EL APRA A LA CONQUISTA DEL PUEBLO FUJIMORISTA

Tiene razón Alberto Vergara cuando, en su más reciente columna publicada en Poder, toma la siguiente premisa para analizar el apoyo aprista a la revocatoria del Concejo Metropolitano de Lima:

Intuyo que la decisión del APRA revela algo bastante fundamental para la política peruana: no tiene ningún interés en pelear por el electorado institucionalista de las clases medias y altas y prefiere desbancar al fujimorismo y al nacionalismo de su preeminencia en las zonas marginales urbanas. Para ponerlo ad hóminem, García cree que es más simple desvencijar a Keiko (y en menor medida a Nadine) que picotear de la canasta de Toledo y PPK. Esto implica ponerse a tono con el elector naranja. Su gobierno pitucazo lo alejó de esos sectores. Si apoyase al NO sería comparsa y no lideraría nada. Por la vía del SÍ se reencuentra con el pueblo. Ya no es el pueblo aprista, ya no son los sindicatos apristas, ya no son las células universitarias apristas, pero es pueblo que hay: pobretariado antes que proletariado.

En realidad, este es un camino que, por lo menos desde hace un año viene recorriendo, bajo la siguiente lógica.  Luego del segundo gobierno aprista, intentar ser un partido socialdemócrata o que retome “las banderas aurorales del aprismo” resulta algo lejano y hasta inverosímil. Ser el partido de los empresarios es algo que no conviene en términos del electorado, por lo que el cálculo es entrar a un sector que no se siente representado por ninguna corriente en particular. Aquel grupo de ciudadanos al que Carlos Mélendez ha llamado “rational cholo” y al que Arturo Maldonado ha llamado “votante emocional”.

No es que dicho conjunto de electores no haya querido ser conquistado. Parte de los discursos sobre “emprendedurismo” o “presidentes gerentes” han buscado tener empatía con un sector “popular pragmático”, que busca, antes que ideología, una mejora sustancial en los servicios que le brinda al Estado, que vayan a la par de su paulatina mejora económica. Y, en los casos de quienes se mantienen aún por debajo de la pobreza, acceder a bienes materiales que palíen su situación, más allá de los programas sociales del gobierno de turno (aunque a Humala, este último camino, le de ciertos resultados).

García, consciente o inconscientemente, sabe los límites de quienes ocupan ese espacio en la actualidad. Si bien a Castañeda Lossio se le sigue recordando por sus obras – sobre todo en los sectores C y D -, sus chances mayores (a pesar de lo que te dicen la mayoría de dirigentes de Solidaridad Nacional en privado) están en un retorno a la alcaldía de Lima antes que en una campaña presidencial. Y, vista la forma como Solidaridad Nacional conduce su sección de la campaña por el Sí, vemos los mismos errores y limitaciones que tuvieron en la elección presidencial de 2011.

SN tiene como núcleo duro a ex funcionarios de la MML y varios de sus congresistas son invitados. Sus escuderos y porristas más entusiastas son asesores parlamentarios. No tiene cuadros técnicos de renombre – tuvo que acercarse a la gente de Todos Por el Perú para que le armen un plan de gobierno en 2011 – y su organización durante la campaña de 2011 – y ahora en 2013 – fue bastante débil. Y si bien hay un grupo de ex alcaldes y alcaldes (Pachacamac y Lince) en su interior, la posibilidad que se vayan con otro actor que les pueda dar cabida es bastante alta.

¿Y el fujimorismo? Tiene a su favor que, a diferencia de SN, ha construido una identidad y cierta organización. Pero tienen en su contra varios factores. Además de sus cuentas pendientes sobre corrupción y violaciones de derechos humanos – cuestión que no importa mucho a sus votantes, pero que sí les impide crecer más -, enfrentan dos retos. De un lado, el APRA puede venderse como un partido conservador que garantice la inversión, con menos reparos frente a los empresarios de los que tendría el fujimorismo en torno a sus credenciales democráticas.

Pero, de otro lado, el fujimorismo no está cuidando su votación popular. Luego de las elecciones de 2011, Keiko Fujimori ha quedado pasmada. Entre el inmobilismo que recomienda Jaime Yoshiyama, las encuestas que ahora la favorecen (cuando nadie que estuviera primero a esta altura del partido ganó la elección) y su fijación por el indulto (el único punto de su agenda en el último año), hay un electorado que no necesariamente va a quedarse únicamente seducido por el martirologio fujimorista. Y con un Castañeda que no sabe como capitalizar ese electorado, García queda como el posible conquistador de esos votos.

De allí que, con cálculo, haya entrado a apoyar el Sí, pero sin quemarse demasiado. No entra tanto Alan, pero sí el APRA (y hasta cierto punto). Entrenan cuadros, intentan reforzar su vínculo con sectores populares y, de perder, podrán sacar algunas lecciones de la derrota con miras a su objetivo: el 2016.  Saben que, en el fondo, sus rivales de fondo serán Alejandro Toledo o (de mediar alguna interpretación constitucional a su favor) Nadine Heredia.  Mientras, Keiko Fujimori sigue atrapada entre un Yoshiyama que la tiene pasmada, una bancada que hace oposición a media caña y sin operadores y un electorado al que, cuando intente revivir cerca al 2016, puede que sea más diezmado del que tuvo en el quinquenio anterior.

El problema para ambos es que dicho sector de ciudadanos tiene simpatías más volátiles de las que se puede pensar.

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AVISOS PARROQUIALES

Hola

Seguro se preguntarán porque no estamos posteando con la frecuencia de antes. Aquí va la explicación.

Desde el 1° de febrero formo parte del equipo de VelaVerde, una revista semanal dirigida por Juan Carlos Tafur, que aparecerá desde el 4 de marzo, todos los lunes. Nuestras energías están concentradas para que este nuevo proyecto periodístico tenga la más alta calidad posible y, por tanto, resulta necesario variar el ritmo impuesto a DTP.

Ello no quiere decir que dejemos de publicar por aquí. Por lo menos una vez a la semana publicaré un post semanal. El día elegido es el domingo, generalmente cargado de noticias, columnas y primicias en las diversas plataformas periodísticas existentes.

Para lo coyuntural, sigan mi cuenta en Twitter (@jgodoym) y la página en Facebook de Desde el Tercer Piso.

Saludos a todos.

(Foto: Ricardo Darín en Elefante Blanco)

LA PARTIDA DE RATZINGER

La noticia internacional del año es, sin duda, la renuncia de Benedicto XVI al cargo más alto de la Iglesia Católica, que también supone dejar de ser el jefe del Estado que conocemos como Santa Sede.  Esa doble condición de monarca y líder espiritual hace que la repercusión de esta decisión no solo sea religiosa, sino también política.

De todo lo dicho en estos días, lo que más me llamó la atención fue el tercer párrafo de la declaración oficial del renunciante pontífice:

Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Mi interpretación es que la renuncia de Ratzinger implica dos cosas. La primera, el reconocimiento – para quienes no lo tenían claro – de la humanidad de su liderazgo. En ese sentido, el acto más audaz del pontificado de Ratzinger termina siendo su propia jubilación anticipada. Lejos de la agonía en vivo y en directo que tuvimos con Juan Pablo II, el actual Papa decide optar por un camino distinto, que reconoce la necesidad de una renovación generacional y que, a diferencia de sus antecesores, acepta que este cargo no debería ser eterno, partiendo de la necesidad de una conclusión a tiempo, cuando aún la lucidez se encuentre allí.

La segunda es el reconocimiento personal que un camino rígidamente ortodoxo no ha terminado siendo la solución para los problemas actuales de la Iglesia Católica. Sí, es cierto que Ratzinger asumió una parte de la labor de reconocimiento sobre los abusos sexuales y casos de pederastia cometidos por una parte del clero (una parte, no todo lo que muchos hubiéramos querido). También es cierto que tuvo que remar en medio de las acusaciones de corrupción y del fuego cruzado de una Curia Romana que parece estar más concentrada en las luchas de poder que  en la labor espiritual. Pero el camino asumido fue el de encerrarse en sí mismo y por ello, luego de comprobar que por allí no se solucionarían estos problemas y siendo consciente que no sería el encargado de volver al espíritu de Vaticano II, meditó una sucesión anticipada.

En esa línea, resulta poco probable que el elegido en el Cónclave de marzo sea un progresista o un conservador tan duro. El sucesor de Ratzinger va a tener que afrontar una depuración del elenco vaticano que le hizo difícil al actual pontífice el gobierno de la Iglesia y de su Estado, así como retomar el camino de adecuación de una de las instituciones más antiguas del mundo a tiempos en los que ya no puede seguir siendo tomada como una pieza de museo sin capacidad de reforma. Un centrista, equidistante de las luchas de poder, y más cercano al espíritu que Juan XXIII encarnó hace medio siglo, sería lo ideal para una institución que tiene que reconocer y afrontar retos serios y, sobre todo, dejar de alejarse de sus propios fieles.

MAS SOBRE EL TEMA:

Ramiro Escobar: Non habemus Benedictus

Salomón Lerner Febres: Una iglesia encarnada

Pedro Salinas: Pedro y los lobos

Ricardo Milla: Carta a los fieles católicos

Gonzalo Gamio: El Papa y la renuncia

(Foto: Corbis)

EL RETORNO DEL HERMANON

Luego de su paso como Congresista de la República luego de la muerte de Alberto Andrade, Ricardo Belmont volvió al espacio donde, empresarial y políticamente, se ha sentido más cómodo: su canal de televisión. Y desde allí ha lanzado su última aventura: el relanzamiento del Movimiento Cívico Obras, la agrupación política con la que fue dos veces alcalde de Lima.

Si hacemos caso a lo dicho por Pedro Planas en su libro La Democracia Volatil, el regreso formal de Belmont a las lides políticas se produce 30 años después de su primera propuesta formal para entrar en política, hecha por Fernando Belaúnde Terry en 1983. Una aventura que concretaría, como señala Planas, no a través de un grupo político – que a, fin de cuentas, fue más un grupo de amigos, alcaldes y regidores temporalmente afín – sino de un canal de televisión.

De hecho, RBC (no en vano el canal lleva las siglas de su fundador) fue el vehículo principal para las aspiraciones políticas de su creador. El lanzamiento de su candidatura municipal en 1989 fue en Habla El Pueblo, con un movimiento que no presentó candidatos distritales. La difusión de sus obras a través del canal, en la cima de su popularidad (tanto como animador de televisión, promotor de teletones y como político) le permitió tener su “segundo tiempo”. Y las obstrucciones fujimoristas a su segundo periodo – que Andrade manejó mejor – lo volvieron a poner en campaña, tanto como opositor como candidato presidencial, poniendo su canal en “CNN mode on”.

No es que en los últimos años Belmont no haya dejado de dar estos reflejos políticos. Fue sintomático que la temporada 2008 haya tenido como directivos a Miguel del Castillo (hijo del entonces Presidente de Consejo de Ministros y a Luis Alfonso Morey (quien tuvo aventuras políticas  antes y después de su paso televisivo). Y que en 2011 su concesión de prensa haya virado hacia la izquierda, luego del triunfo de Humala, aunque por breve tiempo.

Hoy, a pesar que se dice crítico de la figura de la revocatoria, resulta sintomático que lance Obras en pleno proceso electoral. La pregunta es si Belmont podrá revivir su carrera política con un canal que ya ha tenido demasiadas campañas en su haber (amen de un bajo rating), con el vago recuerdo de algunas de sus obras (como el Trebol de Monterrico), así como con un estilo que parece haberse quedado en sus mejores tiempos televisivos. Más aún cuando, de triunfar el Sí, hay otros rivales que pueden exhibir obras o logros más recientes en el tiempo. Y si gana el No, serán las campañas profesionales a las que no es afecto Belmont aquellas que se vean más en el horizonte político peruano.

LA DISTANCIA DE LA CIRCULINA

El accidente sufrido por Nadine Heredia la semana pasada tuvo más repercusiones de las que se esperaba de un incidente que, afortunadamente, no tuvo mayores consecuencias para la salud de la esposa del Presidente de la República. Y es que todo el ruido generado volvió a poner sobre la mesa un debate de fondo: la distancia entre gobernantes y gobernados.

Que la esposa del Presidente viaje en el vehículo de una organización no gubernamental que ha tenido cuestionamientos en el pasado no es algo que debería pasar desapercibido. Más aún con las explicaciones bobas dadas por el Presidente del Consejo de Ministros. La reseña, en la columna de AAR de hace 3 días:

Tampoco es el premier Juan Jiménez, quien ha dicho: “No es ningún problema que el vehículo sea de una ONG, hay muchas autoridades que no usan los recursos del Estado. Los funcionarios sí tenemos condiciones de trabajo, pero las esposas no usan vehículos del Estado y esto demuestra que se debe mejorar y dar mayor seguridad a la primera dama”.

Desde que tengo uso de razón, la familia nuclear del Presidente de la República se desplaza en vehículos oficiales (y lo he visto, en persona, en los casos de Fujimori y Toledo). ¿Por qué hicieron una excepción a esta norma? La austeridad, en este caso, no se cree, más aún cuando, como señaló Álvarez Rodrich en la misma columna, la señora Heredia ha hecho uso del avión presidencial.

La segunda arista a tocar es la de la seguridad ciudadana. ¿Cuánta escolta necesita un dignatario público? Carlos Basombrío ha hecho en Perú.21 un buen análisis de como cambiar este sistema, para mantener un equilibrio entre el cuidado a personas que, por su cargo, requieren una custodia especial, y la necesidad de contar con policías más entrenados para el cuidado de la ciudadanía.

Pero quizás el punto que más irrita a los ciudadanos es la alta cantidad de multas no pagadas por vehículos que aprovechan que son usados por dignatarios públicos (como fue revelado por María Eugenia Guevara en SMT) que, para compensar su falta de puntualidad (o por simple amor al privilegio), compiten por ver quien circula más rápido en medio del tráfico de hora punta en Lima. Y, peor aún, que el propio director general de la Policía ampare una exoneración de multas a vehículos oficiales “por atentar contra intereses nacionales” hace que la indignación ciudadana crezca (así como las interrogantes sobre la permanencia de un jefe policial que debió salir con el caso de las Brujas de Cachiche).

Estos tres elementos, vinculados a la vida cotidiana de la gente, incrementan la desconfianza en el ciudadano. De allí que Humala y Heredia hayan preferido la evasión y recluirse en Palacio, antes que continuar alimentando un tema que, sin duda, les puede pegar en su imagen pública.

LA CASA LLEGA SOLA

Durante la primera parte de la semana, le cayó fuego graneado a Alejandro Toledo, debido a la compra de una casa en Las Casuarinas por parte de su suegra, operación inmobiliaria que ha sido cuestionada por sus opositores políticos y que, como dijimos aquí, a pesar que consideramos que muchos de los comentarios en su contra se debían a rivalidades políticas, es un tema que debe aclarar, en un país bastante sensible ante las denuncias sobre el patrimonio de quienes ejercieron, alguna vez, un cargo público.

El jueves por la mañana, sin embargo, cambió la atención al otro expresidente democrático vivo que tenemos.  En el programa de Beto Ortiz, se produjeron dos revelaciones. Primero, PPK reveló que el dueño de la casa que alquila Alan García en Las Casuarinas desde que se fue del país es nada menos que el exministro fujimorista y sentenciado por casos de corrupción Jorge Baca Campodónico.  Un dato que pocos conocíamos (y al que volveremos en un momento).

La segunda fue dada por el propio García, quien pareció adelantarse a lo que saldría al día siguiente en el semanario de César Hildebrandt: la adquisición de una nueva vivienda en la urbanización San Antonio, en Miraflores, por 830,000 dólares americanos. Aquí está la ficha registral sobre la compra:

Algunos detalles que llaman la atención: a) AGP sigue casado con Pilar Nores, pero ha cambiado su régimen patrimonial al de separación de bienes (ojo, los Humala – Heredia también tienen este régimen), lo que permitió que la casa de Chacarilla – otrora hogar conyugal de la pareja – pase a nombre de su aún esposa; b) García indicó que parte de lo pagado se debe a conferencias internacionales dadas en los últimos años – tal como consta en su página web personal – y c) la compra volvió la mirada a las transacciones inmobiliarias de Alan, algunas de las cuales son recientes, como la venta de su casa de playa en Pulpos al entonces Ministro de Educación José Antonio Chang, en pleno segundo gobierno aprista.

Pero, además de los cuestionamientos sobre cómo AGP pudo pagar su nueva vivienda – esgrimidos por sus rivales políticos en la misma forma como los apristas lo han hecho con Toledo -, hay una pregunta que ha quedado flotando: ¿por qué alquiló su casa a una persona que tenía un problema legal con su vivienda, como él mismo lo dijo a Beto Ortiz el jueves último, más aún cuando Baca fue extraditado en su segundo gobierno? Y la pregunta es más fuerte por lo señalado ayer en Diario 16:

Pero, por lo pronto, gracias a la declaración de García, la Procuraduría ha pedido que el juzgado de ejecución cite al expresidente aprista para que aclare cuánto le ha venido pagando a Baca y disponga que lo que resta por pagar del contrato de arriendo que dice tener sea destinado a amortizar la millonaria deuda del condenado con el Estado.

Según reveló el semanario Hildebrandt en sus Trece el año pasado, García no pagaría menos de US$ 4 500 por el alquiler de esa casa en Las Casuarinas, que tiene una extensión de 2 500 metros cuadrados. De ser así, el líder aprista habría pagado a Baca unos US$ 85 500 hasta ahora, dinero que –según Arbizu– el condenado no ha destinado a pagar su abultada deuda con el Estado.

De hecho, la Procuraduría Anticorrupción ya pidió, como indica La República, que:

(…) el líder aprista deberá exhibir el contrato firmado con el mismo Baca Campodónico, su cónyuge Emilia Rosario del Rosario Medina o un tercero facultado.

“El mérito del informe que deberá requerirse a Alan García con respecto al contrato de alquiler de inmueble, el plazo de duración, el monto de la merced conductiva, la forma y fechas de pago, el pago de impuestos y el importe de garantía, entre otra información relacionada al referido arrendamiento”, dice el documento remitido por Arbizu.

A estas alturas, tanto Toledo como García deberán dar una explicación fehaciente sobre transacciones inmobiliarias que, sin duda, vuelven a ponerlos sobre el centro de la atención pública.

(Foto: La República)