AVANZADA CONSERVADORA

Cuando Ollanta Humala andaba por el 10% de votación y casi nadie pensaba que ganaría, Roberto Bustamante describía el ideario del nacionalismo en Ya Tengo el Poder:

De eso se trata el nacionalismo: valores nacionales, idea de familia, transmisión de valores nacionales a través de la familia, rol de la mujer dentro del modelo, etc.

Otros gestos confirmarían este camino. La visita a la casa del arzobispo de Lima, donde se declaró – rosario en mano – como un “conservador moral”. Y dejar de lado la agenda LGTB, luego de varias idas y venidas, en su plan de gobierno. A pesar de ello, desde las webs más conservadoras, se mostraba a Humala como un “lobbista de la agenda gay” y “pro aborto”. Mientras que desde que la izquierda se tragaban el sapo, en parte por cuestión táctica, en parte porque subordinan el discurso en otros temas a lo económico.

En esa línea, se enmarca la lógica de algunas acciones del gobierno, como sacar temas como el aborto o la agenda LGTB del Plan Nacional de Derechos Humanos, por ser “demasiado polémicos”.

Pero también se puede comprender, en esta medida, porque el Presidente de la República se picó ayer con la medida cautelar otorgada por el Poder Judicial para evitar el sorteo para el servicio militar. Humala tiene una visión conservadora incluso para el sector castrense, pues está absolutamente convencido que las Fuerzas Armadas deben cumplir un rol mayor en la sociedad que la estricta defensa nacional. Pero tampoco define cuales son las necesidades que, en nombre de ella  – como han repetido varios de sus ayayeros en las últimas horas – justifican la existencia de un sorteo. Y no las tiene porque en su cabeza está la noción fija de la revindicación de la familia militar luego de la farra del fujimorismo, sin tener la más absoluta idea de como implementarla.

Para Humala, existe la idea fija – y presente en un sector castrense – que es la institución militar la única depositaria de los valores nacionales. De allí que ande dando discursos sobre “guardianes socráticos”, solicite a los jóvenes que se inscriban en el servicio militar o en los cuarteles para “servir a la patria”. Y en su conservadurismo, también se encuentra dicha muletilla que Ollanta repite cada vez que va a provincias: “no se tiren la plata en trago, no chupen”. Recuerden que el presidente, lejos de representar al estereotipo militarote machista, juerguero y borracho, pertenece más bien a una clase militar contemporánea que hace deporte, donde el alcohol se consume en la misma cantidad (y hasta menos) que en la civilidad y donde la mujer es quien lleva el mando en el hogar. Pero ambas imágenes son igualmente machistas y conservadoras.

Pero Humala no es el único conservador en la clase política peruana. Cuando hace un par de meses escribí un informe sobre el PPC para Velaverde, encontré que dentro de dicho partido:

El bloque conservador lo conforman los cuadros más afines a los sectores rígidos de las Fuerzas Armadas y al sector más tradicional de la Iglesia Católica. Defienden posiciones contrarias al aborto, a la legalización de las drogas, al matrimonio homosexual y son reticentes a los procesos judiciales por violaciones a los derechos humanos.

Sus propios correligionarios identifican en este grupo al regidor metropolitano Jorge Villena, un activista ‘provida’: “Muchos en el partido tenemos esta posición y eso no nos hace un partido confesional. El humano es un ser moral y, por tanto, la política no debe dejar de lado los valores”, señala.  En su muñeca derecha, Villena lleva una pulsera naranja con el lema “yo amo la vida”.

Sigue la lista. Solidaridad Nacional también tiene a varios integrantes vinculados al Opus Dei y varios de sus dirigentes principales, incluyendo a Luis Castañeda Lossio, han tenido expresiones contra la comunidad homosexual. Fabiola Morales es quien se ha llevado el dudoso honor de encarnar, en una sola persona, todos los prejuicios posibles, incluyendo una llamada de atención del Ministerio de Cultura por expresiones racistas.

Pero quien se ha llevado las palmas, junto a Humala, esta semana, es el fujimorismo. Con el pretexto de la aprobación del nuevo Código de Niños y Adolescentes, se han metido algunos contrabandos conservadores. Diario 16 relató ayer que pasó en la sesión de la Comisión de la Mujer, el lunes pasado:

Un hecho extraño fue que uno de los primeros en llegar a la sala fue el congresista fujimorista Julio Rosas, –el mismo que intentó implantar el Día de la Biblia a través de un olvidado proyecto de ley–, líder de un sector evangélico, debido a que, según explicó, este proyecto de ley se había debatido en su comisión –la de Justicia– en la pasada legislatura.

Al evangelista Rosas habría que sumar a su compañera de bancada y asidua visitante de Alberto Fujimori en el penal Barbadillo, María Cordero Jon Tay, quien también es cristiana evangélica. La otra fujimorista presente fue María López Córdova.

En la reunión, participaron también las congresistas Gladys Oseda y Claudia Coari, ambas de Gana Perú, quienes se enfrascaron en un debate con el congresista Rosas por la modificación del artículo 27º, que determinaba en principio que el Estado podía dar información y orientación a adolescentes mayores de 14 años sobre salud sexual, de manera confidencial.

Rosas, defendió que el artículo se quede como tal, es decir, que fueran solo los padres los responsables de dar esa información a sus hijos, y con el apoyo de Cordero, López Córdova y Tan, así se aprobó. Las nacionalistas Oseda y Coari votaron en contra. Justamente, Coari se quejó de que las voces y experiencias de las mujeres de la sierra no eran tomadas en cuenta.

De esa manera, se ha eliminado la obligación que tiene el Estado de brindar información que permita a los adolescentes mayores de 14 años disfrutar su sexualidad, y el derecho a acceder a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad. Y ello significa algo sumamente grave, pues en nuestro país, los adolescentes sufren de una serie de eventos adversos producto de una sexualidad sin información y sin servicios integrales, por lo cual tenemos altas tasas de embarazo adolescente (el promedio es 13.2% pero en Iquitos este llega a 30%).

Para quienes cubren el Congreso de la República, es conocido que Rosas es máximo exponente de una avanzada del sector evangélico más recalcitrante, que tiene ideas como estas en la cabeza:

¿Qué hacer con las familias en que la mujer es jefa de hogar?
Les ofrecemos mejor calidad de vida, formalizarlas, salud, educación y dignificación de la persona. No es lo deseable, pero son una familia.

En el fondo, lo que existe en estas corrientes es un profundo menosprecio y sanción a la mujer y al joven. De un lado, porque consideran que la misma debe ser una imagen parecida a la de la madre idealizada de tantas telenovelas latinoamericanas (sublimada a tal punto que cualquier expresión sobre su sexualidad debe ser penalizada). Y del otro, porque se sigue pensando que los jóvenes solo deben “estudiar, trabajar y no tener sexo”, sin ninguna “distracción” de por medio. Ambos aprovechan las comprensibles preocupaciones paternas y la importancia que en el Perú se da a la familia para meter, de contrabando, cuestiones que van contra la libertad de las personas.

(Foto: Perú.21)

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