BM en la visita que hizo a Lima hace algunas semanas, en particular, en una conferencia que dictó en la PUCP.

Una fuente nos indicó que la persona que reemplazará a Trivelli en el MIDIS será mujer, de perfil técnico y con cierta experiencia en el exterior.

Sobre la salida de José Luis Silva Martinot del ministerio de Comercio Exterior y Turismo, la primicia la tuvo la revista Velaverde esta mañana. Posteriormente, El Comercio confirmó que la misma se daría en las siguientes horas, cuestión que fue ratificada por el Presidente del Consejo de Ministros.  Tres distintas fuentes que hemos podido confirmar en estas horas señalan que las razones de su salida pertenecen a la esfera estrictamente personal del ministro, por lo que es correcto que se haya informado que se trata de “razones personales”.

Según El Comercio, el MINCETUR tendría como titular a Magali Silva, viceministra de PYMES del Ministerio de la Producción.

Finalmente, no se ha confirmado si entre los renunciantes está Luis Peirano, ministro de Cultura, como señaló la revista dirigida por Juan Carlos Tafur en su edición de hoy.

(Foto: El Comercio)

ACTORES DE REPARTO

Ayer, el acuerdo sobre el reparto de puestos para el Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo estalló por los aires. Durante la mañana y la tarde de ayer, con diversos tonos y comunicados, la mayoría de integrantes electos el miércoles decidió declinar, luego que, en diversas partes del país, la protesta ciudadana se hiciera patente y, en forma casi unánime, los medios de comunicación rechazaran lo que, a todas luces, era una vulgar repartija.

La reculada, en realidad, comenzó el jueves, cuando Ollanta Humala y Keiko Fujimori, en diversos tonos y defendiendo cada uno a sus elegidos, señalaron que existía un problema de legitimidad en torno a algunos de los escogidos. Claro está, 24 horas antes, sus respectivas bancadas habían consumado un acuerdo que les salió caro en términos políticos.

A ellos les siguió Alan García, a quien cuatro partidos políticos le dieron en la yema del gusto al sellar un contubernio rechazado por la población. El problema para el líder aprista es que, desde la ciudadanía, varios le recordaron otra repartija vinculada al Tribunal Constitucional y ejecutada en 2007. De hecho, dichos críticos señalaban que, si el APRA tenía bancada, se hubiera sumado a este cogollo.

Más allá que, finalmente, las dimisiones se concreten en una anulación de la elección la próxima semana – de hecho, quienes han encabezado las protestas cívicas de estos días, prometen continuar los plantones en las calles hasta que ello se consume -, lo cierto es que ha quedado una fea imagen sobre la mayor parte de políticos. Se les ha visto capaces de debilitar dos instituciones que merecen relativa confianza de la ciudadanía – aunque mayor que los poderes del Estado – todo para no ser controlados o para poder consolidar proyectos políticos particulares.

Este problema no se arreglará con meas culpas – algunos de los cuales comenzaron hoy – sino con gestos concretos. El primero es terminar de liquidar la elección cuestionada. El segundo es elegir a autoridades realmente capacitadas para puestos que la ciudadanía valora. Y el tercero es debatir si es que dejar la designación del TC y la Defensoría en manos del Congreso de la República es una regla que debe permanecer sin variaciones.