LA PARTIDA DE RATZINGER

La noticia internacional del año es, sin duda, la renuncia de Benedicto XVI al cargo más alto de la Iglesia Católica, que también supone dejar de ser el jefe del Estado que conocemos como Santa Sede.  Esa doble condición de monarca y líder espiritual hace que la repercusión de esta decisión no solo sea religiosa, sino también política.

De todo lo dicho en estos días, lo que más me llamó la atención fue el tercer párrafo de la declaración oficial del renunciante pontífice:

Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Mi interpretación es que la renuncia de Ratzinger implica dos cosas. La primera, el reconocimiento – para quienes no lo tenían claro – de la humanidad de su liderazgo. En ese sentido, el acto más audaz del pontificado de Ratzinger termina siendo su propia jubilación anticipada. Lejos de la agonía en vivo y en directo que tuvimos con Juan Pablo II, el actual Papa decide optar por un camino distinto, que reconoce la necesidad de una renovación generacional y que, a diferencia de sus antecesores, acepta que este cargo no debería ser eterno, partiendo de la necesidad de una conclusión a tiempo, cuando aún la lucidez se encuentre allí.

La segunda es el reconocimiento personal que un camino rígidamente ortodoxo no ha terminado siendo la solución para los problemas actuales de la Iglesia Católica. Sí, es cierto que Ratzinger asumió una parte de la labor de reconocimiento sobre los abusos sexuales y casos de pederastia cometidos por una parte del clero (una parte, no todo lo que muchos hubiéramos querido). También es cierto que tuvo que remar en medio de las acusaciones de corrupción y del fuego cruzado de una Curia Romana que parece estar más concentrada en las luchas de poder que  en la labor espiritual. Pero el camino asumido fue el de encerrarse en sí mismo y por ello, luego de comprobar que por allí no se solucionarían estos problemas y siendo consciente que no sería el encargado de volver al espíritu de Vaticano II, meditó una sucesión anticipada.

En esa línea, resulta poco probable que el elegido en el Cónclave de marzo sea un progresista o un conservador tan duro. El sucesor de Ratzinger va a tener que afrontar una depuración del elenco vaticano que le hizo difícil al actual pontífice el gobierno de la Iglesia y de su Estado, así como retomar el camino de adecuación de una de las instituciones más antiguas del mundo a tiempos en los que ya no puede seguir siendo tomada como una pieza de museo sin capacidad de reforma. Un centrista, equidistante de las luchas de poder, y más cercano al espíritu que Juan XXIII encarnó hace medio siglo, sería lo ideal para una institución que tiene que reconocer y afrontar retos serios y, sobre todo, dejar de alejarse de sus propios fieles.

MAS SOBRE EL TEMA:

Ramiro Escobar: Non habemus Benedictus

Salomón Lerner Febres: Una iglesia encarnada

Pedro Salinas: Pedro y los lobos

Ricardo Milla: Carta a los fieles católicos

Gonzalo Gamio: El Papa y la renuncia

(Foto: Corbis)

3 thoughts on “LA PARTIDA DE RATZINGER

  1. Señor Godoy:

    1. Toda religión siempre está compuesta de dos dimensiones: la “teórica”, o la que está “más allá de lo real”, y la mundana o humana, que es la que conforman aquellos que, por distintas razones, ejercen su conducción.

    2. Es esta segunda dimensión la que, en el caso de la Católica, atraviesa una profunda crisis interna. Minimizar algo tan grave como la renuncia la máxima autoridad de una organización es comprensible de parte de sus seguidores (como el artículo del señor Gamio que llama “delirante” el pensar que lo que pasa se deba a algo corrupto) pero es un error. Cuando cae la cabeza es siempre porque una herida mortal ha golpeado a la organización.

    3. Y esta herida mortal parece ser que tiene dos claros orígenes: la corrupción económica interna, pero que a la vez es un derivado de la otra: el manejo político. No es nada desconocido que el Vaticano ha sido un instrumento de Estados Unidos en su combate contra la desaparecida URSS. Prácticamente se vendió ante los intereses norteamericanos y fue un factor decisivo en la caída del gobierno polaco pro-ruso. Mucho del dinero católico fue derivado hacia esos propósitos (con el obispo norteamericano Marcinckus a la cabeza) y allí está el origen de los malos manejos financieros que hoy recién pasan la factura.

    4. Los conductores de la actual iglesia Católica son los grandes responsables de su crisis y eso debido a su concepción excesiva sobre la importancia del dinero y del poder que lo supusieron más valioso que la propia idea matriz, o sea, las raíces de la fe. Para ello se sometieron a las alianzas con EEUU y también a su chantaje (hay que recordar que las denuncias de pederastia recién salieron a la luz poco antes de la invasión a Irak, denuncias que tenían ¡más de 30 años de existencia! y que los norteamericanos supieron guardar astutamente para recién sacarles en el momento oportuno) y estos dos factores, totalmente políticos, han significado una debacle de lo cual el imperio se debe estar frotando las manos y además que la principal fuente de ingresos vaticanos provienen de dicho país, de modo que cualquier movimiento en falso podría significar su corte, como ya pasó con Suiza y el fin de su política de secreto bancario, sin dejar de lado la triste experiencia que significó la separación de la iglesia anglicana cuando el rey de Inglaterra decidió “independizarse” de Roma).

    5. Por todo ello se puede ir evaluando desde ya que esto es parte de una estrategia de Estados Unidos para ir, gradualmente, invadiendo todos los espacios mundiales, tanto los físicos como los “mentales”, labor en la cual tiene invertidos miles de millones teniendo a su disposición los cerebros más privilegiadas del planeta quienes trabajan únicamente para el Pentágono en sus famosos think tanks. Negar todo esto con el argumento de que son “teoría de la conspiración” es insinuar que EEUU no destina esos billones de dólares para su presupuesto militar, que son un equivalente al total de los 30 países juntos que lo siguen. ¿Tanto dinero para mirar solo de lejos y no intervenir en nada solo para que no digan que existe la “conspiración”? Sería ingenuo. Hoy por hoy toda la ciencia humana está al servicio exclusivo de cimentar el poder omnímodo de ese imperio. Vean si no las series de televisión y las películas de Hollywood cómo se esmeran en decirnos que ellos están “para defender al mundo de los malvados terroristas”. El Vaticano no tiene porqué estar excluido de este juego mundial. Y así ha pasado siempre en la historia de nuestra humanidad pues nada es eterno… ni siquiera las religiones.

    Muchas gracias.

    Me gusta

  2. El Papa Francisco I, es conservador, cómo se le encuestó, pero también es liberal, en resuemne es un intermedo, justo lo que devería saber la gente.
    Para mí, a mi parecer será derrepente un gran hombre 🙂
    Y segun juan Pablo II, uno no puede llamarse catolico y tener ideas errados o crreer en ideologías lo escribión el mismo en su catequesisi de doctrina sosial!!!

    Me gusta

Agregar un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Cambiar )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Cambiar )

Connecting to %s