GAVILANES Y CARDENALES

Escribo estas líneas al terminar el interesante libro de Lurgio Gavilán, “Memorias de un soldado desconocido” (Lima, IEP, 2012). Como ya han comentado varios analistas, este libro tiene un valor interesante, tanto por el testimonio personal y sencillo de una persona que fue senderista, soldado del Ejército y novicio franciscano, como por las lecciones extraídas de una historia que muestra, a la vez, lo mejor y peor de la sociedad peruana.

En vísperas de Navidad, me detengo en un pasaje específico del libro: cuando Gavilán decide abrazar la vida religiosa (gracias al consejo de una monja) y decide acudir, en primer lugar, a la máxima autoridad católica de Ayacucho –quien hoy ocupa ese mismo cargo en la capital del país– y allí ocurre el siguiente diálogo:

“Entonces le dije que estuve en el Ejército. Apenas dije eso, cambió de actitud, se puso serio y en posición de acusador -¡Al cuartel vienen las prostitutas!, ¿verdad? -Sí, le contesté. -No puedes estar en el sacerdocio, hijo, me dijo al final”. (Gavilán: 2012, p. 132).

¿Por qué me llamó la atención este pasaje central del libro? Por dos razones. La primera de ellas es que el obispo aludido por Gavilán, antes que a un pastor de almas, se asemeja más a los fariseos y a los maestros de la ley, tan criticados por Jesús en los Evangelios, al preocuparse más en juzgar a sus hermanos antes que brindar acogida y amor al prójimo. Lamentablemente, antes y después de la ocurrencia del episodio con Gavilán, este personaje ha dado muestras claras de incurrir en el mismo error, sin rectificación alguna.

La segunda razón es el contraste de la actitud del prelado frente a la mostrada por los franciscanos ante el autor del libro. Los seguidores de la orden fundada por el santo de Asís acogieron al hoy antropólogo sin mayores complicaciones. Lurgio pasó por las mismas pruebas que sus compañeros y, cuando finalmente decidió retirarse para seguir su vocación profesional y formar una familia, no existieron mayores reproches.

La fecha que conmemoramos hoy tiene como eje la encarnación divina en un ser humano, quien mostró un camino de acogida hacia los demás y que fue ejecutado por una autoridad azuzada por fanáticos religiosos. Que los primeros llamados a comprenderlo incurran en el mismo error nos muestra la razón por la que la atención ha dejado de estar en el dueño del santo. Feliz Navidad.

(Columna publicada en Diario 16 el 24.12.2012)

(Foto: Portada del libro Memorias de un Soldado Desconocido – Instituto de Estudios Peruanos)

PD: Este blog vuelve a su programación habitual el 26 de diciembre

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