OBRIGRADO, ODEBRECHT

En los últimos años, se ha cuestionado la relación tan cercana que existió entre Odebrecht y el gobierno de Alan García. ¿Qué opina de esas críticas?
Odebrecht procura estar siempre cerca del Estado peruano porque entendemos que esa es la mejor forma de otorgar bienestar a la población.

Pero esa cercanía, para muchos excesiva, siempre generó suspicacias…
No hay que tener a los empresarios lejos del gobierno. Ambos deben asociarse para sacar adelante proyectos que beneficien a la población. Así lo entendimos y así lo hemos hecho. Por eso hemos estado cerca del gobierno.

¿Qué tan cerca deben estar los empresarios del gobierno?
Los más cerca posible para atender los deseos de la población, pero, claro, la relación debe ser lo más transparente posible.

Y ustedes sienten que siempre han sido transparentes.
Sí, claro, siempre hemos actuado de manera transparente y la prueba es que continuamos aquí.

Con estas palabras culminó una entrevista hecha por Azucena León a Marcelo Odebrecht, presidente de la conocida empresa constructora brasilera, para la sección Economía y Negocios del diario El Comercio, hace algunas semanas. Las preguntas no eran ociosas, pues desde hace varios años se ha hablado de la estrecha relación que la compañía tiene con los gobiernos con los que trabaja, algo que ha sido cuestionado en varios lados.

Hace poco más de un año, el periodista Óscar Miranda publicó en la revista Ideele un extenso reportaje sobre los vínculos entre Odebrecht y el gobierno de Alan García. Y la introducción era bastante sabrosa, pues relata como Lula Da Silva, luego de bajar al llano, se convirtió en conferencista pagado por la constructora:

A mediados de junio, pocos días antes de su encuentro con Humala, Lula viajó a Venezuela invitado por la corporación Odebrecht para dictar un ciclo de conferencias. Los mismísimos Emilio y Marcelo Odebrecht llegaron a Caracas en los días previos para organizar todo y oficiar de acompañantes. Se arregló una reunión con Hugo Chávez. Por entonces, el Gobierno venezolano adeudaba cerca de US$1.000 millones a la constructora y ésta ya no sabía qué hacer para conminarlo a pagar. La prensa, citando fuentes diplomáticas, informó que Lula llegaba a cobrar la deuda de los Odebrecht. Un día antes de que el ex presidente aterrizara en Caracas en un jet privado de la multinacional, Chávez pagó. Los voceros de la compañía aseguraron que la visita y la cancelación de la deuda no tenían nada que ver y que se trataba de una agradable coincidencia. “Lula, un lobista que vale 1 billón”, fue uno de los titulares que dejó el episodio.

Antes de ir a Venezuela, Lula estuvo en Cuba inspeccionando, junto a Raúl Castro, las obras de construcción del puerto de Mariel. En mayo viajó a Panamá para inaugurar, junto al presidente Ricardo Martinelli, un paseo costero en la capital. En ambos casos se trató de obras construidas por Odebrecht. La compañía trasladó a Lula, costeó su estadía y coordinó su agenda de reuniones. En los actos oficiales lo presentaba como su “invitado de honor”.

No es la primera vez que Lula saca la cara por los intereses de la constructora. En el 2008 fue público el intenso lobby que desplegó para evitar que Rafael Correa la expulsara de Ecuador debido a las irregularidades detectadas en las concesiones que había ganado y, sobre todo, a las graves fallas en la construcción de la Central Hidroeléctrica San Francisco. Sin embargo, en aquella ocasión Lula era jefe de Estado y como tal cumplía con defender los intereses del empresariado brasileño en el extranjero. Ahora viaja por el mundo contratado directamente por la compañía. A inicios de julio estuvo en Angola para ofrecer una conferencia organizada por Odebrecht, que opera en el país desde 1984. Según algunos medios brasileños, la empresa le paga nada menos que US$200.000 por discurso.

En el Perú, ya conocemos un par de episodios en los que el abrazo del oso de Odebrecht ha perjudicado la imagen de dos autoridades públicas. El primero, la ya famosa donación para colocar el controvertido Cristo del Pacífico en el Morro Solar a finales del gobierno de Alan, cuestión que si bien no es ilegal, se vio mal en el contexto de un gobierno en el que la empresa ganó harto. El segundo capítulo fue la remodelación de la playa La Herradura, a cargo de la municipalidad de Lima, en la que la donación de arena (que se terminó llevando el mar) fue hecha por la empresa brasilera. En ambos casos, las autoridades beneficiadas terminaron, a la larga, perjudicadas. (Actualización: Hoy por la tarde, Susana Villarán reconoció en entrevista con Patricia del Río que fue un error la donación de Odebrecht).

Un nuevo episodio se ha producido esta semana. En estos días, Diario 16 publicó una versión sobre una charla sobre nutrición dictada por la estudiante de la especialidad (y reconocida modelo) Vanessa Tello a un conjunto de trabajadores de la Autoridad Autónoma del Tren Eléctrico. El tema podría haber terminado en el anecdotario de no ser por el reconocimiento por parte de la AATE que la misma fue pagada por el Consorcio que construye la etapa 2 de la Linea 1 del Metro de Lima: Graña y Montero – Odebrecht.

Aquí la cuestión aumenta un grado en gravedad. De acuerdo a lo que indica la página web de la AATE, su misión es:

Planificar, coordinar, supervisar, controlar y ejecutar el establecimiento de un sistema eléctrico de transporte masivo, eficaz, eficiente y con calidad ambiental para Lima y Callao.

Ello implica, obviamente, controlar que la obra se haga en las condiciones adecuadas y en los tiempos pactados, lo que debe conllevar a una saludable distancia entre quien debe regular la adecuada construcción de la obra y las empresas encargadas de hacer la misma, más aún cuando ya se han registrado algunos cuestionamientos a los montos finalmente pagados a la empresa por las obras hechas en todo el país, incluyendo, claro está, el Tren Eléctrico o Metro de Lima.

De hecho, en el sector privado – sea con o sin fines de lucro – cada vez son más explícitos los códigos de ética y buen gobierno en lo que se refiere al otorgamiento o recepción de donaciones y regalos, dado el carácter delicado que estas acciones, comunes entre ciudadanos comunes y corrientes, conllevan para las empresas o para las asociaciones. El caso Odebrecht debería llevar a que más empresas sean más claras y transparentes en sus políticas sobre esta materia.

MAS SOBRE EL TEMA:

Augusto Álvarez Rodrich: La colita del tren

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