SEXUALIDAD SIN CONDENA

Hace 6 años, a algún iluminado en el Congreso de la República se le ocurrió la “genial” idea de tipificar como violación a las relaciones sexuales con consentimiento en la que al menos uno de los involucrados era una persona mayor de 14 años y menor de 18.  De hecho, el infractor de la norma puede irse entre 25 y 30 años a la cárcel.

A mi juicio, dicha tipificación resulta un error. De un lado, porque ignoraba un hecho biológico: la pubertad. De otro lado, porque pretendía prohibir las relaciones sexuales consentidas entre y con adolescentes, ignorando que las mismas se seguirían produciendo, en forma clandestina.  Peor aún, como ya se ha indicado en algunos medios de comunicación, se llegaban a situaciones absurdas, como el ocultamiento de paternidades para evitar ser conducidos a prisión.

Para nadie es un secreto que muchos padres viven asustados por la fecha de inicio de la actividad sexual de sus hijos, así como por las posibles consecuencias que ello conllevaría. El problema está en que el legislador entendió que el Estado debía penalizar un conducta absolutamente natural y que ni los embarazos adolescentes, ni la posible presencia de enfermedades de transmisión sexual – por mencionar solo dos de los temores paternos – se evitarían llevando a la cárcel al (o la) “responsable” del inicio sexual de un menor. En el fondo, se daba una figura “cómoda” para los padres: ellos se desentendían de hablar de sexo, ya que el Estado prohibía que sus hijos tuvieran relaciones. Todo ello en lugar de asumir su responsabilidad de orientación acerca de esta materia.

Desde la semana pasada se viene discutiendo públicamente esta materia, debido a que en la Comisión de la Mujer del Congreso se ha aprobado un proyecto de ley para corregir este error, que tendrá que ser aprobado en el Pleno del Congreso a partir de agosto.  Y ello ha dividido las voces de congresistas, padres, hijos y dirigentes religiosos (a pesar que el Estado es laico). De hecho, ya la Corte Suprema, mediante un Acuerdo Plenario de 2008, permitía a los jueces inaplicar esta norma, pues ellos podían considerar que era inconstitucional.

Como recoge La República, el proyecto de ley no plantea dejar impunes casos de relaciones sexuales sin consentimiento, e incluso va más allá en la protección de los menores:

Algo más enfática, Celia Huaylla, de 34 años, cree que es mejor no despenalizar nada. “No se puede correr el riesgo de que algunos jóvenes se aprovechen de las chicas y que las embaracen”, indica mientras mira a su hija Angie, de 13 años, a quien dice cuidar como a su mayor tesoro y a quien siempre le habla de los chicos para “que se cuide”. “Ella sabe que debe cuidarse, es pequeña y necesita saber los peligros que hay en la calle”, dice sin dejar el tono de preocupación.

Celia ha dado en el clavo, es decir, precisamente en esa parte del proyecto que no ha tenido mayor difusión, a decir de Beatriz Ramírez, abogada de Promsex. Según la especialista, si bien este proyecto de ley despenaliza las relaciones sexuales consentidas entre y con adolescentes, también establece un “candado” para poder proteger a los menores de figuras como la violación, la seducción o la coacción, que sí son delitos que merecen sanción y pena. Este proyecto tiene, para Ramírez, una novedad, un concepto nunca antes aplicado en la ley peruana para estos temas: la figura del “consentimiento no válido”.

Pongamos –dice Ramírez– un típico ejemplo: un señor de 30 años con una jovencita, digamos, de 17. ¿Qué sucede si la familia de ella sospecha que esa relación surgió bajo una coacción o que la adolescente fue inducida a tener relaciones sexuales? Así el o la adolescente diga que sus relaciones fueron consentidas, si se logra probar lo contrario, es decir que fue inducido o coaccionado, se aplicarán las sanciones correspondientes.

Hay aquí la oportunidad, por tanto, de corregir un severo error en la legislación penal, así como una exigencia al Estado para que pueda implementar políticas serias sobre salud sexual y reproductiva que puedan alcanzar a todos quienes se encuentran en edad de tener relaciones consentidas. Y también una vuelta a la realidad a los padres para que dejen de cohibirse en hablar de sexo cuando se dan cuenta que su pequeño o pequeña dejó de ser tal.

(Figura tomada de aquí)

CASTAÑEDA EN LUZ AMBAR

El último viernes, en el semanario Hildebrandt en sus Trece, se presentó el siguiente trascendido: Gana Perú estaría negociando con Solidaridad Nacional sus 8 votos en el Congreso de la República. A cambio, Luis Castañeda Lossio podría ocupar el Ministerio de Transportes y Comunicaciones o la Presidencia del Consejo de Ministros y Luis Rubio, ex director de los Hospitales de la Solidaridad, pasaría a Essalud.

Si bien esta versión no ha podido ser confirmada, han habido algunas reacciones. Algunas más cercanas a un wishful thinking, como las de Aldo Mariátegui o la del solidario Marco Parra y otras, más bien, han señalado las limitaciones del líder de SN en el gabinete, como indicó el domingo Augusto Álvarez Rodrich (links añadidos por DTP):

No recurriré al argumento fácil de recordar lo que Castañeda dijo sobre Humala en la campaña, pues las elecciones son períodos en que los candidatos se alucinan y dicen lo que sea por ganar votos, pero sí es oportuno recordar que el ex alcalde enfrenta un proceso complejo sobre la honestidad de su gestión edil, así como por su muy probable vinculación en el escándalo de las firmas falsas de Marco ‘Turbio’ Gutiérrez.

Más allá de la especulación sobre un posible puesto en el actual gobierno – lo que aquí consideramos un error, pues, a las razones dadas por AAR, se suma una vocación por la mudez  y sus peleas con medio gremio periodístico, lo que no ayuda a un gobierno que tiene que hacer política más allá del cemento -, resulta interesante saber cuáles son las posibilidades y límites que tiene el actual alcalde para hacer crecer a su agrupación durante los años no electorales.

Hasta el momento, el juego de Castañeda se ha limitado a tres variantes: un puesto en la universidad de su congresista José Luna Gálvez, la continuidad del Instituto Solidaridad para la formación de cuadros partidarios y 8 congresistas que, por lo general, terminan votando en casi todas las votaciones con el gobierno. A ello se suma que cada uno de sus parlamentarios y voceros (o él mismo, en sus pocas apariciones públicas), traten de prolongar lo más posible el recuerdo de sus obras.

Ello le ha sido suficiente para mantener su imagen en el candelero político, además de los fustigamientos a la gestión de Susana Villarán en la Municipalidad Metropolitana de Lima.

Sin embargo, la posición de Castañeda no resulta tan sólida. Hace poco más de un año, luego de la primera vuelta electoral, Eduardo Dargent comparaba las proyecciones de dos personas que se disputaban el mismo electorado: el ex alcalde de Lima y Alex Kouri. Sobre el primero de ellos, enunciaba:

Castañeda, por otro lado, apostó por el personalismo y la obra pública, especialmente en los conos de Lima, pero no construyó organización. La estrategia fue exitosa para mantener cifras apabullantes de popularidad que seguramente le hubiesen dado la reelección. Pero Castañeda no dejó nada cuando abandonó Lima. No invirtió su enorme capital político para construir una organización de alcaldes distritales. Sus segundos están muy lejos de ser candidatos de peso en una elección.

Castañeda tiene, de los 5 candidatos que estuvieron en el pelotón de primera fila, la organización más precaria. SN tiene como núcleo duro a ex funcionarios de la MML y varios de sus congresistas son invitados. Sus escuderos y porristas más entusiastas son asesores parlamentarios. No tiene cuadros técnicos de renombre – tuvo que acercarse a la gente de Todos Por el Perú para que le armen un plan – y su organización durante la campaña fue bastante débil.

Asimismo, la nostalgia por el hacedor de obras resulta frágil. Hasta un grupo político basado en la nostalgia, el fujimorismo, ha tenido que crear una identidad política mayor para poder perdurar más allá de su líder. Más aún cuando las obras y acciones de la actual gestión municipal limeña pueden hacer olvidar a lo que Castañeda haya hecho en el pasado.

Pero quizás el mayor error de Castañeda haya sido su tácito – hasta ahora – apoyo a la revocatoria de su sucesora. No solo porque el proceso terminó despabilando a Villarán y a su equipo (como bien mencionó Pedro Ortiz Bisso en El Comercio hace un mes), sino porque todas las irregularidades en torno al proceso descubiertas durante estas semanas le han salpicado a los promotores oficiales y oficiosos. Más aún cuando miembros de su partido fueron responsables de varios planillones de firmas.

De allí que algunos entusiastas sueñen con una alianza con el gobierno, como único vehículo de salvación de la agrupación. El problema es que no calculan que también asumen el pasivo de Humala, con todo lo que ello implica.

EL FUTURO DEL PPC

Minusvalorado por algunos por su invicta capacidad en perder elecciones presidenciales, encasillado por otros como “el grupo de los ricos”, el Partido Popular Cristiano lleva a cuestas 45 años de vida institucional y, sorprendentemente, cuenta con mejor salud que otras agrupaciones políticas. Por ello, resulta interesante examinar aquellos elementos que han permitido su continuidad, así como algunos rasgos que le impiden una mayor consolidación.

Si bien varias figuras han salido del PPC para emprender su camino propio, este partido ha conseguido llevar a cabo transiciones ordenadas de liderazgo y renovación constante de cuadros. Convertido Luis Bedoya Reyes en figura patriarcal y con Lourdes Flores tomando un tiempo sabático de la política, la vida partidaria se divide en dos líneas claras. Mientras que las figuras que crecieron en torno a Flores Nano son quienes ocupan puestos importantes como congresistas y regidores metropolitanos, el manejo cotidiano de la agrupación está a cargo de quienes preferían que el sector “reformista” esperara algunos años antes de dirigir la nave por sí sola.

Las disputas partidarias, si bien ardorosas dentro de la agrupación, son definidas a través de elecciones internas. Los cargos partidarios, los candidatos al Congreso o a las municipalidades, e incluso las decisiones sobre la conformación o continuidad de alianzas electorales no se imponen por la voluntad de un líder carismático – como García en el Apra -, sino que pasan por un proceso de votación. De esta manera, el partido ha logrado construir vías de institucionalización y de carrera partidaria.

Sin embargo, si bien el PPC se ha autodefinido como un “partido responsable”, no ha podido conseguir llegar a los sectores populares. Su discurso solo ha logrado convencer a los sectores medios urbanos con convicciones democráticas más conectados con el Estado y el mercado, sobre todo en Lima. En 1999, Ernesto Alayza Grundy, figura histórica del partido, reconocía esta dificultad al politólogo Gregory Schmidt con una dura frase: “nunca hemos aprendido a hablarle al pueblo”. Allí estuvo el límite central para que Flores y PPK no pasaran a segunda vuelta en las últimas tres elecciones presidenciales.

Pero también resulta indispensable que definan que tipo de derecha quieren ser. Figuras como Lourdes Alcorta y Alberto Beingolea posicionan al PPC como “partido del orden”, con ardorosa beligerancia frente a todo aquello que esté a su izquierda y con apelaciones a la mano dura. Un ala más socialcristiana, con Flores y Marisol Pérez Tello, intentan un acercamiento hacia los derechos humanos y en darle al Estado un rol promotor y regulador. En minoría, hay un ala más liberal en materia económica.

El país requiere de una derecha democrática que pueda disputarle al fujimorismo las banderas de la seguridad y la estabilidad. El PPC ha demostrado tenacidad en construir un partido como manda la teoría. Su reto está en combinar el orden, el mercado y la democracia en forma atractiva para quienes los han visto lejanos del gusto popular. ¿Podrán lograrlo el 2016?

(Columna publicada en El Comercio el 15.06.2012)

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(Foto: La Industria)

LA INVENCION DE HUMALA

Humala es Chávez. Esa fue la imagen que el sector más reaccionario del lado diestro del espectro político construyó del hoy Presidente de la República. Un monstruo que iba a estatizar las empresas privadas, un sátrapa que conculcaría la libertad de expresión y hasta – esta es mi favorita – un sujeto que pondría a los niños al servicio de una autocracia bolivariana como la que padecen los venezolanos.  A los dos días que fue elegido, comenzaba el besamanos de ese mismo sector. Hoy, ellos se encuentran entre los principales cheerleaders de su otrora cuco.

Humala no es Chávez, pero ojalá hiciera algo parecido. Esa fue la imagen que un sector radical de nuestra izquierda se hizo de su “candidato natural”, como la de un presidente que sería el que transformaría las relaciones entre el Estado y el capital, dando un giro a la izquierda.  El tema es que ignoraron algunos signos que no veían: un partido cuyo objetivo único era ganar las elecciones, espacios de coordinación que solo servían para planificar el paro o marcha de rigor y no una alternativa política, un “candidato natural” al que nadie podía oponerse, un plan de gobierno al que Favre tuvo que quitarle todas las etiquetas “contra el modelo económico neoliberal” para que Humala pasara del 10%. Y ya en la campaña, tampoco vieron venir el carnaval brasilero, con todo lo que ello tenía en temas ambientales y de inversión.

De Humala tenemos dudas. Me quedo con esta parte de la ya inmortal frase de Steve Levitsky porque, en realidad, no hay muchas certezas sobre Humala. De los perfiles hechos por Rosa María Palacios y, más recientemente, por Marco Sifuentes, tenemos pocos elementos para armar el rompecabezas: un hombre con pocas convicciones ideológicas, que no se mueve de sus esquemas hasta que lo convenzan de lo contrario y sobre todo, sumamente desconfiado y amante de los núcleos reducidos. Ello explica a tanto a un metódico candidato que supo moverse hacia el centro para ganar las elecciones, como a un Presidente que viene superando a Luis Castañeda Lossio en cuotas de mudez. Pero las dudas allí permanecen.

Humala a la carta: Así, cada quien se hizo un Humala a la medida. Y por ello podemos encontrar a quienes denostaban sobre él como su principal respaldo mediático, pidiendo incluso que se vaya más a la derecha, sin ver lo contraproducente que esto sería tanto para la gobernabilidad democrática como para la propia sostenibilidad de la inversión privada. Y de allí que veamos al sector zurdo decepcionado, ensayando una serie de nuevos artículos sobre un nuevo fracaso – echándole la culpa a los otros, sin ver los errores propios – y con algunos elementos radicales que terminan enunciando en privado frases del tipo “o se va Valdés o se va Humala”. Los termocéfalos de ambos lados ganan terreno.

¿Quo vadis, Ollanta Humala? El deseo del sector liberal más sensato es que Humala haga política: un mejor Presidente del Consejo de Ministros del que tenemos, una presencia social que vaya más allá de programas asistencialistas focalizados, ir a las zonas de conflictos sociales a explicar porque varió el discurso de opositor en campaña al de Presidente converso y dejar de darle protagonismo al lado más represivo del Estado. Esa, junto a una mejora del proceso de descentralización, sería la salida cuerda.

El problema es que tiene a dos sectores que han fortalecido su discurso en estos meses. De un lado, una izquierda radical herida por el rechazo de “La Gran Transformación”. De otro lado, una derecha conservadora que quiere ir más allá. Como señaló Fernando Tuesta hace meses, comparten el mismo defecto: en lugar de ver que se necesitan a ambas moderadas y fortalecidas, cada una busca eliminar a la otra.

Y en medio de ellas, un gobierno aislado, que no tiende puentes ni siquiera a quienes le permitieron ganar la elección, que reprime por acto reflejo y que olvida que, luego de diez años de (imperfecto) proceso de descentralización, hay otros actores regionales con los que también tiene que saber jugar.

Por ello, quizás más importante que descubrir quien es Ollanta Humala, resulte cada vez más imprescindible saber cuál será su norte. Y sobre todo, que aprenda a defenderlo políticamente. De lo contrario, se limitará al mutis cuando lo critiquen aquí o en el extranjero. Si ser locuaz como García no te salva de ser un gobernante mediocre, ser mudo como Castañeda no te blinda del mismo defecto.

PIQUEO MIXTO (TRES NOTICIAS POR COMENTAR)

Agenda cargada de noticias, así que hoy comentaremos tres de ellas:

1. LIBERACION DEL ALCALDE MOLLOHUANCA: Esta mañana salió en libertad el alcalde de Espinar, Oscar Mollohuanca, luego de estar 10 días en prisión, acusado de supuestos delitos cometidos durante las protestas en dicha zona del Cusco.  Si bien el alcalde salió libre, se tendrá que realizar una nueva audiencia para determinar si continúa el proceso penal en su contra en dicha condición.

El problema con el caso del alcalde está, a mi modo de ver, en lo que hoy registra La República:

Este colegiado concluyó que no consta en la formalización de la investigación preparatoria ni en el requerimiento de prisión preventiva del Ministerio Público imputación necesaria concreta“, por el contrario,  sostiene, solo se reseñan hechos de manera general. Asimismo, señala que en el caso del delito de disturbios,  no se precisa cuál habría sido la participación efectiva del alcalde.

En cristiano, ello quiere decir que el Ministerio Público no ha podido presentar cargos reales y directos contra Mollohuanca. Dado que no hay una imputación clara, el MP tendrá que hacer las precisiones del caso, si es que cuenta con pruebas para ello.

Y he allí un punto que se ha discutido poco en el Perú. Si bien es cierto que el bloqueo de carreteras y los actos violentos realizados en protestas sociales son delitos, también resulta claro que, sin tener imputaciones claras, un caso nunca se podrá resolver. Quienes reclaman el ejercicio del “imperio de la ley” deben tener en cuenta que dicha condición también implica investigaciones serias para la imputación de delitos y no cuestiones vagas como las vistas en este caso.

Por lo demás, hay dos fallecidos en las protestas – Rudecindo Puma y Walter Sencia – cuyas familias requieren saber las circunstancias en que murieron. Y de ello muy pocos hablan. Como tampoco de los sesgos del Ministerio Público ante este tipo de situaciones, como señaló Wilfredo Ardito ayer.

2. URQUIZO Y VALDÉS CONDECORADOS: No con su salida, para mala suerte nuestra, sino con órdenes al mérito otorgadas por el Ejército Peruano. Y para hacer más tragicómico el asunto, Urquizo firma la resolución con la cual él mismo es condecorado. Vean el video vía Willax:

De acuerdo con la nota de prensa del propio Ministerio de Defensa:

El presidente del Consejo de Ministros, Óscar Valdés Dancuart, y el ministro de Defensa, José Urquizo Maggia, recibieron esta tarde la Condecoración Orden Militar Francisco Bolognesi en el Grado de Gran Cruz, por acción distinguida, en mérito a su contribución al desarrollo institucional desde los altos cargos que ocupan.

El señor Urquizo tiene solo un mes como ministro, tarea en la cual ha tenido, más allá de los días iniciales de gestión, un perfil bastante bajo y varios cuestionamientos por su pasado. Mientras que la labor de Valdés al frente de la Presidencia del Consejo de Ministros tiene, en su haber, declaraciones como ésta, justamente, sobre miembros de nuestras Fuerzas Armadas en la Operación Libertad:

“La operación ha sido impecable, siempre van a haber muertos”

3. TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE: Hoy Ollanta Humala cumple su penúltimo día en Europa, donde ha dado declaraciones a favor de los TLC y prometió que se terminará de construir el Lugar de la Memoria a finales de este año. Desde Lima, sin embargo, Marco Sifuentes recuerda la precariedad del entorno presidencial:

El presidente, reducido por propia voluntad a simple tuitero, tiene su propia burbuja de filtros. Su timeline privado y con candado. Como ya es de público conocimiento, se trata de una troika básicamente militar: su consejero, el coronel en retiro Adrián Vilafuerte; su primer ministro, el comandante en retiro Oscar Valdés, y su esposa, Nadine Heredia.

El problema es que la única que allí que no ha sido entrenada para obedecer sin dudas ni murmuraciones es precisamente la persona a la que no se le puede exigir ningún tipo de rendición de cuentas, porque legalmente no es parte del gobierno: la Primera Dama.

Y no, no hay nadie más. La comunicación con su partido es casi nula. El asesor brasileño Favre ha sido desplazado. No confía en los medios de derecha que le hicieron la guerra. No confía en la vieja guardia de izquierda que pateó el tablero junto con Lerner. Considera a sus ministros, en el mejor de los casos, dateros ilustrados. Para colmo, su familia en pleno lo trollea. Todos bloqueados y reportados como spam. ¿Qué queda? La soledad del poder. El filtro de la troika.

Dicha precariedad empata por lo dicho hace un año por Rosa María Palacios:

Si algo hizo por él la campaña del 2006 es volverlo un hombre desconfiado. Terco ya era. Creo que es el político más necio que he entrevistado. Nunca me he peleado tanto con alguien sobre política tributaria como con él, a lo largo de muchas noches. Después de leer su autobiografía entiendo por qué. No tiene ninguna convicción ideológica en materia económica. Le interesan determinados objetivos respecto a la pobreza en el Perú y al honor en el Ejército. Eso es lo que más lo mueve. ¿Cómo lograrlos? Eso le es casi indiferente. Pero cuando absorbe una tesis, la cree sin dudas ni murmuraciones. Hasta que lo convenzan de lo contrario.

Quizás allí esté la clave de por qué algunas decisiones en el gobierno no se toman con la velocidad que se espera. Más aún, cuando las bancadas en el Congreso comienzan a fraccionarse.

CASO PALMA: INTERCEPTACIONES Y CLIMA ENRARECIDO

Con el título de este post, no me refiero al otoño primaveral que vive Lima. Sino a algunas cosas que vienen pasando en la política peruana y que, en la coyuntura actual, cobran mayor interés y preocupación.

El último domingo, La República publicó un reportaje de Marco Sifuentes, editor de INFOS, en relación con una arista de las investigaciones en el caso Rudy Palma, ex periodista de Perú.21 que viene siendo procesado por ingresar a los correos electrónicos de varios funcionarios públicos.

En su reportaje, Sifuentes dio a conocer que, a solicitud del Ministerio Público, desde el Tercer Juzgado Penal Supraprovincial se ordenó el levantamiento del secreto de las comunicaciones de 18 personas, por un plazo de 60 días (hoy El Comercio indica que eran 21 personas), en vinculación con las investigaciones de este caso. Entre las 18 personas intervenidas se encuentran el congresista Luis Galarreta, 8 periodistas, amigos y familiares de Palma, así como otras personas que se vincularon al periodista por cuestiones laborales y personales.

Si bien el levantamiento del secreto de las comunicaciones ordenado por un juez – a pedido de un fiscal – está contemplado por nuestra legislación procesal penal, toda medida limitativa de derechos debe implicar un análisis de su necesidad y racionalidad.

Y eso es lo que se cuestiona a lo largo del reportaje, por dos razones fundamentales. La primera de ellas, tiene que ver con la hipótesis de investigación que está manejando el Ministerio Público: la existencia de una organización criminal.

Y, hasta el momento, como ha señalado Sifuentes así como otras personas que han podido tener acceso a información sobre este caso, dicha tesis no se sostiene, más allá de las teorías de la conspiración ocasionadas por las antipatías que tiene el medio en el que trabajó Palma (y así no se construye un caso).

Como lo han referido varios medios, fue el ministro de Comecio Exterior y Turismo José Luis Silva Martinot quien denunció la intrusión a su correo electrónico – tema del que se percató por correos amenazantes sobre cuestiones de índole personal y familiar – y así se dio con Palma. El problema para el ministro es que, como ha indicado la revista Caretas la semana pasada, dichos correos han seguido apareciendo, con Palma ya en prisión.  Por la evidencia presentada hasta el momento, cualquiera pudo entrar al correo del referido funcionario.

Y, debemos añadir, más allá que el ministro Silva tenga el derecho de salvaguardar su intimidad personal, es necesario que se pronuncie de una buena vez sobre las repetidas versiones de su presencia en la DININCRI, como posible mecanismo de presión.

La segunda razón, demostrada en el reportaje, es que las 18 personas cuyo secreto de las comunicaciones fue levantado no tenían vinculación alguna sobre el caso, dado que no hablaban con Palma hace meses o solo tenían vinculación laboral o personal con él. Quizás la situación más ridícula sea la vinculada al gimnasio al que Palma acudía:

El caso del gimnasio ilustra muy bien el arbitrario criterio utilizado para determinar qué números se iban a intervenir. Su personal, sin saber que Palma había sido detenido, estuvo llamando a su celular para saber por qué no se había presentado para su rutina habitual.

El caso se complica más por otros personajes interceptados. En el caso de los 8 periodistas, las conversaciones interceptadas pudieron revelar a algunas de sus fuentes. Recordemos que la Constitución salvaguarda que los periodistas mantengan a sus fuentes en absoluta reserva. Y dicha medida se hace aún más gravosa cuando no tiene mayor fundamento.

Pero el tema ha tenido mayor relevancia por el congresista Galarreta. Como parlamentario opositor, no solo ha cuestionado la medida en sí misma – de hecho, ya se armó la discusión sobre si la medida está o no cubierta por la inmunidad parlamentaria – o el plazo final de su ejecución (la Fiscalía dice que fueron 48 horas, al final, mientras que el parlamentario dice que más tiempo). También acusa que esto tiene un móvil político, vinculado a la elección de los directores del BCR o a su posición contraria a la delegación de facultades tributarias.

Si bien Abugattás y Marisol Espinoza han descartado cualquier acción del gobierno en ello y han respaldado a Galarreta, la arbitrariedad de la medida hace que viejos fantasmas y suspicacias aparezcan en el ambiente. De allí que la OCMA anunció ya una investigación sobre el caso.

¿Por qué esta investigación ha terminado yéndose de cauce? Los más suspicaces señalarán que el gobierno tiene una animadversión especial contra Perú.21, un diario que es de nítida oposición a Humala, más aún cuando en Palacio están preocupados por el tratamiento mediático de los conflictos sociales, como señala Mirko Lauer en su columna de hoy (aunque lo de la “humanización” de los líderes de las protestas no aplicaría a este medio). Mientras que otras versiones apuntarían a los defectos de investigación que tiene el Ministerio Público desde hace varios años y que, como hace notar Wilfredo Ardito, también se arrastran a los conflictos sociales.

Ello, más aún, en un clima político que, como señala Carlos Meléndez en su columna de hoy en El Comercio, al estar tan polarizado, hace que todo se vea con el cariz de la manipulación y la desconfianza mutua.

Como señaló el abogado Miguel Morachimo en relación con este caso “si se desestima el cargo de los secretos estatales, esta es una oportunidad excelente para el Estado de demostrar cómo se puede impartir justicia y condenar a periodistas por delitos que efectivamente cometieron sin poner el riesgo las garantías para la libertad de expresión”. Sin embargo, este proceso penal, con todos los errores cometidos – de los que habrá que determinar si hay torpeza o dolo – , ha terminado con tantas irregularidades que, a la larga, parece que importara poco esclarecerlo en serio.

De hecho, al cierre de este post, el Ministerio Publico ha dejado sin efecto el nombramiento del fiscal William Montes, encargado del caso, en tanto duren las investigaciones. Esta novela tiene aún para rato.

(Foto: La República)

¿QUIEN REPRESENTA AL CENTRO?

Hace algunos años, en una entrevista hecha por Eduardo Dargent y Alberto Vergara, Valentin Paniagua definía lo que consideraba como “centro radical” a partir de esta frase: “Bobbio prefiere usar el término libertario y por eso él, siendo un liberal, dice que es un liberal socialista, porque él no entiende la libertad sin un acento social y sin un sentido de responsabilidad y solidaridad elemental con los demás”. Cabe preguntarse, entonces, si es posible la existencia de una alternativa política que represente esta visión de país.

Dargent señaló hace algunos meses que tenemos tres segmentos claros en el electorado peruano. De un lado, existe un sector de ciudadanos críticos que demandan reformas profundas, vinculadas con una mayor presencia del Estado. De otro lado, hay un grupo de ciudadanos beneficiados con el crecimiento económico, con tendencias más conservadoras. Finalmente, aparece un conjunto de peruanos, entre el 40% y 50% de votantes, inclinados hacia cambios graduales en la economía y la política. Esta última fracción ha definido las elecciones presidenciales de la última década.

Esta clasificación de los electores cuadra con algunos datos proporcionados por Alfredo Torres en su libro “Opinión Pública 1921 – 2021”. Ni la izquierda – radical o moderada – ha podido ganar elecciones por sí sola, ni la derecha liberal democrática ha podido sacarse la etiqueta de representante de los sectores más pudientes. Mientras que la mayor parte de peruanos prefiere que el Estado intervenga en el mercado solo en lo necesario.

Sin embargo, a pesar de ganar con los votos del centro, los dos últimos presidentes que tuvo nuestro país terminaron como garantes del orden económico, con poca capacidad para emprender políticas sociales más allá del asistencialismo ni reformas políticas democráticas. Humala va en dirección a convertirse en una réplica de sus antecesores, debido a su precariedad y su idea de orden.

Alejandro Toledo era el llamado a ocupar este espacio centrista. Sin embargo, sus esfuerzos por consolidar Perú Posible sólo han conseguido construir un estado mayor propio. Sin Acción Popular como aliado, queda perdida para él, por ahora, la oportunidad de ser el heredero político legítimo de Fernando Belaúnde o del propio Paniagua. A ello se suman sus indefiniciones en relación con este gobierno, que lo muestran tan vacilante como en la campaña electoral.

A la ausencia de un “líder natural” de este espacio político, se suma un factor enunciado hace un año por Martín Tanaka, quien indicó que en contextos ideologizados y de polarización social y política, el centro termina debilitado. Y en la coyuntura actual se tiende a posiciones extremas, sin matices. Valdés y Santos son ejemplos de ello.

Por ello ha resultado solitaria la propuesta de Álvaro Vargas Llosa de un Presidente de Consejo de Ministros centrista. Si bien coincido con dicha propuesta, es más importante la construcción de un partido en esa línea, para que este sector no quede a expensas del mal menor de turno. Una tarea a contracorriente, pero imprescindible.

(Columna publicada en El Comercio el 08.06.2012)

MAS SOBRE EL TEMA:

Un análisis sobre la representación de la izquierda en la columna de Eduardo Dargent

(Foto extraída de aquí)