NAVIDADES DISTINTAS

Te despiertas. Es el día de Navidad. La cena estuvo muy bien y el compartir con la familia se prolongó hasta las cuatro de la mañana, porque la conversación estuvo bien entretenida y todos estaban felices por el hecho de estar allí reunidos, alrededor de la mesa.

Antes de levantarte de la cama, vienen varios pensamientos a tu cabeza, sobre quienes pasan Navidad de manera distinta.

Desde que tienes uso de razón, sabes que la tierra donde nació aquel a quien llamas Salvador es una de las zonas más convulsionadas del planeta. Y te preguntas porque ninguno de los esfuerzos para procurar alcanzar la paz ha tenido éxito duradero, porque entre primos – porque palestinos e israelíes lo son – se disparan todos los días y porque no pueden compartir una misma tierra. Recuerdas la Biblia y ves que la historia es cíclica en cierto sentido.

Cerca de allí, en Iraq, tampoco la están pasando bien. Ya van a ser cinco años de invasión y las cosas, lejos de componerse, siguen siendo violentas. Andar por una calle en Bagdad o Basora sigue siendo un riesgo. ¿Podrá ser posible jugar en medio de minas antipersona o de ataques de Dios sabe que grupo? ¿Será posible ser feliz en medio de las bombas y la hambruna en Darfur?

Y volviendo a la realidad más cercana, te preguntas por el dolor de las familias de los dos policías asesinados ayer en una nueva emboscada. ¿Por qué nos seguimos matando entre peruanos? ¿Por qué seguimos lamentando estas muertes y el gobierno sigue inoperante o recurriendo a supuestas medidas de “mano dura” que no dan resultados certeros?

¿Cómo habrá sido la Navidad en Pisco entre demoliciones y remociones? ¿Como vivirán los niños la esperanza en medio de promesas incumplidas de reconstrucción y del esfuerzo de sus padres para que todo vuelva a la normalidad, a pesar de que FORSUR parece ser cada vez más uno de los peores cuentos de ficción que el país ha vivido en los últimos años?

Y sin embargo, cada una de estas personas sigue despertando todos los días, con la terca esperanza de que su situación mejore y haciendo todo lo posible para que cambie. Y te aferras a esa esperanza para que las lágrimas que han caido no salgan más. Porque el dolor tiene que dar paso a la acción. Y porque de alguien aprendiste que, a pesar que haya mucho dolor acumulado, el camino a la felicidad se hace todos los días.

Mientras el sol alumbra el tercer piso, la mañana de Navidad.

NAVIDAD

Diciembre llega. Epoca de revisar lo que hicimos en el año. Epoca de ver quienes se quedarán en la agenda del próximo año y quienes se han ido, por ahora o permanentemente. Y de compartir con aquellas personas que no vemos mucho y con las que hablamos todos los días.

Son 31 días en los que piensas que no pasará nada y que los tendrás relajados, pero vienen con su carga de exámenes finales, celebraciones y, por cierto, material de sobra para el blog. Nuestros políticos no descansan nunca en producir “genialidades”, por lo que supongo que algo sucederá para que esta noche tenga algo de material que me obligue a tomar harto vino para pasar el mal sabor. Espero tomar vino por motivos mejores, como los que se celebran hoy.

Para todos, Navidad es una época especial. Días de darnos como personas los unos a los otros. Para mí, es la fase del año en que tengo mayor conciencia de que los seres humanos no somos solo trabajadores, estudiantes, bloggeros o la ocupación que elegimos o que la vida nos deparó, sino que somos personas con defectos y virtudes y con sensibilidad, en algunos más oculta que en otros.

Y, finalmente, para alguien que tiene fe, como yo intento tenerla todos los días, este día termina siendo la esperanza encarnada en un ser superior que vino a este mundo para darnos un mensaje. Que este mundo puede ser otro, más inclusivo, más fraterno, menos hipócrita, más solidario. Y aunque a veces mi iglesia no sea lo suficientemente capaz de traducir ese mensaje en hechos concretos, sigo en la brega para que podamos ser más consecuentes con lo que decimos predicar.

Seguir viviendo intensamente es la tarea que me queda.

Feliz Navidad.

MAS SALUDOS NAVIDEÑOS:
Laura sin canas le da regalos a nuestros políticos
Morena escribe sobre la navidad de Inventarte (Y el C también)
El Morsa politiquea hasta en Navidad y luego nos habla de la historia de esta festividad.
ocraM, con estrellita aprista en el Utero, nos pone “villancico” de Bing Crosby y David Bowie
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Gonzalo Gamio y el significado de la Navidad
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Los deseos navideños de Eduardo Villanueva
De la selva, su Navidad en el otro Belén
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Fantomas nos regala el pare del calentamiento global
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Cisneros solo en su casa esta Navidad

LA NAVE DEL OLVIDO

El artículo que escribí el viernes sobre la improcedencia jurídica y ética de las Leyes de Amnistía ha desatado una serie de comentarios que creo necesario responder y ampliar. Creo que el tema mantiene una particular relevancia, no solo por los juicios sobre Fujimori, sino también porque se terminan confrontando dos versiones sobre lo que fue el conflicto armado que vivió el país.

Comencemos por precisar que es erróneo hablar de una “ideología derechohumanista” como si fuera algo contraproducente para el país o fuese algo manipulatorio. Los derechos humanos no son patrimonio de un grupo o de una ideologia, sino que es la plasmación en reglas básicas de la dignidad de todo ser humano – sin importar cual sea su conducta ética – que todos nos debemos. Y ello debieran compartirlo liberales, comunistas, conservadores y demás personas en el mundo.

¿Por qué es importante mantener los hechos dolorosos que nos sucedieron en el recuerdo? En primer lugar, porque no todo se ve con el prisma de “para que me sirve” utilitario que acompaña el pensamiento de muchos, que miden el mundo con criterios meramente economicista. El crecimiento económico – bien lo sabemos en estos años de bonanza – no es suficiente para que la gente viva bien o es un pretexto para decir: olvídemonos de lo que pasó. Y es que los derechos de cualquiera de nosotros no se deciden por votación popular o encuestas, sino que son inherentes a nuestra calidad de seres humanos y no se pierden por ninguna acción que cometas.

En segundo lugar, porque es necesario tener en cuenta que el Estado no puede proceder como quiere a la hora de combatir el terrorismo. Sin duda, tiene el derecho y el deber de defender a sus ciudadanos de lo que supone una amenaza a los derechos de todos – Sendero Luminoso y el MRTA lo fueron y de eso no cabe ninguna dura -, pero no puede hacerlo utilizando los mismos métodos empleados por ellos.

Ganar una guerra no supone hacer lo que se da la gana, por más que la causa que se defienda sea justa. Y ello tampoco es pretexto para evitar procesos judiciales. Si se cometieron delitos, pues hay que responder por ellos si es que se encuentran los elementos suficientes de prueba. Aceptar que se cometieron violaciones sistemáticas y/o generalizadas de los derechos humanos no es una afrenta a las Fuerzas Armadas, sino que debe suponer una necesaria reflexión sobre su papel cumplido y como es que este tipo de prácticas eran, a la vez que ética y jurídicamente reprochables, poco eficientes para la derrota de la subversión. Se ganó el conflicto en términos militares, pero fue a pesar de dichas vulneraciones de los derechos fundamentales. Quizás a Andrés Bedoya Ugarteche le convenga tener eso en cuenta, antes que seguir citando al almirante Emilio Massera, uno de los principales represores de la dictadura argentina.

Y enunciar este tipo de cosas no supone hacerle el juego a Sendero Luminoso o al MRTA. Por el contrario, implica que el Estado tenga una superioridad moral que se traduzca en acciones. Menos implica pedir una amnistía por crímenes tan execrables cometidos por los grupos encabezados por Abimael Guzmán y Víctor Polay. Por el contrario, la CVR estuvo contraria al establecimiento de este tipo de complacencias o leyes de olvido porque no contribuyen en nada al objetivo de la reconciliación, menos aún cuando la propia Comisión señaló que SL era el principal responsable de lo ocurrido al país entre 1980 y 2000. Recordar lo se dijo es necesario:

El primero y principal culpable, desde todo punto de vista, es la organización terrorista autodenominada Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso. Lo es porque fue quien desencadenó la violencia, precisamente cuando los peruanos recuperábamos la democracia; lo fue porque quiso imponernos mediante la práctica del terrorismo un modelo de organización social supuestamente superior, cuando los peruanos veníamos transformando nuestra sociedad, haciéndola más humana, más plural, más equitativa, en un proceso lento, es cierto, pero fundamentalmente pacífico y participativo.

La Comisión ha encontrado en los militantes del autodenominado Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso, y de manera principal en sus jefes ideológicos y políticos, su Comité Central y sus principales órganos de conducción, responsabilidad por graves y numerosos crímenes de lesa humanidad, practicados con una crueldad inaudita en la historia de nuestro país. Sería ocioso, seguramente, pretender explicar a ustedes, compatriotas de Ayacucho, la magnitud y crueldad de esos crímenes que ustedes conocen mejor que el resto de peruanos: el reclutamiento forzado de niños y adolescentes, las prácticas de torturas para castigar y aterrorizar a la población, los aniquilamientos selectivos y las masacres de comunidades campesinas, el abuso sexual contra las mujeres, esa suerte de deleite que parecían sentir en ocasionar sufrimiento a sus víctimas. La Comisión ha encontrado que la dirección política y militar del PCP-SL es responsable de violaciones de los derechos humanos practicadas de manera sistemática y generalizada como parte de su estrategia de poder.

¿Cómo explicar la degradación de una agrupación de seres humanos hasta ese nivel de crueldad? Será imposible, de seguro, ofrecer una respuesta completa. Pero la Comisión considera que los crímenes de lesa humanidad cometidos contra el pueblo ayacuchano, contra los pueblos de los andes peruanos, contra el Perú en general, no hubieran sido posible sin la voluntad obstinada de un grupo de personas, aferrados a una ideología totalitaria que despreciaba el valor de la vida humana y que se expresaba en un culto delirante a su líder, Abimael Guzmán Reinoso, ese líder que pedía a sus militantes pagar una cuota de sangre por la revolución, que los inducía al sacrificio de sus vidas para provocar al Estado, que les exigía llevar la vida en la punta de los dedos. Ese líder, en suma, que nunca abandonó la tranquilidad de sus refugios urbanos y que apenas sintió en peligro su vida no vaciló en abandonar todas las consignas guerreras con las que había empujado a la muerte a sus jóvenes militantes y propuso un inverosímil acuerdo de paz.

Para la Comisión, por la magnitud de sus crímenes, y por su naturaleza criminal, por su práctica recurrente del terrorismo, el Partido Comunista del Perú no puede tener un lugar en la sociedad democrática que queremos construir.

Juzgar a quienes cometieron crímenes no es una persecución, como enunció ayer el personaje que, para desgracia de los católicos en el Perú, ejerce el rol de Cardenal y Arzobispo de Lima. Juzgar implica reconocer, en primer lugar, que no estamos ante meros excesos. Como se decía en el mismo discurso que he citado:

Debemos decir, en primer lugar, que es insostenible, casi una afrenta para las víctimas, insistir en que solamente se cometieron excesos. Un exceso es una extralimitación en el cumplimiento de las funciones. Y la Comisión no ve cómo, de qué manera, pueden considerarse como tales las numerosas violaciones de derechos humanos que se cometieron principalmente en las zonas bajo dominio de los comandos político-militares.

Pero los procesos judiciales implica, fundamentalmente, reconocer en las víctimas de lo ocurrido en otros semejantes a nosotros. Desgraciadamente, muchos no han podido aceptar la dolorosa verdad de que la mayor parte de víctimas se registró en las zonas más pobres de nuestro país, justamente por prácticas que no tomaron en cuenta los derechos de quienes moran allí y que enfatizaron en rasgos comunes de nuestra sociedad como el racismo y la discriminación de género, así como se complejizaron con dinámicas regionales y locales que hicieron que personas de una misma localidad se mataran entre ellas. Así de compleja fue la realidad en el Perú.

Perdonar, como lo dije en el artículo anterior, corresponde a la voluntad de cada persona y, por ende, se maneja en el ámbito interpersonal, no en el del Estado. El ámbito estatal tiene que ver, fundamentalmente, con construir las condiciones que impidan que el dolor vivido en estos años se repita. Y entre esas condiciones, se encuentra, sin duda, los procesos judiciales que deben seguirse para que quienes se sintieron afectados en sus derechos puedan alcanzar justicia y, por fin, puedan ir dejando atrás, en la medida de lo posible, esa página dolorosa de su historia personal y de nuestra historia colectiva.

En estos días en que nos acordamos de lo que implica darse a los demás, quizás sea un buen momento para pensar sobre la importancia que tiene la dignidad del ser humano en nuestras vidas, sobre todo, de aquel a que no conocemos. El flaco – para algunos Dios, para otros, un gran hombre – que vino hace 2007 años bien que nos los recordaba y miren quienes eran sus amigos para ver que no eran precisamente los más capos o privilegiados. No hay necesidad de creer en El para poder entenderlo.

UNA AMNISTIA INJUSTIFICABLE

Dentro de todas la serie de mentiras, inexactitudes e imprecisiones de las que ha hecho gala Alberto Fujimori durante el proceso que se le sigue por violaciones de los derechos humanos, la que más me ha indignado es la justificación de las leyes de amnistía dadas en 1995. Argumento que ha vuelto a repetir hoy.

El sentenciado a 6 años de prisión le dijo las siguientes barbaridades al Fiscal:

Esta ley era parte de una concepción para llevar al Perú a la pacificación. Primero se dio la Ley base de arrepentimiento. Cuando existe un clima donde la población siente que hay paz es necesario buscar una solución pacífica, luego de 14 y 15 años de guerra interna. Para mí esta guerra concluía con un acuerdo de paz, que propuso Abimael Guzmán públicamente, crear zonas desmilitarizadas para SL y el MRTA o una solución política.

La Ley de Amnistía buscaba la solución política para los que participaron en el terrorismo. Unos 20 mil del MRTA y SL se acogieron a esa ley de arrepentimiento. Por un lado, los senderistas y emerretistas y por el otro lado los militares, no solo los condenados por el caso La Cantuta sino de otros casos, a partir de 1980.

Estaba enmarcada en una solución política a la guerra interna después de 15 años, no acepté el acuerdo de paz como ha sucedido en otros países.

Un primer tema a dilucidar. Como lo dijo ayer Gustavo Gorriti en su columna en Caretas, Fujimori fluctúa entre dos estategias: la de la justificación de las atrocidades con el pretexto de la pacificación y la amnesia lindante con la demencia senil y el Alzheimer. Algo de ambas hay en esa respuesta. Fujimori ya se olvidó que la Ley de Arrepentimiento no era usada como “solución politica”, sino para obtener información. Y al usarse en un gobierno autoritario, ello fue lo que generó la inflación de inocentes en prisión. El hombre que decía ser “inflexible” frente al terrorismo ahora justifica bajo el cuento de la solución política una norma como esta.

Pero hay dos cosas más que no recuerda Fujimori.

La primera es un tema estrictamente jurídico: la imposibilidad de amnistiar violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. Los argumentos aplicables al Perú se pueden resumir en:
– La existencia de un conjunto de derechos que no pueden ser limitados en ningún tiempo o circunstancia, al que llamamos núcleo duro de derechos, frente al cual ninguna norma interna o externa puede establecer una norma que los vulnere. ¿Què derechos encontramos allì? La vida, la integridad personal, la prohibición de la tortura, debido proceso. Todos estos derechos fueron vulnerados a través de asesinatos, desapariciones, torturas o violaciones del debido proceso.
– La existencia de derechos independientes que implican el cumplimiento de la obligación estatal de investigar y sancionar violaciones de los derechos humanos. Me refiero aquí al derecho a la verdad y a las garantías judiciales de las víctimas y sus familiares.
– En el caso de conflictos armados internos, como el vivido por el Perú entre 1980 y 2000, la jurisprudencia internacional ha ido sosteniendo que las vulneraciones del artículo 3 común de los Convenios de Ginebra – aplicable a nuestro caso, sin que ello otorgue otro estatus jurídico a SL y al MRTA – deben ser procesadas por el Poder Judicial.

La segunda tiene que ver con lo simbólico y con un argumento que se ha repetido durante años: la necesidad de cerrar heridas a través de un perdón generalizado o de olvidar. Este argumento ha sido repetido en múltiples oportunidades para tratar de justificar los actos de impunidad más conocidos, como en Argentina y Chile. Para explicar mejor este punto, me remito a los casos de España y Sudáfrica, que muchos consideran como “ejemplos” de que dichas soluciones si habrían “funcionado”.

En el caso español, hasta tiempo reciente, la reconciliación se entendió como un olvido de lo ocurrido, a fin de poder construir instituciones sólidas e integrar de manera plena a España en la economía global. Si bien ambos objetivos se consiguieron, se difirió la solución a los reclamos de las víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista. El resultado: más de tres décadas luego de iniciada la transición española, se sigue discutiendo que hacer para reparar en algo el daño causado a personas que vivieron mucho tiempo en el olvido y, con ello, se sigue prolongando en demasía la consolidación de la democracia, al dejar de lado a un sector de la sociedad. La reciente expedición de la Ley de Memoria Histórica ha reabierto el debate en España. De hecho, ayer estuve viendo una serie española, Cuéntame como Pasó, en la que el tema central son los últimos años del franquismo y los años de la transición española, muestra de que aun se requiere un debate exhaustivo sobre aquellos años.

De otro lado, la experiencia sudafricana optó por un perdón condicionado a cambio de proporcionar elementos que permitieran construir una verdad aceptada por toda la sociedad que ha vivido la desagradable experiencia del apartheid. La reconciliación como perdón condicionó la forma y trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Sin embargo, ninguno de los objetivos se logró: ni la sociedad – menos aún, la clase política – ha aceptado la visión de culpa compartida que en parte señaló la CVR sudafricana, ni el perdón fue garantía para reconstruir los lazos sociales y políticos, aunque puede haber tenido algún efecto en la esfera que le es propia: la interpersonal. El intento de traslado de una potestad personal a la esfera pública, sumada a los intentos de impunidad dados desde el Estado y los responsables de lo ocurrido, han configurado un escenario de transición entrampada, dónde aún las víctimas no son plenamente escuchadas.

Un entendimiento más adecuado de la reconciliación es el señalado por la CVR peruana, basado en la reconstrucción de vínculos sociales y políticos como tarea central desde el Estado, aunque sin descuidar el aspecto interpersonal, colocando al perdón en su verdadera dimensión y apostando por la verdad y la justicia en un sentido amplio.

Sin embargo, la apuesta por aceptar sus recomendaciones e implementarla sigue siendo un tema pendiente, dado que la transición democrática no tuvo como eje central de sus preocupaciones, a que el debate se centró exclusivamente en como salvar responsabilidades políticas o penales y a que persiste una “memoria de salvación” como sentido común y narrativa válida en la clase política sobre el conflicto armado interno. Ello deja el camino abierto a que opciones de olvido o perdón (e impunidad) puedan ser validadas. Y de ello se aprovecha Fujimori para seguir justificando ese tipo de iniciativas.

A diferencia de los seres humanos que pierden la memoria y no la recuperan, las naciones siempre recuperan lo ocurrido. Nunca faltan quienes quieran enterrar el pasado, pero también quienes saben que la historia no se puede borrar de un plumazo o por la voluntad de un dictador. Pues siempre habrá quienes van detrás de la verdad

MAS SOBRE EL CASO FUJIMORI:
Omar Cairo: La injustificable amnistía
Utero de Marita: Celebrity Deathmatch: Gorriti vs. Althaus

ALAN Y EL AMBIENTE

En medio de la juramentación ministerial, el Presidente de la República no perdió ocasión de hacer nuevas promesas. Vía El Comercio:

Antes de tomar juramento a los ministros de Estado, el presidente de la República, Alan García, anunció que propondrá al Congreso la creación de un ministerio de Medio Ambiente en línea con las demandas del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos.

En la ceremonia realizada en el Salón Dorado de Palacio de Gobierno, García sostuvo que ello se justifica pues el acuerdo comercial ha significado para el Perú un llamado de atención fundamental para fortalecer la defensa de los derechos laborales y el medio ambiente.

Por este motivo, dijo, propongo la creación de un ministerio del Medio Ambiente.

Varias cosas que comentar.

Sin duda, el TLC ha supuesto para el Perú una elevación de sus estándares de protección del medio ambiente y podría ser una oportunidad perfecta para crear una autoridad autónoma sobre medio ambiente en el Perú, que pueda facilitar una inversión privada que sea compatible con el desarrollo sostenible.

Sin embargo, existe algo que juega en contra de esta propuesta: los antecedentes de este gobierno en materia de medio ambiente. Los hechos suscitados alrededor de la consulta vecinal sobre Majaz, los conflictos de intereses en CONAM y el proyecto de Ley para recortar la reserva natural del Candamo son muestras de un pensamiento que ha tenido su epítome en El Perro del Hortelano parte I.

La creación de esta entidad, por tanto, pasa por plasmar las tesis enunciadas por Alan en este año y medio sobre el tema ambiental. Y ello supone, a mi modo de ver, el peligro que contemos con una entidad que, sobre la base de una autonomía que debió tener para otros intereses, pueda convertirse en la puerta abierta para que nustros recursos naturales puedan ser entregados al mejor postor.

A veces, escribir sobre este tipo de cosas me desalientan y me hacen perder la esperanza en el país. Pero hace un par de días leí un texto realmente motivador, cuyo final, con permiso de la buena amiga que lo escribió, me robo para culminar con una reflexión que intente devolvernos en algo el ánimo de seguir haciendo algo más por nuestra tierra.

Pero el ánimo festivo se mantiene, no sé si por el espíritu terco que tenemos los peruanos por sacar provecho a las peores situaciones y arrancar sonrisas hasta a los menos optimistas, o por el simple hecho de descubrirnos más peruanos que nunca, aunque no sepamos lo que eso signifique, aunque cada año sigamos tratando de encontrarle mayor significado a las fiestas patrias que la de una bandera o una escarapela. Pero, seguimos en el intento terco de no ponernos pesimistas (aunque sea el camino más fácil) y de no caer en el escepticismo. Seguimos brindando cada 28 de julio por algo más que una fecha: por ese rojo y blanco que pintamos cada día con terquedad y algo de dificultad, pero también con mucho cariño.

Esa esperanza, espero no perderla. Ojalá pueda mantenerla en un ambiente sano.

TRAGICOMEDIA MINISTERIAL

Luego de varias especulaciones e idas y venidas, se confirmó lo que pronosticamos en este blog hace un par de días: los cambios en el Gabinete serían artificiales y en algunos casos han sido para peor.

Veamos:

En Justicia hemos pasado de Guatemala a Guatepeor. La nueva ministra es nada menos que Rosario Fernandez, la abogada de Ernesto Schutz Landázuri, prófugo de la justicia peruana desde hace algunos años.

En lo que se refiere al sector Defensa, la batalla la han ganado los sectores más conservadores. Tanto lo han proclamado como su “triunfo” que La Razón se manda hoy con esta portada:

Allan Wagner y su eficiente equipo tendrán que dar paso a Ántero Flores – Araoz, conocido por su “tolerancia” hacia las ONG’s, hacia los detractores del TLC y por ser columnista de La Razón. En sus ratos libres fungía de Embajador aprista en la OEA (Lourdes Flores Nano dixit).

Y olvidemonos de la Ley General del Trabajo. Mario Pasco Cosmópolis, laboralista que está a la derecha de Jaime de Althaus – lo cual les da una idea de lo que es capaz este abogado – es el nuevo encargado de ver la reforma laboral pendiente. Osea, no habrá cambios y, anticipó, se viene una confrontación fuerte con los sindicatos. Creo que ni Fujimori puso un Ministro de Trabajo tan retrógrado. Susana Pinilla se va al Ministerio de la Mujer, al que esperemos que le de más dinamismo.

Lo inexplicable. Si ya era dificil de entender porqué Hernán Garrido Lecca seguía siendo Ministro de Vivienda, ahora es más difícil de entender porque lo ha puesto de ¡Ministro de Salud!!!! Además de preguntarnos sobre sí, además de la faja gástrica, el tipo sabe algo más del sector, resulta poco conveniente que una persona cuestionada por varios escándalos ingrese a un sector sacudido por la corrupción.

El reemplazo de Marcahuasi no es poca cosa. Se trata de Enrique Cornejo Ramírez, hasta ayer Presidente del Banco de la Nación y recordado por ser el mandamás del Instituto de Comercio Exterior durante el Aprocalipsis. El ICE era uno de los que manejaba el infausto Dolar MUC.

Y para ponerle la cereza sobre el pastel. Contra los deseos de varios bloggers (me incluyo), Luis Alva Castro se queda de Ministro del Interior. Osea, el país continuará sin seguridad ciudadana durante un largo tiempo.

En resumen, los cambios ministeriales anunciados en RBC – el canal que asesora el hijo del Primer Ministro – no van a dejar tranquilos a nadie, va a incrementar las suspicacias sobre un gobierno al que, luego de la trastada de Del Castilo del domingo, se había convertido en mayor objeto de sospecha y, finalmente, no garantiza un cambio de políticas públicas en la orientación esperada. Una nueva oportunidad perdida.

Realmente, peor imposible.

MAS SOBRE EL TEMA:
Alan: Recambio es ocasión de reafirmación
Utero de Marita: Malas Señales en el gabinete Del Castillo
Augusto Alvarez Rodrich: La verdad bien dicha
Gino Costa: Alan García demuestra que no le interesa la seguridad ciudadana al ratificar a Alva Castro
CNR: Congresista aprista José Carrasco Távara cuestiona a Mario Pasco
Keiko Fujimori: Estoy satisfecha con cambios ministeriales

MENTIROSO, MENTIROSO

A estas alturas del partido, las mentiras de Alberto Fujimori en el megajuicio sobre derechos humanos vienen siendo cercanas a lo que conocemos como mitomanía: mentir descaradamente y creerse su propio embuste.

Afortundamente, la memoria en el Perú – a pesar de lo que se cree – no es escasa y hay un menú diverso para las personas que quieran acordarse de lo que la política antisubversiva del fujimorismo. La real, no la que derrotó a Sendero Luminoso.

PRIMER MENU: LOS OTROS CRIMENES DE COLINA

Roberto Bustamante nos ha recordado que Colina no solo tuvo que ver con La Cantuta y Barrios Altos, sino también con otros hechos de sangre poco recordados: la desaparición de campesinos en el Valle del Santa, la muerte del periodista Pedro Yauri y las ejecuciones en la Universidad Nacional del Centro.

Tanto los fiscales como los abogados de la parte civil deben seguir insistiendo en la tesis de que no nos encontramos ante acciones aisladas. Estos tres hechos – a los que podría sumarse, quizás, el asesinato de Pedro Huilca – nos demuestran que estabamos ante un destacamento del Ejército que cometía acciones que correspondían a una política de Estado.

Asimismo, sería indispensable ver si es que las cuentas bancarias de los integrantes de Colina y de la empresa de fachada que utilizaron – COPRANSA – registran depósitos de dinero por sumas elevadas y, además, las fechas en que los mismos se produjeron. Ello puede ayudar a demostrar otro tipo de apoyo logístico que fuera más allá de lo otorgado por el Ejército Peruano.

SEGUNDO MENU: LAS OTRAS VIOLACIONES COMETIDAS “EN NOMBRE DE LA PACIFICACION”

Para demostrar la existencia de una estrategia vulneratoria de los derechos humanos, también deben comprenderse otros hechos en los que Fujimori tuvo especial participación.

Dos casos, en mi opinión, son los emblemáticos. El primero es el caso de la matanza en Castro Castro, ocurrida en 1992, en la que el mismo Fujimori participó directamente en la ejecución del plan.

El segundo, poco recordado por el gran público, es la Operación Aries, un operativo de tierra arrasada ocurrido en el valle del Huallaga en 1994. Cecilia Valenzuela, en su momento, investigó el hecho. Como años después se descubrió, la Operación Aries tuvo como base un Manual del Ejército Peruano que tenía como orden la no captura de prisioneros.

TERCER MENU: RECORDAR LO QUE SE DIJO EN AQUELLA EPOCA

Sin duda, los archivos periodisticos nos van a servir para desbaratar cada una de las mentiras dichas por Alberto Fujimori.

Para muestra un botón. Del interrogatorio:
¿Recuerda que cuando el Congreso realizaba esa investigación (sobre el caso La Cantuta) el general Hermoza sacó los tanques a la calle?
Sí recuerdo. Me llamó la atención, llamé al ministro Malca y los tanques salieron de las calles.

Lo que no dijo Fujimori fue lo siguiente. Del libro de Fernando Rospigliosi, Montesinos y las Fuerzas Armadas (páginas 132 – 133):
– El 21 de abril, blindados de la II Región Militar realizaron un inusual desfile por las calles de Lima, en lo que fue calificado como un intento de amedrentar al Congreso. Ese día, en una ceremonia castrense, el general Howard Rodríguez leyó un manifiesto en el que expresa el total respaldo del Ejército a Hermoza, y califica la invstigación como “campaña sistemáticamente orquestada con el oscuro propósito de “desprestigiar a las fuerzas armadas”. Ese mismo día el presidente Fujimori también defendió a Hermoza: “No hay derecho a que se melle la imagen de una institución que trabaja por el país”.

La valiosa investigación hecha por La Ventana Indiscreta en base al libro de Umberto Jara (partes uno y dos) va en el mismo camino, recordando cada una de las falsedades del chino. Para muestra, un botón:

http://www.dailymotion.com/swf/x3su9g&related=1

Luego de ver esto, solo queda cantarle a Fujimori la de Olga Tañón: Es mentiroso ese hombre, es mentiroso.

MAS SOBRE EL TEMA:
Perú.21: En audiencia de hoy, Fujimori justificó las leyes de amnistía
Utero de Marita: Chinocho
El Morsa: Alberto Fujimori y el Grupo Colina