SEGURIDAD Y CONFIANZA

Muchos peruanos votaron por OIlanta Humala en el entendido que un militar podía solucionar los problemas de seguridad ciudadana. De todos los argumentos que se dieron a favor de Humala, este siempre me pareció el más endeble, dado que la labor y entrenamiento castrense es bastante distinto del requerido para enfrentar a la delincuencia. Claro está, soy consciente que algunos de mis compatriotas no piensan así, pues frente al robo de cosas que les cuestan bastante esfuerzo obtener, las pandillas cerca de casa y el asalto con pistola, lo único que desean es que el problema se acabe, sin importar el costo a emplear, cuestión con la que discrepo, pues creo más en la labor de inteligencia.

Dicho esto, el gobierno actual ha tenido una serie de ofertas con miras a mejorar este problema. Sobre todo, más policías y más patrulleros. Sin embargo, ambos ofrecimientos son incompletos. No necesariamente tener más efectivos patrullando las calles será mejor, si es que carecen de la adecuada preparación y entrenamiento. Y desde el gobierno pasado tenemos a muchos oficiales y suboficiales que han salido vía preparación rápida, solo para asegurar que había más custodios en la vía pública (aunque vemos a muchos de ellos conversando entre sí, en lugar de vincularse con el vecindario). Lo mismo se puede decir de vehículos que están muchas veces parados, esperando que pasen varios incautos para pedir  “para la gaseosa”.

Coincido como voces como las de Fernando Rospigliosi al señalar que el principal problema a enfrentar en la Policía es la corrupción. Y no solo por lo evidente, es decir, el robo en compras que deben beneficiar a la seguridad de todos, sino también por el efecto que tiene en el ciudadano común: la desconfianza hacia la institución policial. Salvo que fuere un familiar cercano, ¿usted confía en un policía? Si usted sufre un robo, ¿denuncia en la Comisaría? ¿A quién ve patrullando más, al serenazgo, al guachimán de la cuadra o al policía de la dependencia más cercana?

Pero este problema no se podrá afrontar sin un liderazgo claro. Es  obvio que dicho líder no es el general Raúl Salazar, director general de la PNP, cuestionado casi desde su nombramiento y que ha arrastrado varios errores hasta el día de hoy. Su permanencia en el cargo solo se explica por la hipótesis dada ayer por El Comercio: su cercanía a personas bastante influyentes en la pareja presidencial. Y la terquedad de Humala porque los cambios se hagan en los tiempos que él considere convenientes, no cuando se lo pide la gente.

De allí que no sorprenda que la encuesta de aprobación presidencial de marzo le traiga varios puntos abajo a Humala. Sobre todo, cuando ya llegó el mes en que comienzan los colegios, se pagan los impuestos y concluye la campaña vinculada a la revocatoria, por lo que el ciudadano común y corriente volverá los ojos a un gobierno que ha pasado piola todo el verano.

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