FEMINICIDIOS, VERDADES Y MEDIOS

Debo confesar que una de las pocas secciones que me salteo de los periódicos es la parte “policial”. Normalmente no le presto atención porque la forma como la mayoría de medios tocan este tipo de casos es, como lo escribí hace algún tiempo, un homenaje a Saúl Faúndez, el sensacionalista director de policiales de El Clamor, creado por Alberto Fuguet. Y creo que muchas personas de mi entorno cercano optan por lo mismo. Quizás nuestro único acercamiento sea cuando, gentilmente, un taxista nos ofrece un ejemplar del diario de 50 céntimos que ha comprado y allí nos acercamos a una realidad que, en muchos casos, sentimos como lejana.

Sin embargo, muchos de los casos que aparecen como noticias “policiales” esconden problemas mayores, como lo menciona en su columna de hoy Rosa María Palacios:

No es que el género policial no sea honorable. Piezas del mejor periodismo mundial pueden contradecir cualquier opinión peyorativa. Es sólo que el policial peruano se tiñe de discriminación machista cuando la víctima es una mujer. Es ella, después de muerta, la que tiene que dar explicaciones de su conducta sexual y familiar. Si éstas no son lo suficientemente “puras” es al victimario al que se le reduce responsabilidad,  se le achican los espacios de repudio  y se justifica su acto como fruto del arrebato causado y hasta manipulado por ella. Lamentablemente esa misma conducta se reproduce en nuestro sistema judicial.

Esta visión machista que se tiene sobre los asesinatos contra mujeres (traducido en la frase “algo habrá hecho, pues”) esconde un esquema de poder. Y que puede convivir con otros móviles posibles (por algo el Derecho Penal contempla el concurso de delitos, es decir, que puedan concurrir varios hechos delictivos en un mismo acto o cadena de actos). Roberto Bustamante apunta bien en esta línea:

Hasta el mes de abril del 2012 se habían registrado en el Perú doce asesinatos donde el victimario (casi siempre la pareja) era un hombre que asesina a su pareja porque mejor es ser homicida que “cachudo”, con el honor mancillado, expuesto a sus pares como poco hombre. De allí el ensañamiento o “lección moral” a la víctima. En otros casos, también puede darse el caso que se de un feminicidio en un contexto de robo, porque simplemente al ladrón le pareció que la víctima se merecía una tortura o violación previa. Nuevamente, el feminicidio es un ejercicio de poder, que se viene dando de manera sistemática más allá del móvil y que se revela en la propia estructura o pasos del crimen.

Pero, a pesar de la evidencia, muchos y muchas se muestran renuentes a aceptar que el feminicidio existe. Se le llama muchas veces “crimen pasional”, como una suerte de atenuante, como si los celos naturalmente desembocaran en la tortura y el asesinato posterior. La otra posición es frivolizar el feminicidio señalando que a veces es la mujer la que mata al hombre. Es cierto que se dan asesinatos de todo tipo, pero nunca se han dado de manera sistemática ni contando con el aval de la policía y los jueces para los que el ensañamiento es siempre secundario. “No es feminicidio, sino homicidio agravado”, y se encarpeta el secuestro y la tortura.

De allí que el problema central se encuentre en los operadores de justicia y los encargados de investigar. Policía, Ministerio Público y Poder Judicial, en términos institucionales, comparten un esquema mental en el que los crímenes en los que las víctimas son mujeres son medidos con otra vara. Digamos, es lo mismo que pasa cuando se califica en distinto grado la vida sexual de hombres y mujeres, o sus méritos laborales. Pero con un agravante: aquí la víctima es nuevamente vejada, incluso después de fallecida o de haber sufrido una violación. Verónica Ferrari señala:

Una práctica avalada por un sistema político heterosexual que oprime a las mujeres y las mantiene en espacios de sumisión abiertos a todas las potencialidades de violencia, que las condena a vivir subsumidas bajo un orden social machista, misógino y patriarcal que construye, produce y mantiene relaciones de género desiguales que nos perjudican y destruyen.

Esta es la razón por la que hemos insistido en este espacio en tratar este tema. Porque lo ocurrido este fin de semana vuelve a poner sobre el tablero la forma como las instituciones del sistema de justicia procesan estos casos. Como bien lo han recordado en otras oportunidades personas como Palacios y Bustamante, que en muchas cosas están en orillas distintas, en el Perú los crímenes sexuales cometidos en el contexto del periodo de violencia que vivió el país entre 1980 y 2000 gozan de la mayor impunidad. Solo 2 casos avanzan con cierta celeridad y no hay hasta el momento una sentencia que sancione a los responsables de estos actos vejatorios. Y creemos que, además de todos los factores que complejizan el procesamiento de violaciones a los derechos humanos en el Perú, la falta de una óptica de género en nuestras autoridades es la que paraliza este tipo de procesos.

Por ello es que la discusión sobre los medios, aunque importante, aparece como secundaria frente a un problema que es aún mayor. Pero no evado la misma y solo anoto tres pinceladas. La primera, independientemente del conductor del programa “El Valor de la Verdad” y de las simpatías y antipatías que pueda causar en muchos, el formato del espacio tiene una característica que es, a la vez, su jale y su ruina: el jugar al filo del reglamento con las emociones (y sobre todo, el morbo) del publico, cuestión que podía ser algo más controlada con personajes conocidos pero que, con invitados famosos o no, era igualmente compleja (más aún, con las acusaciones, por investigar, que se hacen desde la competencia sobre la posibilidad de que el programa haya sido arreglado). Lo dice alguien que ha visto varias emisiones del programa.

Y creo que allí cabe una reflexión tanto a los televidentes que nos dejamos llevar por este gancho, como al conductor del mismo (y, por supuesto, a los anunciantes). Es cierto, Beto Ortiz no es responsable penal en este tema, pero creo que ponerse a la defensiva en este caso hace poco por la credibilidad que recuperó en los últimos dos años por sus entrevistas.

El segundo es el tema de la autorregulación. Coincido con Fernando Vivas en que lo mejor es que cada medio sea el encargado de regular su información, pero que cuando estos mecanismos fallan, deben intervenir los mecanismos creados para las sanciones éticas o administrativas, como el Tribunal de Ética de la Sociedad de Radio y Televisión como Concortv. Por ello es necesario potenciar estas instancias (¿un defensor del lector o del televidente?), tanto desde el público como desde los propios medios, ante la tentación que puede tener un sector de ciudadanos y sobre todo) políticos de crear algún tipo de control mayor sobre los medios de comunicación, que siempre entraña sus peligros. Hay algunas reflexiones sobre estos mecanismos de autorregulación que deberían revisarse para un debate a conciencia.

Finalmente, vuelvo al tema con el que inicié este post: el tratamiento de los casos policiales en los medios de comunicación. Debe recordarse que los medios no son los encargados de procesar criminales, a pesar que pueden hacer aportes fundamentales para esclarecer algunos hechos. Y también debe recordarse el respeto al duelo de las víctimas, quienes muchas veces acuden a los medios para obtener la justicia que el sistema no les permite. Más aún, cuando la víctima de un crimen tiene sexo femenino.

10 thoughts on “FEMINICIDIOS, VERDADES Y MEDIOS

  1. Ortiz es el primero en hablar de feminicidio, pero luego sale a afirmar que el móvil del crimen fue el dinero y que el chico secuestró a Ruth Thalía para pedirle la clave de la cuenta donde había depositado el premio del programa. Si fuera así, entonces no sería feminicidio sino un crimen cómun y corriente (pero igual de repudiable).

    El feminicidio se da, entiendo yo, cuando se mata a una mujer por el hecho de ser mujer y actuar como tal. En el presente caso lo que hay es un programa de TV que no es culpable del asesinato pero que tiene mucho que ver. O acaso el polígrafo no podía detectar que los muchachos no eran enamorados sino que había llegado a un arreglo para aparecer como tales y causar más escándalo? O el polígrafo no sirve o la producción estaba metida en la farsa. En ambos casos, hay un engaño al televidente.

    La Asociación de Anunciantes y el canal deberían tomar medidas sobre el asunto. No es cuestión de censura sino de determinar hasta dónde se puede dejar los principios y la moral de lado en aras de conseguir más rating. Es un programa que ha tenido problemas en muchos países. Queremos que le pase algo al policía Millones o a algún próximo concursante que haga alguna revelación escandalosa y que comprometa a mucha gente??

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  2. Estoy total y absolutamente de acuerdo con Beto y con la congresista Lucha Cuculiza. Pepe tienes que buscar en google que es feminicidio.
    Por último, nadie obliga a nadie a salir a contar su verdad por TV.
    Y ahora si pondrán más énfasis al feminicidio y sus variantes.

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  3. Un crimen nunca es comun y corriente cuando involucra alguien que conoces y con quien hay, o hubo, un grado de confianza e intimidad. Ademas, eso del dinero me parece jalado de los pelos totalmente, una excusa para minimizar la gravedad del asunto.
    El poligrafo no es tampoco un aparato 100% infalible, porque se basa en el principio que el cuerpo reacciona de manera diferente cuando sabes que estas mintiendo. Pero lo que suele suceder es que mucha gente o no sabe que esta mintiendo, o se cree tanto su mentira que ya esta convencido que es verdad.
    Finalmente, que escandalo mayor – suficiente para llevar a la inmediata cancelacion del programa, minimo- que el hecho que una persona haya sido asesinada como consecuencia de su participacion en el programa?

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  4. Yo si creo que hay responsabilidad civil (no penal) en la produccion del programa. Ellos conocian, con antelacion, las preguntas, las respuestas y los resultados del poligrafo (cosa que el concursante no). Con toda esa informacion, seleccionan que preguntas hacer durante el programa. Eso les da control sobre el contenido del mismo, y si el crimen se produce como consecuencia, si quiera parcial, de dicha emision, pues hay responsabilidad.

    … …

    Y como es eso de que los abogados de la familia de Ruth Sayas, son puestos (y pagados) por el Frecuencia Latina?! no hay conflicto de intereses?!

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  5. No decepcione con su analisis simplista de los acontecimientos Sr. Godoy. En este caso de la muerte de Ruth Thalia Sayas SI existe responsabilidad penal y civil de Frecuencia Latina, El equipo de Produccion y obviamente del Conductor del programa “El Valor de la Verdad” (El Show) y paso rapidamente a sustentar las causas:
    1. El show fue preparado mal intencionadamente y torcio deliveradmente la verdad porque uso la mentira y el engaño en contra del televidente y los protagonistas porque Ruth Thalia y Bryan Romero ya no eran enamorados y los convencieron por dinero a mentir a ella y al asesino para que acepte la patraña.
    2. El show debe de admitir que por lucro y rating estan dispuestos a cometer las negligencias e ilicitos penales como el delito culposo que estan incursos “aquel que produce directamente el resultado del delito cometido” ya que de un total de 100 preguntas previas unas 20 preguntas son seleccionadas por el conductor del programa en forma imprudente donde contienen “Morbosidad”, “Abyeccion” e “Infamia” que se convierten en enboscadas en contra de la dignidad de los indefensos participantes.
    3. El show publicamente humillo de una manera vil y vergonzosa al supuesto enamorado creando un daño emocional y psicologico irreparable al asesino.
    4. El show creo estas perturbaciones mentales adheridas a la codicia del dinero y a las promesas incumplidas de acuerdo a la version del asesino que son corrobaradas por la denuncia de la revista Caretas de parte del conductor del programa.
    5. El show uso la necesidad economica de estas humildes familias para que a cambio de dinero se pisoten la dignidad de los participantes.
    6. Los Patrocinadores de este programa de television debieran de pronunciarse si es que existe un poco de pudor y etica en sus propias empresas o de lo contrario se convierten en complices de esta lamentable e irreparable muerte de Ruth Thalia.
    Ud que es un hombre de leyes debe de saber que a todo esto no se le puede llamar entretenimiento porque trastocan los principios de la etica y la moral en nuestra sociedad.
    Esta tragica muerte de Ruth Thalia no simplemente es una estadistica de una “muerte por violencia de genero” como pretende el abogado del canal de television de Frecuencia Latina y sus mensajeros hacernos creer.

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  6. José:
    Todo ese análisis encaja perfectamente con la responsabilidad civil. Creo que el canal la tiene. En el caso penal, las responsabilidades son exclusivamente de los autores del hecho y la responsabilidad objetiva que se pide en casos penales no entra en este caso.
    Sobre los temas éticos, creo que corresponden a cada quien evaluarlos. Mi opinión personal es que el programa debería ser levantado del aire.
    Saludos.

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