POR QUE NO LO APLAUDEN

Con acierto, tanto Pedro Ortiz Bisso en El Comercio como Augusto Alvarez Rodrich en La República notan en estos días que en Palacio de Gobierno el clima está entre la soberbia y el desconcierto. El mareo con el poder llegó a Ollanta Humala y lo hemos visto, en los últimos días, disparando declaraciones contra medio mundo (Congreso, Poder Judicial, Ministerio Público, “opinólogos” y hasta con el fujimorismo), dando muestras de aislamiento como de arrogancia.

¿Qué está pasando en Palacio? Un síndrome muy común con los Presidentes en nuestro país: creer que están haciendo la mejor Presidencia de la historia del Perú, considerar que los problemas son inflados o provocados por otras personas (Alan García llevó a la sofisticación este tema con sus artículos sobre “el Perro del Hortelano”) y que deberían tener más aprobación en las encuestas de opinión pública. Las últimas que han salido lo ubican entre 30% y 45%. Sobre esta última parte del fenómeno comenta Alfredo Torres:

Mi impresión es que Ollanta Humala andará la mayor parte del tiempo en el rango de 30-45%. Cuando un gobernante tiene una popularidad moderada y una condición minoritaria en el Congreso requiere formar consensos y construir alianzas para sacar sus proyectos adelante, todo lo cual requiere talento político y empatía social. García derrochaba talento pero a veces lo traicionaba la soberbia. Humala está todavía en proceso de formación política pero tiene la ventaja de ser percibido como alguien más cercano al pueblo.

El problema con Humala es que no está haciendo un trabajo político a conciencia. De hecho, está peléandose con medio mundo y hasta ahora no logra articular buenas relaciones con presidentes regionales, su propia bancada e incluso tiene una relación más compleja con los empresarios de lo que a primera vista parece. Y, por el contrario, mira estas cifras con demasiada preocupación y se pregunta, ¿por qué no me aplauden?

En las encuestas, sobre todo en las de Apoyo y GFK (que generalmente tomamos aquí como referencia seria), hay una pregunta que resulta clave examinar: las razones por las cuales el Presidente de la República es desaprobado en su gestión. Sobre esta base, tomamos aquellas más votadas para ensayar una explicación a la carencia de popularidad presidencial.

INCUMPLIMIENTO DE PROMESAS

Esta es una respuesta en la que encajan diversos tipos de grupos. De un lado, aquellos que esperaban un Humala más radical. Cuando le pregunté a un conocido que vive fuera de Lima sobre este punto me respondió “nadie en provincia se creía la hoja de ruta, todos presumimos que era una estrategia lavacara para la gran transformación, y terminó en lo de ahora”. En las mismas está el sector de izquierda que ahora se ha alejado más nítidamente del nacionalismo.

De otro lado, están quienes quieren una mayor velocidad en la implementación de los programas sociales, así como mejores políticas en materia de seguridad ciudadana. Recuérdese que estos fueron dos de los puntos más enfatizados por Humala durante su campaña electoral en los sectores populares.

INSEGURIDAD CIUDADANA

Comenta Ortiz Bisso:

La verdad de esta desabrida milanesa es que en los casi 15 meses que lleva en el poder, el humalismo ha hecho poco por devolver la tranquilidad a las calles. Según el observatorio Lima Cómo Vamos, entre el 2010 y el 2011 el número de asaltos a transeúntes en la capital creció en 5665 casos. El panorama no es menos desalentador en otras ciudades, en particular en el norte del país.

Cuatro ministros del Interior y dos directores de la policía es el triste record de este gobierno que aún es incapaz de poner en marcha una estrategia clara que permita a los peruanos volver a transitar por las calles sin miedo.

PRECIOS DE LOS ALIMENTOS

Para muchos este no debería ser un problema que afecte la popularidad de Humala, debido a que el gobierno no interviene con mecanismos de control de precios en la economía (y no debería, remember Alan I). Pero es un tema que afecta al bolsillo de todos y donde se espera, desde la percepción de los ciudadanos, que “el gobierno haga algo”. ¿Por qué? Una explicación la da Alfredo Torres en su libro sobre opinión pública:

“Con el tiempo la mayor parte de la opinión pública nacional se ha ido inclinando por una economía mixta. La posición liberal, según la cual el Estado debe intervenir lo menos posible, cuenta con el respaldo de una de cada cinco personas. La posición socialista tradicional, según la cual el Estado debe controlar el conjunto de la economía nacional, la comparte la cuarta parte de la población. Entre ambos extremos, la ciudadanía prefiere una posición intermedia, donde el Estado intervenga pero solo lo necesario, dejando espacio para que la economía de mercado se desarrolle” (Opinión Pública en el Perú: 1921-2021, Lima, Aguilar, 2010, pp. 142-143).

Un tema especialmente sensible es el de los precios. Si bien dos de cada tres peruanos considera que los precios deben ser determinados por el mercado y el tercio restante, que deben ser determinados por las autoridades, cuando se pregunta específicamente por ciertos bienes y ciertos servicios básicos, la confianza en el juego de la oferta y la demanda disminuye radicalmente. Esto ocurre tanto en mercados monopólicos o de pocos competidores (como el agua, la electricidad y la telefonía), como en mercados más competitivos (como la gasolina, el transporte y la banca), donde los consumidores se sienten igualmente desprotegidos. En todos los casos mencionados, la mayoría de la opinión pública se inclina porque los precios sean regulados o supervisados por el Estado” (p. 144)

CORRUPCION

Aquí le cobran la factura a Humala tres fenómenos distintos: a) no haber zanjado a tiempo con dos escándalos graves (Alexis y Chehade) dio en la opinión pública la impresión de lenidad frente a los casos de corrupción ocurridos en su entorno cercano, b) las acciones para combatir a la corrupción aún se ven como muy aisladas (la Procuraduría Anticorrupción es efectiva en sus acciones, pero se ve solitaria) y c) muchas personas, antes que en los grandes escándalos, esperan que se solucionen los casos de corrupción que los afectan directamente (cobros indebidos en trámites burocráticos, la coima del policía o del secretario de juzgado, por solo mencionar algunos ejemplos).

Hay factores, como vemos, que no dependen del desempeño presidencial. Pero otros que sí, sobre todo de la gestión del gobierno en su conjunto. Y es allí donde se nota la diferencia entre un gobierno que espera el aplauso inmediato y aquellos donde hay un estadista latente. Humala, hasta ahora, está en el primer grupo, junto con la mayoría de sus predecesores. Y eso no es lo que muchos peruanos esperaban de él.

(Foto: La República)

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