CASTAÑEDA EN LUZ AMBAR

El último viernes, en el semanario Hildebrandt en sus Trece, se presentó el siguiente trascendido: Gana Perú estaría negociando con Solidaridad Nacional sus 8 votos en el Congreso de la República. A cambio, Luis Castañeda Lossio podría ocupar el Ministerio de Transportes y Comunicaciones o la Presidencia del Consejo de Ministros y Luis Rubio, ex director de los Hospitales de la Solidaridad, pasaría a Essalud.

Si bien esta versión no ha podido ser confirmada, han habido algunas reacciones. Algunas más cercanas a un wishful thinking, como las de Aldo Mariátegui o la del solidario Marco Parra y otras, más bien, han señalado las limitaciones del líder de SN en el gabinete, como indicó el domingo Augusto Álvarez Rodrich (links añadidos por DTP):

No recurriré al argumento fácil de recordar lo que Castañeda dijo sobre Humala en la campaña, pues las elecciones son períodos en que los candidatos se alucinan y dicen lo que sea por ganar votos, pero sí es oportuno recordar que el ex alcalde enfrenta un proceso complejo sobre la honestidad de su gestión edil, así como por su muy probable vinculación en el escándalo de las firmas falsas de Marco ‘Turbio’ Gutiérrez.

Más allá de la especulación sobre un posible puesto en el actual gobierno – lo que aquí consideramos un error, pues, a las razones dadas por AAR, se suma una vocación por la mudez  y sus peleas con medio gremio periodístico, lo que no ayuda a un gobierno que tiene que hacer política más allá del cemento -, resulta interesante saber cuáles son las posibilidades y límites que tiene el actual alcalde para hacer crecer a su agrupación durante los años no electorales.

Hasta el momento, el juego de Castañeda se ha limitado a tres variantes: un puesto en la universidad de su congresista José Luna Gálvez, la continuidad del Instituto Solidaridad para la formación de cuadros partidarios y 8 congresistas que, por lo general, terminan votando en casi todas las votaciones con el gobierno. A ello se suma que cada uno de sus parlamentarios y voceros (o él mismo, en sus pocas apariciones públicas), traten de prolongar lo más posible el recuerdo de sus obras.

Ello le ha sido suficiente para mantener su imagen en el candelero político, además de los fustigamientos a la gestión de Susana Villarán en la Municipalidad Metropolitana de Lima.

Sin embargo, la posición de Castañeda no resulta tan sólida. Hace poco más de un año, luego de la primera vuelta electoral, Eduardo Dargent comparaba las proyecciones de dos personas que se disputaban el mismo electorado: el ex alcalde de Lima y Alex Kouri. Sobre el primero de ellos, enunciaba:

Castañeda, por otro lado, apostó por el personalismo y la obra pública, especialmente en los conos de Lima, pero no construyó organización. La estrategia fue exitosa para mantener cifras apabullantes de popularidad que seguramente le hubiesen dado la reelección. Pero Castañeda no dejó nada cuando abandonó Lima. No invirtió su enorme capital político para construir una organización de alcaldes distritales. Sus segundos están muy lejos de ser candidatos de peso en una elección.

Castañeda tiene, de los 5 candidatos que estuvieron en el pelotón de primera fila, la organización más precaria. SN tiene como núcleo duro a ex funcionarios de la MML y varios de sus congresistas son invitados. Sus escuderos y porristas más entusiastas son asesores parlamentarios. No tiene cuadros técnicos de renombre – tuvo que acercarse a la gente de Todos Por el Perú para que le armen un plan – y su organización durante la campaña fue bastante débil.

Asimismo, la nostalgia por el hacedor de obras resulta frágil. Hasta un grupo político basado en la nostalgia, el fujimorismo, ha tenido que crear una identidad política mayor para poder perdurar más allá de su líder. Más aún cuando las obras y acciones de la actual gestión municipal limeña pueden hacer olvidar a lo que Castañeda haya hecho en el pasado.

Pero quizás el mayor error de Castañeda haya sido su tácito – hasta ahora – apoyo a la revocatoria de su sucesora. No solo porque el proceso terminó despabilando a Villarán y a su equipo (como bien mencionó Pedro Ortiz Bisso en El Comercio hace un mes), sino porque todas las irregularidades en torno al proceso descubiertas durante estas semanas le han salpicado a los promotores oficiales y oficiosos. Más aún cuando miembros de su partido fueron responsables de varios planillones de firmas.

De allí que algunos entusiastas sueñen con una alianza con el gobierno, como único vehículo de salvación de la agrupación. El problema es que no calculan que también asumen el pasivo de Humala, con todo lo que ello implica.

2 thoughts on “CASTAÑEDA EN LUZ AMBAR

  1. Lo primero que debe pedir el proximo Primer Ministro para aceptar el cargo, es que no participe bajo ninguna circunstancia la esposa del Presidente, imaginense a Castañeda con su caracter hosco tener que aguntar a la figureti de Nadine, imposible mejor !!!

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