La resurrección pepecista

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Foto: PPC

El Partido Popular Cristiano (PPC) está nuevamente bajo los reflectores. Entrevistas a militantes y dirigentes revelan a un grupo orgulloso de su historia, ideología y capacidad de formación de cuadros, pero con disputas internas irresueltas. 46 años después de su fundación, los pepecistas sueñan con una victoria electoral que los lleve a lo más alto de la política nacional. Quieren creer que los auspiciosos resultados de la revocatoria municipal son el anticipo de tiempos mejores.

– Lo felicito, pues ha ganado en buena lid. Me tocó perder.

Con esa frase, Luis Bedoya Reyes, patriarca–fundador del Partido Popular Cristiano (PPC), reconoció el triunfo de Raúl Castro Stagnaro, el actual presidente del partido, en las elecciones internas del 19 de noviembre del 2011. Bedoya se la jugó por la lista rival, encabezada por el congresista arequipeño Juan Carlos Eguren, quien quedó atrás por apenas 12 votos.

Ese día culminó una campaña electoral bastante dura en la que se enfrentaron dos tendencias muy marcadas.

Castro lideraba a los ‘institucionalistas’, con la idea de mantener el estilo tradicional pepecista de hacer política: contactos con estudios de abogados, un perfil más ‘diplomático’, poco dado a la confrontación con otros partidos.  Entre los rostros de esa facción figuran los  dirigentes nacionales y excongresistas como Hildebrando Tapia y Rafael Yamashiro.

Al frente, Eguren encabezaba a un bando respaldado por el denominado ‘frente reformista’, conjunto de militantes de 35 a 45 años que buscaban dar un nuevo impulso al partido. Algunos de ellos son el regidor metropolitano Óscar Ibáñez Yagui y los legisladores Marisol Pérez–Tello, Alberto Beingolea y Luis Galarreta.

La elección de Castro resultó toda una sorpresa. “Mientras nosotros pensábamos en el discurso de agradecimiento, Raúl contaba sus votos; nos confiamos y nos ganaron el último día”, dicen dos fuentes ‘reformistas’. Un pepecista equidistante de ambas tendencias, añade: “Raúl trajo imprevistamente a dirigentes del interior del país; esos votos le dieron la victoria”.

En público, el PPC pretende aparecer monolítico. Una máxima repetida por sus dirigentes es “libertad en la discusión y unidad en la decisión”. Según Pérez–Tello, cualquier diferencia con Castro ha sido superada y “el partido es uno solo”, más allá de la intensidad de los debates internos.

Pero en la confianza de una conversación con la grabadora apagada, los militantes admiten que persisten heridas no cicatrizadas.

Por ejemplo, un cercano al grupo de Castro cuestiona “el manejo” de los ‘reformistas’ en la conformación de la lista parlamentaria para las elecciones generales del 2011: “Quisieron dividir al PPC”. Aquella vez, ni Castro ni Lourdes Alcorta alcanzaron los votos necesarios en las primarias. Al final, Alcorta fue incluida gracias a la invitación personal del candidato presidencial,  Pedro Pablo Kuczynski, y ganó su reelección. “Quedó muy golpeada. No desea asistir a las celebraciones partidarias”, explica.

Castro, quien se quedó definitivamente fuera, obtuvo su revancha meses después convirtiéndose en la máxima autoridad del partido. Y según refieren los ‘reformistas’, ha apostado por “gobernar con su propia gente”.

La reciente campaña por la revocatoria ofreció una nueva oportunidad para que ambas partes reafirmaran posiciones. Mientras Castro se compró el pleito por el NO –siempre detrás de la figura estelar de Lourdes Flores Nano– y se plegó a los regidores pepecistas, algunos legisladores –especialmente los ‘reformistas’– mantuvieron un perfil bajo.

De hecho, Pérez–Tello y Galarreta admiten que la campaña permitió el “lucimiento” de los regidores, de quienes la población limeña no tenía casi ninguna información. Beingolea optó por dejar libre a su asesor principal, Carlos Chipoco, para que apoye el NO, mientras él se dedicaba “a los problemas nacionales”. Mención aparte merece Javier Bedoya. Favorable al SÍ, prefirió alejarse de los micrófonos y evitar declaraciones públicas. No ha tomado posición por ninguna de las dos facciones del PPC.

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Socialcristianos con matices

Si algo enorgullece a los miembros del PPC es saberse parte de una organización “con ideología”. Suelen destacar su formación doctrinaria. “Inicialmente no quería postular a ningún cargo; quería concentrarme en la formación de cuadros jóvenes”, sostiene Beingolea. Pérez–Tello recuerda sus cursillos con profesores como Bedoya Reyes, Flores Nano, Mario Polar Ugarteche, Ernesto Alayza Grundy y Antonino Espinoza. El respaldo de organismos socialcristianos internacionales, como la Fundación Konrad Adenauer, ha sido fundamental en la formación de cuadros intermedios.

Dependiendo de la realidad de cada país, el socialcristianismo latinoamericano se ha ubicado en distintos puntos del espectro ideológico izquierda–derecha. El PPC es producto de las tensiones en la democracia-cristiana peruana durante la década de los años 60. Mientras que Héctor Cornejo Chávez, líder demócrata–cristiano, proclamaba que la revolución era inevitable y que, incluso, se podría optar por la violencia para cambiar las estructuras, Bedoya Reyes postulaba un cambio gradual y democrático. En 1966 Bedoya Reyes dio vida al PPC con el sector más moderado de los demócrata-cristianos locales.

Si bien el PPC se define socialcristiano, existen por lo menos tres tendencias en el partido, identificadas a partir de la percepción de sus propios dirigentes y militantes consultados por Velaverde (ver infografía).

El bloque conservador lo conforman los cuadros más afines a los sectores rígidos de las Fuerzas Armadas y al sector más tradicional de la Iglesia Católica. Defienden posiciones contrarias al aborto, a la legalización de las drogas, al matrimonio homosexual y son reticentes a los procesos judiciales por violaciones a los derechos humanos.

Sus propios correligionarios identifican en este grupo al regidor metropolitano Jorge Villena, un activista ‘provida’: “Muchos en el partido tenemos esta posición y eso no nos hace un partido confesional. El humano es un ser moral y, por tanto, la política no debe dejar de lado los valores”, señala.  En su muñeca derecha, Villena lleva una pulsera naranja con el lema “yo amo la vida”.

En el bloque más liberal se ubican, sobre todo, los especializados en economía, entre ellos el presidente del BCR, Julio Velarde; el economista Percy Tabory y el regidor metropolitano Pablo Secada.

Secada, regidor pepecista que recibió importante atención mediática durante el proceso de la revocatoria, precisa que el sector liberal es “más abierto” en temas sociales y políticos que sus correligionarios conservadores.

La mayoría de los militantes adhiere a la doctrina social de la Iglesia Católica. Secada, la define del siguiente modo: “Los  socialcristianos tienen una visión que va más allá del individuo, que se preocupa por el bien colectivo de la sociedad”. En su caso, cualquier duda sobre la compatibilidad entre el liberalismo y el socialcristianismo le fue resuelta por Gary Becker, uno de sus profesores en la Universidad de Chicago. Becker le dijo que “la búsqueda de la equidad en países como el Perú puede tener cierto sentido de identidad comunal”.

La orientación socialcristiana hace que varios de los dirigentes del PPC asuman a su partido como de centro. “Un socialcristiano jala de los dos lados dependiendo del tema: tiene algo de liberal, tiene algo de conservador, algo de caviar”, señala una dirigente.

Según Galarreta, la revocatoria hizo que el PPC volviera al centro del espectro, aunque los demás partidos  le suelen atribuir un sesgo marcadamente derechista. Una reciente encuesta de la Universidad de Salamanca realizada a 98 congresistas arroja que el 55.8% ubica a Alianza por el Gran Cambio –donde el PPC es el socio mayor– hacia la derecha  y el 20.7% en el centro–derecha. Beingolea cree que aquella percepción que identifica al PPC con las banderas de la derecha responde a “la campaña del APRA y Alan García” para encasillarlos ahí.

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El futuro

Al estigma del partido de derecha que defiende los intereses de “los ricos”, se suma la etiqueta de partido limeño. No es tan cierto. De acuerdo con Infogob, fuera de Lima Metropolitana hay 85 autoridades, entre ellas 12 alcaldes distritales, pertenecientes al PPC (ver cuadro). Desde luego, el número es menor frente a agrupaciones con una mayor presencia nacional, como el APRA.

El actual presidente regional de Ica, Alonso Navarro Cabanillas, es el segundo vicepresidente del PPC. Sin embargo, Navarro fue elegido por el Frente Regional Progresista Iqueño.

Los dirigentes del PPC explican la todavía limitada presencia nacional del partido: Villena apunta a la legislación más flexible que favorece la creación y supervivencia de los movimientos regionales y locales y que es mucho más estricta con las organizaciones nacionales. Pérez–Tello argumenta, en cambio, que el problema principal es económico: “Muchos tenemos que poner de nuestro bolsillo para realizar viajes de formación y visitar a nuestros dirigentes en provincias”.

Beingolea es de los dirigentes que más viajes realiza. “La imagen de partido limeño se debe a un mal sistema de comunicación que debemos cambiar”, admite.

En el PPC es conocido que Beingolea aspira a convertirse en el presidente del partido. Por lo pronto, en Lambayeque es muy reconocido: “Ha venido seis veces, entre el 2012 y marzo del 2013”, dice Germán Preciado Ruiz, secretario regional del PPC en ese departamento.

Luego del papel del partido en el proceso de revocatoria, un ambiente más optimista se respira en los predios pepecistas. El partido aún no ha decidido si se presentará a las elecciones complementarias de noviembre para nuevos regidores metropolitanos, pero los grandes retos obvios son las municipales del 2014 y las generales del 2016.

Habiendo Flores Nano reafirmado su posición –en público y en privado– de no postular ni a la alcaldía metropolitana ni a la presidencia, los entrevistados por Velaverde no se animan a decir qué figuras podrían asumir tales candidaturas.  Dirigentes del partido, incluido el propio Bedoya Reyes, le han solicitado dos cosas: que encabece la lista parlamentaria para jalar la mayor cantidad de votos posibles y que respalde la candidatura de un miembro del partido a una presidencia regional, todavía por definir. Ella sigue siendo la gran carta pepecista y el principal referente de la militancia.

Militancia heredada, no creada

En el PPC –a diferencia de lo que se percibe en el APRA– la militancia no se transmite familiarmente. No hay pepecistas de ADN. Un posible militante forja su interés en el partido ya sea en la universidad o en el trabajo. Así lo confirman los testimonios recogidos.

Villena concretó su inscripción luego de apoyar la campaña presidencial de Lourdes Flores en el 2001. “Conocí a Lourdes en el contexto de las marchas universitarias contra Fujimori. Era la más cercana a mis ideas”. El hoy regidor metropolitano fue secretario general de juventudes y luego secretario nacional de doctrina en los dos periodos en que Flores fue presidenta del PPC (2003–2007 y 2007–2011).

Pérez–Tello y Beingolea llegaron casi simultáneamente. Ambos tuvieron un primer acercamiento en la universidad, pero entonces no decidieron su inscripción por distintas circunstancias. “Un miembro del partido me recomendó que no militara hasta que tuviera tranquilidad económica. En el 2003 recién retomé el vínculo directo”, explica Pérez–Tello. Beingolea recuerda: “Hace diez años me presenté al local central, me inscribí y pregunté ¿qué hay que hacer?”.

Galarreta y Secada se inscribieron en años más recientes. El primero pertenecía a Renovación Nacional pero se apartó debido al acercamiento de Rafael Rey con el APRA. “Conocía a Marisol Pérez–Tello de la universidad y en el Congreso me hice amigo de Javier Bedoya y de Juan Carlos Eguren. Encontré un partido en el que el fundador, a diferencia de otros, cedió la presidencia. Esa alternancia continúa hasta hoy”, señala.

Por su parte, los primeros contactos de Secada con el partido se remontan a las elecciones del 2001. Para las del 2006, participó con otros independientes en la elaboración del plan de gobierno. “En el 2010 Lourdes me dijo que para llegar a ser congresista era necesario que me fogueara como regidor y me invitó a inscribirme. Recién me involucré más en la vida partidaria debido a mis labores en el concejo metropolitano y, principalmente, en la campaña contra la revocatoria”, declara.

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