PROBLEMAS QUE NO SON MENORES

Cuando un gobierno no tiene empatía hacia sus ciudadanos, pierde el norte, por más que las buenas cifras económicas le sonrían y tenga algunos logros puntuales. Le pasó a Alan García frente al Baguazo. Y Ollanta Humala está en severo riesgo que le ocurra esa penosa situación.

Algunos señalarán que esto comenzó con el giro que dio Humala a partir de la segunda vuelta electoral. Yo tengo mis discrepancias con esta interpretación, pues nunca creí que el mismo fuera, como algunos suponían desde el lado zurdo, un mero giro estratégico para luego hacer un programa radical. De hecho, yo no voté por Ollanta Humala en primera vuelta por ese programa radical.

Pero sí hay que tener en cuenta que, con proyecto de izquierda o no, Humala ganó por dos razones. Supo conducir ciertas expectativas de cambio (algunas radicales, otras moderadas) en un contexto en el que, para muchos, mantener lo que se tiene es lo único suficiente para gobernar un país complicado como el Perú. Y generó empatía con aquellos peruanos que se sienten más desamparados. Por ello ganó en el sur, por ello su mayor aprobación estaba en la selva, por ello se esperaban con expectativas ciertos programas sociales.

Y por ello es que ha resultado chocante no escuchar explicación alguna sobre los fallecidos en conflictos sociales, o no percibir un mínimo gesto de empatía por la familia de Soraida Caso, la menor fallecida de un balazo en medio de un operativo contrasubversivo en el VRAEM. O ver a las autoridades de este gobierno aprovechar las fotos con menores de edad para hacerse propaganda.

El principal defecto de este gobierno se encuentra en su desconfianza. Ollanta Humala y Nadine Heredia son constituyen una pareja que se ha forjado a contracorriente de muchos ataques y experiencias complicadas. Ello ha sido útil para la necesaria perseverancia para forjar sus objetivos. Pero también ha generado que ambas personas sean poco proclives a aceptar las críticas válidas, pues las asimilan al conjunto de dimes y diretes que han enfrentado en su vida política. Olvidaron que la Presidencia de la República es el cargo más expuesto del país y que van a tener que distinguir las observaciones de mala leche de aquellas que suponen críticas válidas a su gestión. Y que tienen que dar explicaciones de sus actos, así no les guste.

No se trata de un tema de popularidad, sino de un mínimo de empatía para gobernar con solvencia, sin pensar tanto en la quincena como en el fin del lustro para el cual tienen el mandato popular. De ello no deben olvidarse, que se deben a nosotros.

PS: Esta mañana partió Pilar Coll, una de las personas que más ha hecho en nuestro país por los derechos humanos. En momentos siempre difíciles en esta labor incomprendida, recuerdo unas líneas que escribí hace 4 años:

Dar a los demás es una tarea de todos los días. Por eso ella tiene cierto sonrojo frente a los reconocimientos de este tipo. Porque, en realidad, la tarea que esta señora española con el corazón anclado aquí la pudo haber hecho cualquiera de nosotros. Y es que todos los días, sin que lo notemos, podemos hacer algo bueno por alguien. A veces basta un abrazo o una sonrisa y ya hicimos que el sol saliera para una persona en dificultades. Otras veces se requiere de un trabajo más esforzado. Y si ese esfuerzo tiene solidez en el tiempo, termina siendo una forma de vida.

Gracias, Pilar.

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