LA IZQUIERDA Y HUMALA

En estas semanas que estuve de vacaciones, se ha debatido mucho sobre la relación que la izquierda cercana al proyecto nacionalista y el Presidente de la República sostendrían en el futuro. Dicha discusión se agudizó cuando Rosa Mavila hizo un amague de salida, que fue respondido por Daniel Abugattás y que finalmente generó que Javier Diez Canseco, en entrevistas con Emilio Camacho y Rosa María Palacios, señalara que el sector de izquierda se quedaba en el gobierno como un bloque de “apoyo crítico”. Aquí algunas anotaciones mías acerca de esta relación:

1. Un debate solo por los puestos: Como señaló Augusto Álvarez Rodrich en su columna del domingo, mucha de esta discusión se ha centrado en el eje equivocado: cuántos izquierdistas hay o no en el gobierno. De allí que uno vea a Aldo Mariátegui o el editorial de El Comercio de hoy pugnando por “la gran depuración”, mientras que Sinesio López sigue sosteniendo aquello de “la captura de Humala en Cajamarca” luego de la salida de todo el grupo de Ciudadanos por el Cambio de las filas del Ejecutivo. Ninguno de ellos se concentra en lo fundamental: el rumbo del gobierno en políticas públicas. Todo se concentra en lo señalado hace algunas semanas por Fernando Tuesta: la destrucción de un bando por parte del otro.

2. La izquierda nunca fue parte del núcleo duro del nacionalismo: El núcleo duro del PNP siempre fue de dos personas: Ollanta Humala y Nadine Heredia. Y alrededor de ellos, personas que le fueron funcionales en algunos momentos (Carlos Tapia, Salomón Lerner Ghitis), que lo siguen siendo ahora (Daniel Abugattas) y los que le resultan siendo prácticos el día de hoy (Oscar Valdés y Luis Miguel Castilla).

¿Y la izquierda? Pues sí se hace un repaso de lo que ocurrió en los años previos a la campaña electoral, la imagen que queda es la de grupos menores con algunas figuras importantes que buscaban subir al coche nacionalista en mejores condiciones. Ese fue todo el debate interno. No se discutió que Ollanta Humala era el candidato y se asumía que el programa sería igual de radical que el 2006. De hecho, eso se deja ver en el documento de conformación de la alianza Gana Perú entre el PNP y los grupos de izquierda que no tenían inscripción formal en el JNE.

Pero no contaron con algo. Y es que, más que ellos, terminó pesando más la “gran transformación” que el equipo de estrategas brasileros hizo con Ollanta Humala. Y no era un mero giro táctico como ellos suponieron. De hecho, el plan de gobierno que Ciudadanos por el Cambio elaboró y que fue tan satanizado durante la campaña electoral terminó en la oficina del Jurado Nacional de Elecciones por una casualidad, como comenta Rosa María Palacios, una de las periodistas que más criticó el proyecto original:

El grupo de Plan de Gobierno, liderado por el economista Félix Jiménez, preparó un documento con otros intelectuales de izquierda que ni los Humala ni su más cercano entorno político leyó completo. Humala pidió que se presentara un documento breve para cumplir con el requisito formal. Con buena o mala fe, eso nunca  se sabrá, “alguien” introdujo el proyecto del plan completito. ¿En la esperanza de amarrar al candidato a unas convicciones económicas que ya no tenía? ¿Asustados porque el candidato creía ya para ese entonces en la estabilidad de los contratos o en la inversión privada como motor de la economía?

3. Los errores en el gobierno: Más que temas duros de gestión, la izquierda “histórica” cercana a Humala cometió tres grandes errores durante su estadía en el gobierno. El primero, de percepción, ha sido señalado hoy por Juan Carlos Tafur:

En el caso concreto del gobierno actual no ha sido capaz de analizar con inteligencia frente a qué se enfrenta. Humala no representa ya La Gran Transformación. De eso no cabe la menor duda desde la segunda vuelta electoral. Pero no es un gobierno derechizado y entregado –como dicen- a los embrujos de la derecha empresarial y los poderes fácticos. Humala aplica La Gran Moderación. Y no ser capaces de entenderlo y asumir que ello no la coloca fuera (como lo hacen varios ministros de clara identidad izquierdista que lo asumen y se mantienen trabajando en el gobierno), revela una vez más una pulsión autodestructiva, guiada por fundamentalismos, y ajena al ejercicio democrático del poder, donde nadie consigue, pues, el 100% de lo que se propone (y menos cuando se ha sido un furgón electoral antes que la locomotora del triunfo).

Este último punto llevó a un segundo error: creer que todas las batallas a pelear eran la última. En esa línea, señaló hace algunos meses el historiador Antonio Zapata:

Por otro lado, los impacientes creen que todas las batallas son definitivas. Por ello, viven al borde del Rubicón, sin oír a la otra parte ni abrir puertas de negociación; van al combate sin segunda opción. No hay cultura del punto intermedio y se prefiere la disputa, como si fuera una actitud más franca y directa.

Y el tercer error fue sobrevalorar sus propias fuerzas, importancia y condiciones. En esa línea, apunta Javier Torres:

Está claro que la izquierda que se comprometió con “la gran transformación” primero, y con “la hoja de ruta” después, lo hizo con un excesivo voluntarismo y con muy poca articulación y coordinación entre quienes ocuparon puestos de gobierno de relevancia como ministerios y viceministerios. En buena medida, debido a ello, no pudieron enfrentar la embestida de otros actores al interior del gobierno, que no solo tenían poderosos aliados afuera, sino una mayor capacidad para la gestión pública.

Así como se critica a cierta derecha conservadora su menosprecio hacia los derechos humanos (olvidando que tienen raíces liberales), nuestra izquierda “histórica” olvida que el libre mercado es, en estos momentos, una condición para el desarrollo. Puede criticarse muchos aspectos de la forma cómo se aplica en nuestro país y allí es necesaria la existencia de una izquierda liberal que pueda apuntalar a un Estado fuerte en su rol regulatorio. Y nuestros zurdos tendrán que entender que no todos los del otro bando son fujimoristas, así como solicitan que dejen de satanizarlos desde la vereda de enfrente.

La lección para la izquierda está en la construcción de uno o dos proyectos propios que le permitan depender menos de caudillos. Pero ello implica trabajo de base en distintos sectores que, hasta el momento, no han dado. He allí, además de los problemas de percepción antes anotados, el principal problema de un sector que debe existir en el país, pero que debe comenzar a entenderlo mejor.

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SOBRE SALUD MENTAL Y DEFENSA CIVIL

Son dos temas que deberían estar en la agenda pública desde hace mucho tiempo. Pero generalmente vienen a la memoria periodística cada vez que ocurre un incidente, una tragedia o un desastre natural. Y ello tiene alguna explicación.

En relación con la salud mental, existen muchos prejuicios. Al hablar de ella, se cree que es un tema vinculado estrictamente a patologías y adicciones. Y, peor aún, tanto la persona afectada en su salud mental como el adicto son estigmatizados por la sociedad. En ello incidió la columna de Juan Carlos Tafur del último sábado:

En ese contexto, resulta condenable que ninguno de los gobiernos últimos haya tomado la decisión de construir hospitales especializados. Desde que se construyera el mencionado Delgado-Noguchi (hecho, además, gracias a la cooperación japonesa), no ha habido ninguno otro.

Las denominadas “comunidades terapeúticas” son una opción legítima, sin duda, pero si no cuentan con una estricta supervisión estatal terminan siendo simples lugares de encierro que extirpan el problema de los hogares, pero ni curan ni alivian, ni mejoran la salud de los pacientes.

De hecho, si no fuera por los lamentables sucesos ocurridos este fin de semana en San Juan de Lurigancho, todos los problemas vinculados a los centros de rehabilitación informales, así como al tratamiento de la salud mental en nuestro país seguirían donde generalmente están: en reportajes de relleno de programas televisivos de fines de semana, donde, además, en algunos casos, se presenta a las personas que sufren este tipo de patologías para hacer escarnio o burla de su condición.

Similar irresponsabilidad ocurre en torno a la defensa civil, mentada únicamente cuando ocurre un desastre natural, como el sismo de anoche ocurrido en Ica. Tan es así que, en plena campaña electoral, Patricia del Río alertó sobre cómo la mayoría de candidatos (y ciudadanos) eran indolentes ante el tema:

Por casa, en cambio, seguimos actuando con soberbia. Con insolencia. Con la estúpida convicción de que el terremoto va a ocurrir siempre al otro lado del mundo. Como si no existiera Chile, como si no hubiéramos vivido lo de Pisco. De acuerdo con el Atlas de Amenazas Naturales, editado por la Comunidad Andina, en el Perú hay 18,7 millones de habitantes (69% del total de la población) que viven expuestos a amenaza sísmica alta. Esto quiere decir, que ocupan regiones donde hay grandes posibilidades de que ocurra un fuerte terremoto. Y no solo están expuestas las personas: el 67% de nuestras carreteras sufre la misma amenaza, así como la totalidad de nuestros puertos marítimos, y el 72% de las líneas de transmisión eléctrica.

Todos sabemos que si nos agarra un terremoto de 8.9 grados, no habrá simulacro ni defensa civil que nos ampare. Nuestras construcciones siguen siendo precarias, y ni siquiera nuestros bomberos cuentan con un presupuesto digno que les permita movilizarse rápidamente en caso de emergencias. No hay nada que nos salve de una catástrofe y lo más grave del asunto, es que una vez más nuestros políticos no tienen propuestas serias al respecto.

¿No me creen? Pues lean los planes de gobierno de los candidatos a la presidencia. Salvo Pedro Pablo Kuczynski, que menciona la reestructuración de Defensa Civil como uno de los pilares de su gobierno, sin dar más detalles de cómo se hará este proceso, los otros candidatos ni siquiera le dedican a la prevención de desastres naturales un capítulo especial en sus propuestas. Tienen sugerencias aisladas como fortalecer edificaciones o implementar un sistema único de prevención, pero estas iniciativas están puestas así nomás, de pasada, sin que generen ningún entusiasmo por ser desarrolladas o implementadas seriamente.

De hecho, le dí una revisión al plan original de Ollanta Humala y no tenía una política articulada sobre el tema, sino varias medidas aisladas referidas, sobre todo, al sector urbano y a las viviendas.Aunque las disputas de puestos en Defensa Civil al inicio de este gobierno indican que, lamentablemente, seguiremos con la política y la cultura de poca planificación en torno a esta materia que, literalmente, puede salvarnos la vida.

(Foto salud mental: Diario 16.  Foto defensa civil: El Comercio)

ELECCIONES EE.UU.: ¿OBAMA REELECCIÓN?

Concluimos la columna de la semana pasada señalando que, salvo que hubiera un descalabro económico, Barack Obama tenía muy serias posibilidades de conseguir su reelección. Exploremos las razones por las cuales esta premisa puede tener validez.

Para empezar, es necesario señalar que Obama ha padecido del síndrome de la desilusión, generado por presidentes que llegan con un mensaje de cambio y que generan altas expectativas. Peor aún, le costó mucho conformar un equipo de asesores bien afiatado, como lo muestra el libro de la periodista Jodi Kantor “The Obamas”, aparecido hace algunas semanas en Estados Unidos.

El crecimiento económico y la reducción de las tasas de desempleo aún aparecen como pequeñas ante la magnitud de la crisis y un discurso que generó una alta dosis de esperanza. Obama tuvo fallas de comunicación para explicar que el proceso sería lento y para posicionar reformas importantes, como la del sistema de salud.

Entendiendo esas fallas, es que Obama, el martes pasado, dio su discurso de cuenta general al país sobre cuatro grandes ejes: éxitos en materia de política exterior, una política económica vinculada a la clase media, retórica que apela al hartazgo del obstruccionismo republicano y una apuesta por la innovación y la preservación del medio ambiente.

En base a esa visión general, el actual mandatario presentará sus propuestas electorales. Y no esperará a agosto. Comenzará en los próximos días una gira por cinco estados. Y cada vez más se convertirá en un presidente en campaña. Para su fortuna, la economía sigue creciendo de a pocos y no se prevé, por ahora, un descalabro mayor que la haga retroceder aún más.

Pero el factor central que puede explicar por qué Obama tiene serias opciones de ganar es el Partido Republicano. Si hace algunas semanas Steve Levitsky resaltó que el giro hacia la extrema derecha dejaba descolocados a los conservadores, luego de las primarias en Carolina del Sur, la situación es dramática. Los ataques que se dan los candidatos republicanos son municiones que luego usarán los demócratas. Y no se nota una propuesta seria por parte de muchos de ellos.

No le será fácil a Obama. Los republicanos han sabido ponerlo contra las cuerdas en algunas ocasiones y quieren pelearle con decisión la cancha de las redes sociales, que supo manejar bien en 2008. Pero tiene factores a favor que puede aprovechar. Aún estamos en los primeros metros de una larga carrera.

(Columna publicada en Diario 16 el 26.01.2012)

NO A SENDERO, NO A MOVADEF

Si hay un tema en el que nunca se debe tener ambigüedades es en el rechazo a Sendero Luminoso. Como bien señala la Comisión de la Verdad y Reconciliación, al inicio de su capítulo sobre dicha organización:

El Partido Comunista del Perú, conocido como Sendero Luminoso (PCP-SL), es una organización subversiva y terrorista, que en mayo de 1980 desencadenó un conflicto armado contra el Estado y la sociedad peruana. La CVR ha constatado que a lo largo de ese conflicto, el más violento de la historia de la República, el PCP-SL cometió gravísimos crímenes que constituyen delitos de lesa humanidad y fue responsable del 54% de víctimas fatales reportadas a la CVR. En base a los cálculos realizados, la CVR estima que la cifra total de víctimas fatales provocadas por el PCP-SL asciende a 31,331 personas.

Y de allí que sea importante recordar lo letal que fue SL para todos los peruanos. Este reportaje de Bruno de Olazabal, elaborado para el Instituto de Defensa Legal, muestra el horror que representó esta organización, en términos de muerte y destrucción que intentaron justificar, que intentaron justificar en nombre de una ideología trasnochada (peor aún, tomando como base una interpretación antojadiza del marxismo) y aprovechando de muchos de los defectos de la sociedad peruana:

Hoy los familiares de los senderistas y sus abogados intentan que su brazo político, el MOVADEF, sea inscrito como partido ante el Jurado Nacional de Elecciones. Una cuestión que debe ser tajantemente rechazada por razones éticas: el MOVADEF no claudica sobre ninguna de las banderas del denominado “pensamiento Gonzalo” y, peor aún, propone una amnistía general para todos los perpetradores de violaciones de los derechos humanos ocurridas entre 1980 y 2000.  Y la CVR fue clara en señalar que Sendero Luminoso no tiene cabida en el sistema democrático peruano (remarco esto porque no falta alguno en repetir como loro lo que dice el fujimorismo. Lean el Informe Final o su versión abreviada. Lean).

Para quien quiera profundizar en que es MOVADEF y porqué insistimos en que es un organismo de fachada de Sendero Luminoso, puede leer este reportaje de Noticias SER que muestra como es el monstruo por dentro.

Claro está, como lo indica Patricia del Río, no son los únicos que proponen el “borrón y cuenta nueva” para crímenes tan execrables:

Aunque suene a locura, Crespo no está solo: el ex congresista Javier Valle Riestra hace años que sostiene que la pacificación del Perú pasa por el perdón y libertad de Víctor Polay Campos. El ex ministro de Trabajo Rudecindo Vega declaró, cuando aún formaba parte del Ejecutivo,  que debíamos  “dar amnistías en todos los sectores”.  El fujimorismo no se ha quedado atrás y cuando se le pregunta a su vocero  Rolando Reátegui sobre una posible amnistía general responde que hay que someterla a debate y  referéndum. Y cómo olvidar los pedidos del ex ministro de Defensa Daniel Mora para que se liberen a Fujimori, a Antauro Humala y a los militares involucrados en casos de violación de Derechos Humanos.  Etnocaceristas, militares, terroristas y fujimoristas acarician desde sus distintas esquinas y sus diversas motivaciones, la misma idea: abrir las puertas de las cárceles para que todos los que mataron impunemente o permitieron que otros maten, salgan a las calles.

Más allá de la indignación (que ha abarcado desde la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos hasta el PPC), las marchas y las protestas reales y virtuales que se puedan producir frente a este intento del MOVADEF por aprovechar la legalidad para sus protervos fines, es necesario tomar ciertas medidas para defender la democracia. Y esas medidas pasan por la legalidad, la política y la memoria.

En torno a los temas legales, Rosa María Palacios ha sido bastante clara:

Una revisión de la Ley de Partidos Políticos permite encontrar elementos suficientes para denegar la inscripción. Por ejemplo, dice la norma que un objetivo del partido político es “contribuir a preservar la paz, la libertad y la vigencia de los DDHH”.  ¿Puede el “Pensamiento Gonzalo”, base del ideario de MOVADEF, sostener esos principios sin provocar indignación? Sin embargo, el artículo 14 establece que la declaración de ilegalidad por conducta antidemocrática (y señala específicamente actos terroristas) solo puede ser expresada por la Corte Suprema a pedido del Fiscal de la Nación o Defensor del Pueblo. Hay aquí, por tanto, un trabajo legislativo urgente para corregir un sinsentido legal. ¿Tendría que inscribirse al MODAVEF para poder declararlo ilegal? Obviamente, no tiene sentido, pero la norma actual daría pie a esa interpretación.

Por tanto, es necesario que la modificación legal propuesta en estas semanas para hacer aún más clara la prohibición contemplada en la Ley de Partidos Políticos sea aprobada lo más pronto posible, para evitar dar algún resquicio legal a esta gente. De hecho, ya el gobierno ha presentado una propuesta de ley sobre la materia.

Lo segundo es trabajo político. Cada vez que Sendero ha querido dar sus coletazos en universidades públicas, se ha insistido mucho en la necesidad de que los partidos políticos hagan su chamba allí. Como indicó Roberto Bustamante cuando un grupúsculo senderista quiso hacer de las suyas en San Marcos hace años:

Lo de San Marcos ha sido claramente una provocación, y si algo sabemos de las provocaciones políticas es que lo que buscan es que el debate se caiga al suelo, que no se discuta, y que más bien todos estemos atemorizados o expectantes. ¿Qué buscan los que han hecho este clarísimo acto de provocación? Una reacción violenta. Lo han hecho antes, lo hacen ahora, y así buscarán decir “teníamos la razón”. Been there, done that.

¿Qué hacer? Organizarnos. El doble. El triple. Estar alertas. Pararnos al frente y no pisar el palito, porque ellos van a aprovechar cualquier cosa para decir “allí, está, teníamos la razón” (así funciona su lógica). Ganarles la partida de mano. Enmendarles la plana, en los pasillos, en las aulas, en las paredes, en los patios.

En esa misma línea, va la columna de Santiago Pedraglio de hoy:

Sin embargo, la pregunta de fondo es esencialmente política: ¿Cómo un movimiento evidentemente vinculado a Sendero Luminoso puede obtener cerca de 400 mil firmas sin utilizar ningún service para conseguirlas?

La respuesta tiene mucho que ver con la situación de los partidos políticos en nuestro país.

Desde la crisis del primer gobierno de Alan García y el poderoso movimiento antipartidario que despertó el gobierno de Alberto Fujimori, los partidos no han levantado cabeza.

Salvo excepciones, solo existen para los procesos electorales. No tienen dinámica interna ni militancia activa, ni menos aún se interesan por construir fidelidad a su organización y una cultura política democrática de debate y de táctica en el ejercicio del quehacer político.

La idea de que las adhesiones políticas se deciden en los medios de comunicación, sobre todo en la televisión, hace perder todo interés por construir o solidificar colectivos partidarios en Lima y en el resto del país.

Y lo tercero es la memoria. Juan Carlos Tafur insistió en su columna del domingo sobre esta materia:

Sería bueno que este hecho sirva, de paso, para que se reflexione sobre la irresponsable insensatez de algunos sectores del país que se han dedicado toda una década a denigrar el informe de la Comisión de la Verdad por prejuicios nimios. O a tratar de sabotear que se erija el Lugar de la Memoria. Bajo el falaz argumento de que ambos esfuerzos contienen un maquillaje del horror terrorista, se ha impedido que el país, y en especial la juventud, conozca una historia que no vivió en carne propia.

Lo último que el país debía haber hecho respecto de los años del terror era ponerle una lápida encima. Y en ese contexto resalta la pasmosa frivolidad asentada detrás del discurso que ha logrado construir la idea de que cualquier preocupación por los derechos humanos o los fueros legales revela una actitud “proterrorista” (¿?).

(…)

Cuando una tragedia colectiva como la sufrida por el Perú se trata de olvidar solo para esconder errores políticos de los gobiernos que la afrontaron, se termina por abrir las esclusas para que reaparezcan actores que, a causa de ello, han perdido la noción de lo que ocurrió.

Y creo yo que este último aspecto ha sido parte de la clave para que muchos políticos hayan querido enterrar el Informe Final de la CVR en un estante o hayan querido que se olvide. Si bien es cierto que la democracia no puede ser boba frente a Sendero Luminoso, durante los años del terror varios agentes del Estado cometieron graves violaciones a los derechos humanos, con los gobiernos mirando hacia el techo y, en el caso de Fujimori, con su consentimiento delictivo en las acciones del grupo Colina. Y parte de la sociedad, lamentablemente, comparte el “sinsentido común” expresado alguna vez por Raúl Romero:

Y si se hablaba de la Cantuta, de Barrios Altos y de cierto control del Poder Judicial, a muchos de nosotros, desgraciadamente, nos parecía tolerable. Que me perdonen las víctimas, pero desde el punto de vista macropolítico nos parecía que era un precio a pagar.

Ninguna vida es un precio a pagar. Esa es la lógica que Sendero quiso imponerle al país con su baño de sangre y en la que, desafortunadamente, algunos peruanos cayeron e intentan justificar hasta el día de hoy. Y otros aplican la misma lógica para justificar otras muertes, cometidas por agentes estatales. Si queremos diferenciarnos de la barbarie, no actuemos como ellos. La democracia peruana debe preservarse, comenzando por los valores éticos que están en su base: el respeto a la ley y a los derechos humanos. Por ello, no a MOVADEF.

MAS SOBRE EL TEMA:

Una visión complementaria, sobre lo que se debe hacer en la escuela frente al senderismo, vía El Morsa

ELECCIONES EE.UU.: REPUBLICANOS

Como anticipamos la semana pasada, hoy veremos algunas proyecciones de las elecciones internas en el Partido Republicano. Hasta el momento, se han celebrado el caucus en Iowa y las primarias en New Hampshire, en las que el vencedor ha sido el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney.

De ganar este sábado las primarias de Carolina del Sur, resulta bastante probable que Romney sea el candidato presidencial republicano. El estado antes mencionado es uno de los más conservadores del país y, según los sondeos de opinión, Romney aparece como el único que podría ganarle a Obama.

En estos años, los republicanos se han ido aun más a la derecha. En términos económicos, apuestan por no aumentar los impuestos, sobre todo a los sectores más ricos del país, a quienes muchos perciben como corresponsables de la crisis económica. Mientras que en lo que se refiere a términos de la vida privada de las personas, buena parte de la base del voto republicano, representado en el Tea Party, apuesta, entre otras banderas, por la negación del cambio climático, un retroceso en el reconocimiento del matrimonio homosexual, la discusión de la teoría de la evolución de Darwin y el fundamentalismo religioso.

Si bien el Tea Party fue efectivo para que, en varios momentos, los republicanos pusieran a salto de mata a Obama, ha dejado al partido bastante cerca de los extremismos. Y ello resulta complicado en un país donde gana quien se ubica al centro. Peor aún, Romney ha tomado banderas radicales en las que antes no creía (sobre todo en el tema de la salud) y dentro de su partido ha sido criticado por inconsecuente.

Dos temas complican a Romney. El primero es la religión. El ex gobernador es mormón, creencia respetable, pero con la que sólo 3 de cada 10 norteamericanos se siente cómodo. El segundo está en la trayectoria de negocios del candidato, quien ha reconocido que su firma de inversiones Bain Capital tuvo efectos desastrosos para varios negocios y que paga menos impuestos que el común de la gente.

A ello se suma lo indicado por el analista Andrés Oppenheimer: el voto hispano le será difícil de conseguir a Romney, debido a sus posturas antimigratorias. Dado que es la primera minoría, este voto es clave. Y ello le permite concluir a Oppenheimer, que, salvo que la economía empeore, Obama ganaría. Veremos la siguiente semana si esta afirmación es correcta.

(Columna publicada en Diario 16 el 19.01.2012)

MAS SOBRE EL TEMA:

De cómo una joven peruana confronta a Romney en temas migratorios (vía Perú.21) Sí, Oppenheimer is right.

En el otro lado, el fan número 1 de Romney es Alditus.

ELECCIONES EE.UU.: GUIA BASICA DEL SISTEMA POLITICO

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El acontecimiento político internacional más importante del año será el proceso electoral presidencial en Estados Unidos, cuyas repercusiones impactarán en el resto del mundo. A lo largo de tres semanas les brindaremos en este espacio algunas herramientas para comprender el proceso.

En Estados Unidos el Presidente es elegido en forma indirecta. El primer martes de noviembre de cada cuatro años, los ciudadanos inscritos para votar – el sufragio no es obligatorio –, al marcar por el candidato de su preferencia, en realidad optan por los 538 delegados al Colegio Electoral que se encargará, en última instancia, de cumplir con el acto formal de elección.

Caben dos atingencias adicionales: el candidato ganador en cada Estado se lleva la totalidad de votos del Colegio Electoral correspondiente a dicho territorio, y se requieren al menos 270 votos en esta instancia para ser electo Presidente. Si no se alcanza esa cifra, el Congreso deberá elegir al mandatario.

Si bien hay varios partidos en Estados Unidos, dos son las identidades políticas principales. En términos gruesos: los republicanos proponen una menor regulación en la economía, más autonomía de los estados y una mayor intervención en la vida privada de las personas, mientras que los demócratas tienen una visión opuesta.

Estas visiones generales se matizan dependiendo del candidato, así como por los temas que interesan a cada uno de los estados que conforman el país y los distintos públicos a los que se dirigen los postulantes.

También debe tenerse en cuenta la importancia de la religión en Estados Unidos. Si bien se trata de un país que no tiene una confesión religiosa oficial, la mayor parte de candidatos apelan al sistema de creencias y valores del ciudadano común y corriente. Es muy difícil que un candidato abiertamente ateo gane una elección en dicho país. Este factor es más importante para los republicanos y para varios estados, pero los demócratas toman también en cuenta esta condición.

Durante el primer semestre del año electoral, los partidos organizan procesos de selección de su candidato presidencial, elecciones a las que se le conoce como primarias. Estas elecciones tienen distintas variantes, dependiendo de cada estado, lo que incluye la posibilidad de permitir el voto a independientes. En algunos estados se organizan ‘caucuses’, una forma de designación especial de delegados. El proceso termina en una Convención Nacional, en agosto, donde se proclama al candidato presidencial.

La próxima semana veremos las primarias y ‘caucuses’ republicanos.

(Columna publicada en Diario 16 el 12.01.2012)