LA MUERTE DE UN PERIODISTA (II)

Con justa razon, el blog Lo Justo, Varón nos llama la atención por el poco interés que le hemos puesto a la escandalosa sentencia que exculpa a los responsables intelectuales de la muerte del periodista Alberto Rivera, asesinado en Pucallpa hace tres años.

¿Por qué mataron a Rivera? Pues por las mismas razones por las que Miguel Pérez Julca, hombre de prensa que trabajaba en Cajamarca, fue victimado: denunciar las irregularidades del poder local y regional.

Rivera denunció en su momento que el alcalde de Pucallpa, Luis Valdez Villacorta, reelegido extrañamente, tenía vínculos con el tráfico de madera y el narcotráfico.

La presión de la prensa ha hecho que el caso no quede en el olvido y que los autores materiales sean sancionados. Sin embargo, al alcalde Valdez simple y llanamente, nadie lo toca. Y es que el poder del tráfico de madera y el narcotráfico en la selva es bastante fuerte, a pesar que tres de los sicarios contratados por el burgomaestre lo sindicaron como quien lo contrató para realizar el asesinato. Peor aún, el fiscal del caso no apeló la sentencia y si no es por la voluntad de los familiares, el caso no llegará hasta la Corte Suprema.

Cuando matan a un periodista no solo quitan una vida, sino que le quitan a la gente el derecho a informarse para poder fiscalizar a sus autoridades. Si se permite la impunidad en este caso, pues el derecho a la vida y a la libertad de expresión será poco menos que letra muerta en el Perú.

¿Lo seguiremos permitiendo?

Advertisements

CADE: LA INCLUSION Y LOS EMPRESARIOS

El año pasado, justo por esta misma época, este blogger se hacía la pregunta sobre si los empresarios habían comenzado a entender que sus negocios no se podían sostener si es que no se tenía en consideración el entorno social y político en el que se vive en el Perú.

La pregunta era pertinente, pues, luego del susto que supuso la votación de Ollanta Humala en las últimas elecciones presidenciales, la tradicional Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE) trató por primera vez de modo sistemático el tema de la inclusión en el Perú.

Este año, con el énfasis sobre Todo lo que nos falta para ser un país justo y próspero, los muchachos de IPAE nos vuelven a plantear el tema de las tareas pendientes para hacer que los dos Perús que vivimos entre la ciudadanía y la ausencia de derechos, entre la integración al mercado y la desigualdad y la pobreza, puedan ser un solo país que, en medio de su diversidad, pueda procurar el bienestar de todos los peruanos.

El debate, sin duda, ya no estará marcado por el miedo a Ollanta Humala, sino por un clima en el que se viene debatiendo el modelo de modernidad que quiere el Perú. La visión presentada por el Presidente de la República en sus dos recientes artículos de opinión ha sido confrontada desde diversas aristas y sectores y, por las reacciones, es bastante nítido que buena parte del público que asistirá a Trujillo en estos días comparte dicha misma visión de “El Perro del Hortelano”. El problema, como lo hemos mencionado ayer, es que dicha cosmovisión económica y social peca de excluyente, antes que de inclusiva.

Me pregunto, con justa razón, si es que los ejecutivos asistentes a la reunión pondrán atención a Augusto Alvarez Rodrich o Rosa María Palacios cuando muevan el tema de la inclusión y las reformas institucionales o si preferirán el aplauso fácil a Jorge del Castillo esta tarde cuando haga su exposición. Mi escepticismo se trasluce cuando escucho a una persona como José Chlimper decir que irá con su arma a reabrir el puerto del Callao, dado que existe una huelga de estibadores en estos días, mientras que el aparentemente radical líder del sindicato tiende la rama de la negociación. Cosas que pasan en el Perú y que parecen darle la razón a quien dijo que, a pesar de sus simpatías incomprensibles por dictaduras como las de Cuba y Venezuela, la dirigencia sindical peruana parece tener mayor ciudadanía democrática que buena parte de los gremios empresariales.

O sin ir a ejemplos tan radicales como el antes mencionado, creo que los empresarios podrían preguntarse si, más allá del aporte minero dado a inicios de este gobierno, cuanto han hecho por tratar de entender un país en el que las distancias no se deben sólo a la falta de infraestructura e inversión en carreteras, sino a una clamorosa ausencia del Estado y a la desconfianza frente a prácticas del pasado que, en algunos casos, se siguen repitiendo. Y claro, desde mi particular punto de vista, sigue pendiente una autocrítica empresarial sobre su papel tan servil durante el fujimorato, frente al cual prefirieron la prebenda antes que la democracia, demostrando que, antes que liberales, seguíamos ante los mercantilistas que Hernando de Soto denunciaba en El Otro Sendero.

Estas razones motivaron que, provocadoramente, el año pasado hiciera un extenso cuestionario que dudo que algún empresario haya contestado. Hoy, en esta misma onda de provocación, les presento el Test CADE 2007, con sólo 10 preguntas, que tienen el mismo fondo del año pasado, pero que están en un lenguaje más directo y sencillo:

1. ¿Quién es para usted “El Perro del Hortelano”?
2. ¿Los derechos humanos y la protección ambiental solo son temas de “rojos antiinversión” y “caviares”?
3. ¿Conoce el “Índice de Desarrollo Humano”?
4. ¿Qué haría si su hijo o hija le dice que quiere aprender quechua u otra lengua originaria?
5. Conociendo su prontuario, ¿volvería a votar por Alberto Fujimori?
6. ¿Cree que los sindicatos son un actor necesario para la construcción de reglas laborales claras en el Perú?
7. ¿El narcotráfico se soluciona con medidas estrictamente policiales o militares?
8. ¿Reforma del Estado equivale a la reducción de puestos en el aparato estatal?
9. ¿Cuáles son las medidas mediante las cuales considera que debe repararse a las víctimas del conflicto armado interno?
10. ¿Considera que los empresarios deben comprarse el pleito de la reforma judicial y de qué manera?

¿Y tú, que responderías?

MAS SOBRE EL TEMA:
Blog de Fernando Tuesta: ¿La empresa como alternativa?

PERREA, ALAN, PERREA

La falacia de “El Perro del Hortelano”

Luego de poner en el debate sus ideas sobre el subdesarrollo del país, el Presidente de la República ha presentado sus Recetas para acabar con el Perro del Hortelano, nuevo artículo en el que, sobre la base del diagnóstico presentado hace algunas semanas, intenta dar algunas soluciones a los problemas supuestamente encontrados en su análisis.

No comentaré cada una de las propuestas hechas por el Presidente – algunas buenas en sí, otras no tanto -, pero me queda claro que las soluciones dadas por García se ubican en el terreno administrativo y parlamentario, sin tomar en cuenta otro tipo de variables que vayan más allá del plano de los cambios legales.

Volvamos ahora al error de saque del binomio articulista de Alan: el diagnóstico. Como ya otros blogs lo han mencionado, García tiene un público claro – el empresariado peruano -, una idea obsesiva – que Gorriti ha bautizado bien como Inversiones García – y un pensamiento que resulta ser poco compatible con una economía de mercado en la que se hablan de productos con valor agregado, revolución educativa, respeto al medio ambiente, responsabilidad social empresarial y fortalecimiento institucional. De ello no hay nada en la analogía del Perro del Hortelano.

Buscando como responder, sin redundar, a la nueva ideología oficial del gobierno, me topé con el Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, recién salidito de la imprenta. El Informe tiene como tema este año el cambio climático. Como me considero aún ignorante en la materia ambiental, quizás mi amigo Alberto de Belaúnde pueda explicarles mejor que yo lo concerniente a un tema que va a cambiar las vidas de todos en los próximos años.

Pero vayamos a las cifras del Informe, que quizás le muestren al Presidente donde es que realmente estamos parados y cuáles son nuestros problemas centrales. Para que tengamos las cosas claras, la medición del PNUD ha tomado en cuenta a 175 países. Los datos más reveladores son los siguientes:

Perú se encuentra a media tabla en el Índice de Desarrollo Humano: Estamos en el puesto 87, dentro los países con Desarrollo Humano Medio. Nuestra tendencia, felizmente, ha sido hacia el alza.
Nuestro nivel de gasto en salud es bajísimo: 235 dólares per cápita es nuestro estimado, muy por debajo incluso de los estándares medios.
– Una cifra que alerta sobre las desigualdades. Entre 2004 y 2005, en el sector más pobre, solo 34 de cada 100 partos fueron atendidos por personal sanitario especializado; en el sector más rico, los 100 partos tuvieron a un médico especialista para la atención. Quizás ello explique porque nuestra tasa de mortalidad materna es alta: 240 para cada 100,000 habitantes.
– En 1990, Perú invertía el 2.8% de su PBI en educación. Entre 2002 y 2005, la inversión es de 2.4%, incluso con Acuerdo Nacional mediante.
Gasto en inversión y desarrollo: 0.1% del PBI. Es decir, no damos valor agregado a lo que tenemos.
Seguimos siendo de los países más desiguales del mundo. De acuerdo al Coeficiente de Gini, nuestro índice de desigualdad de ingresos es de 52. Chile también tiene un índice parecido, pero, de acuerdo a un Estudio de la PUC de Chile, han encontrado el factor determinante de la movilidad social: la educación.

En suma, vemos que nuestros indicadores sociales nos reflejan claramente donde están las fallas: no contamos con servicios básicos de calidad, la desigualdad es bastante fuerte y nuestro nivel de desarrollo, a pesar del crecimiento, sigue siendo medio. ¿Culpa de un perro del hortelano espanta inversiones?

Particularmente pienso que no. Sin duda, es necesario atraer mayores inversiones. Pero también cabe recordar que no nos encontramos en 1990 y que las condiciones para los inversionistas no implican dejar de lado el pago de tributos, las cuestiones ambientales, la protección a los trabajadores y una institucionalidad más fuerte.

Si el gobierno no acompaña las medidas planteadas por Inversiones García con reformas sustanciales en los servicios básicos, aquellos que la población sigue sintiendo como escasos y deficientes, pues nos dará un grave presente griego: el camino hacia otro outsider, que sea más radical incluso que Ollanta Humala, dado que el país no consiguió ponerse en un camino de modernidad inclusiva.

Y es que creo que ese es el debate de fondo que el país se juega en los próximos años. Un gran sector del país ya siente los beneficios del crecimiento y puede defender sus derechos. Otro sector es tan poco ciudadano que es discriminado por el mero hecho de hablar una lengua distinta al castellano. El cambio responsable que García prometió al país debía enmarcarse justamente en la ruta de una modernización inclusiva y democrática. Desafortunadamente, sus analogías caninas parecen seguir enfatizando el gran mal del Perú y para el que Orwell encontró una analogía perfecta: Algunos animales son más iguales que otros.

MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: Receta de García en la mira de ex jefes de Gabinete
Augusto Alvarez Rodrich: La receta presidencial
Salomón Lerner Febres: García debe decir como distribuirá la riqueza
El blog del Morsa: Hugo Neira: perro faldero
Menos Canas: El protagonista
Blogiarquía: Entre síndromes, recetas, perros del hortelano y autoritarismos
Mirko Lauer: El librito rojo del presidente García
Juan Carlos Valdivia: Más vale tarde que nunca

(Caricatura: Quino. Cortesía de La Hora del Pucho)

UN GOLPE CONDENADO

5 de abril de 1992. El último golpe de Estado de nuestra historia. Alberto Fujimori tomaba todo el poder para sí, sin nada que lo justifique. Ni los problemas más graves que atravesaba el país justificaron la ruptura del orden constitucional y las consecuencias de aquel funesto hecho, que hizo añicos la democracia, puso en el poder a una cúpula mafiosa y corrupta, que cometió graves crímenes que hoy vienen siendo procesados por el Poder Judicial.

26 de noviembre de 2007. El Poder Judicial peruano, en una sentencia histórica, señala que los golpes de Estado constituyen un delito, por primera vez en toda la historia republicana. Y, en tal mérito, condena a 10 Ministros de Estado que avalaron la aventura dictatorial de Fujimori.

De acuerdo a lo que señala Correo, los ex Ministros Jaime Yoshiyama, Carlos Boloña, Absalón Vásquez, Víctor Joy Way, Oscar de la Puente Raygada, Jaime Sobero Taira, Alfredo Ross Antezana, Víctor Paredes Guerra y Augusto Antoniolli Vásquez fueron condenados a cuatro años de prisión condicional – que pueden disminuir a tres – por avalar el golpe de Estado al continuar en el gobierno de facto, pese a que ese mismo día presentaron su renuncia. El hecho de que no hayan participado en los preparativos de la aventura golpista es el motivo por el cual la pena sería baja.

En contraste, el valiente ejemplo del ex Ministro Alfonso de los Heros, quien dejó el cargo una vez suscitado el golpe, terminó de determinar la responsabilidad penal de estos funcionarios, quienes prefirieron estar con un dictador antes que con la democracia. Nota al margen: el país le debe un especial reconocimiento a De los Heros, quien salvó la dignidad y su propio nombre en ese gesto.

En este proceso penal, el caso más complicado ha sido el del general Juan Briones Dávila, ex Ministro del Interior, condenado a 10 años de prisión no solo por su participación en el planeamiento del golpe y en su aval al quedarse en su cargo, sino también por su participación en los secuestros y detenciones arbitrarias que ocurrieron ese día. Jorge del Castillo debe recordar muy bien, hasta el día de hoy, su propia detención.

Y ello complica también al reo Fujimori. Cabe recordar que el extraditado ha venido a responder justamente por uno de los secuestros de aquel día infausto, el del periodista Gustavo Gorriti. Si Briones, que fue uno de los ejecutores de las órdenes de detención, ha sido condenado, cabe esperar que lo mismo ocurra con el principal responsable del golpe, cuyo plan comprendía las detenciones producidas aquel día.

Sin embargo, hay aun dos procesos pendientes por este caso. El primero comprende al cogollo civil – militar que participó directamente en el planeamiento del golpe y que comprende, entre otros, a Vladimiro Montesinos y Nicolás Hermoza Ríos. Dicho proceso avanza con pies de plomo en el Poder Judicial. Y el segundo se encuentra pendiente de ser enviado a Chile, pues se requiere una ampliatoria de la extradición para que Fujimori, el golpista, pueda responder por lo que constituye su falta principal al país – independientemente de las violaciones de los derechos humanos -: vulnerar la separación de poderes, la democracia y la Constitución.

Y como necesitamos recordar continuamente que los golpes de Estado en toda circunstancia son condenables, pueden ver el video que Marco Sifuentes hizo hace algún tiempo sobre lo que fue ese día infausto, en que el país se suicidó, apoyando mayoritariamente a un dictador. Las consecuencias de la cerviz agachada las vivimos hasta el día de hoy.

Para nunca más vivirlo, para nunca más olvidarlo.

http://www.dailymotion.com/swf/4nxwGV0sCbkSIbqiV

MAS SOBRE EL TEMA:
El Comercio: La noche en que la democracia cayó en un profundo agujero negro
Perú.21: Fiscal considera la sentencia como benigna
La República: Corte Suprema condenó el autogolpe
Discrepancias Apristas: Mientras Luis Negreiros señala la trascendencia de la sentencia, Giampietri critica condena a Briones.
Luz Salgado: Condena es una venganza

EL RITMO DEL FUJIMORISMO

Chantaje. Esa es la palabra que ha utilizado Jorge del Castillo ante el intento del fujimorismo de plantear su censura ante el Pleno del Congreso, luego de las explicaciones sobre los últimos hechos de violencia ocurridos en la zona del VRAE y que ya todos conocemos.

Pero a la estrategia del chantaje – que otro blog ha comentado mejor que yo – yo añadiría la del miedo. Tanto los parlamentarios fujimoristas como sus medios adictos han insistido en que es Sendero Luminoso, tal como lo conocimos en los ochenta y noventa, quien está detrás de los ataques.

No es de extrañar. Durante todo su gobierno, Fujimori utilizó ambas herramientas, el chantaje y el miedo, como bases de su poder. Sobre el chantaje, la mejor muestra es la videoteca de Vladimiro Montesinos, cuyo uso no era la exhibición pública que tuvo a la caída del régimen, sino su utilización para que quienes estuvieran allí se mantuvieran alineados o callados. Y, sobre el miedo, basta ver la televisión de la segunda mitad de los años noventa, para darnos cuenta de todas las campañas de manipulación que se hacían para darnos la impresión de que sin el Chino, volvería el terrorismo. En suma, ambos elementos utilizados para la perpetuación en el poder.

Si ya conocemos de memoria los métodos fujimoristas, pues sorpresas no hay muchas. Pero, como dice Rubén Blades, la vida te da sorpresas y el gobierno quiere seguirnos sorprendiendo con medidas o declaraciones a favor de Fujimori y de sus seguidores en prisión, o que tienen todo un tufillo a década de los noventa – solo hace falta el fondo musical de Nirvana y que me vuelva a poner mis camisas de franela – que realmente escandaliza y atemoriza.

¿Por qué el gobierno toma cada vez más un intenso tono naranja? Pues hay un cúmulo de explicaciones que podrían ser un intento de respuesta.

Una primera tiene que ver con la Coalición Conservadora que sostiene al gobierno y, sobre la cual, a estas alturas podríamos preguntarnos que tanto margen le viene dando. Pues si bien le ha aportado la casi ausencia opositora, le ha reducido al extremo el margen de maniobra a Alan, de manera tal que el Plan de Gobierno de Unidad Nacional se encuentra a la izquierda de las medidas que este gobierno ha tomado en casi año y medio de gestión.

Una segunda tiene que ver con la vocación por el autoritarismo que un sector de la población tiene en nuestro país y a ello no escapa ningún sector social. Como cuestión cultural, enfatizada en un país en el que el desarrollo de la ciudadanía sigue siendo insuficiente y en el que nos han gobernado más dictadores que demócratas, seguimos pensando que la autoridad es sinónimo de atropello y de “mano dura”. Claro, cuando nos atropella, ahi nos quejamos, pero seguimos pensando como nación que el presidente, cuando más efectista en su sentido de la autoridad, mejor.

Pero quizás una tercera explicación la constituya los parecidos que Alan y Fujimori tienen desde 1990. Carlos Reyna, en su libro La Anunciación de Fujimori, señala algunas de ellas que comparto con los lectores: la figura del asesor influyente que va más allá de los Ministros – y que muchos sospechan que, en este gobierno, ese rol lo cumple Aldo Mariátegui -, la reducción del papel de los Ministros a meros secretarios – basta ver que los trata peor de lo que lo hacía Ferrando con su elenco -, gobernar por encima de sus agrupaciones políticas, un presidencialismo exacerbado, poca vocación descentralista (basta ver la eliminación del CND), su poca vocación por el respeto de los derechos humanos y la “lealtad” de los empresarios. Por cierto, la gran ruptura entre ambos sigue siendo el 5 de abril de 1992.

Y justamente ese es el espejo en que García debe mirarse, sobre todo, por lo que puede ocurrir el día de hoy. Se tiene programada la lectura de sentencia a los Ministros que avalaron el golpe dado por Fujimori contra los otros poderes del Estado. El fallo puede ser histórico, para bien o para mal, ya que podría ser una resolución que condene abiertamente, por primera vez en la historia del Perú, la interrupción del orden democrático, o podría convalidar lo que fue el inicio de una historia de atropellos, crímen y desmoralización del país.

Los coqueteos y tiras y aflojas con el fujimorismo no le hacen ningún bien al país. No puede considerarse como democrático a un grupo que, hasta el día de hoy, sigue defendiendo al 5 de abril como un día que cambió la historia del país para bien. Pero, lejos de respetar los principios democráticos que dice enarbolar, el partido de gobierno y su Presidente, que también lo es de todos los peruanos, prefiere ser un pobre aprendiz de Fujimori antes que un estadista. La Historia lo juzgará, los peruanos ya lo estamos haciendo.

MAS SOBRE EL TEMA:
Del Castillo: Prefiero renunciar antes que favorecer a Fujimori
Allan Wagner: El fujimorismo usa el terrorismo políticamente

EL IDIOMA DE LA INCLUSION

Para la luz de estos tiempos

Hasta hace unos, aproximadamente, dos meses, dos imágenes se me venían a la mente cuando escuchaba la palabra lingüística. La primera: cualquiera de mis profesores de lenguaje armando el arbolito – no el de Néctar – con las partes de la oración. Ya saben: sujeto, objeto directo, núcleo, objeto indirecto, etc. La segunda: Martha Hildebrandt haciendo de aduanera del habla culta y enfrentándose a su colega María Sumire por la Ley de Lenguas. Y quizás muchos de ustedes, amigos lectores, tengan la misma impresión que yo.

Pero quizás sea hora de ver a la lingüística como una herramienta que no solo sirve para torturarnos con lo que debemos o no decir, como cierta congresista con poco criterio pretende hacernos creer. Ayer, luego de las últimas ponencias del VIII Diálogo de Estudiantes de Lingüística, pude comprobar que las humanidades pueden hacernos ver, de mejor manera, uno de los temas que en la campaña electoral fue de los más tocados y hoy parece haberse diluido en medio del quehacer cotidiano y las propuestas cada vez menos pensadas de Alan: la exclusión.

Uno de los datos que más me sorprendió saber es que cada dos semanas desaparece una lengua. Es decir, sale de la esfera humana no solo una forma de expresarnos, sino también una forma de ser y de sentir lo que somos como personas. Seguramente no faltará quien crea que el deceso idiomático sea tan natural como la muerte de una persona (ya me imagino a Aldo M mandándose un post, digo, un editorial en ese estilo). Pero mis lectores más acuciosos se darán cuenta que la extinción de una lengua se basa en que se dejó de usar porque no fue adecuadamente valorada por quienes hablan el idioma oficial.

Si los seres humanos, de acuerdo a lo que dice la Constitución, somos iguales, pues las lenguas que empleamos para expresar lo que pensamos o sentimos también deberían serlo. Sin embargo, ello no ocurre así en la realidad. ¿Por qué? Quizás la mejor respuesta sea la que me dio una muy buena amiga hace unas semanas: la funcionalidad lingüística. ¿Y eso como se come? Pues nos estamos refiriendo a la capacidad que tiene un idioma de funcionar en distintos contextos, sobre todo, cuando nos encontramos ante el ejercicio de los derechos ciudadanos.

Un ejemplo jurídico nos podrá ayudar a entender la complejidad, aunque no lo crean. Ubiquémonos en cualquier localidad de nuestra sierra, quizás pensemos en Chungui, una de las localidades más afectadas por el conflicto armado. Los pobladores de dicha localidad, en su mayoría quechuahablantes, seguramente tendrán algunos pocos servicios básicos. Imaginemos que tienen un juez de paz en la zona, que, dado que no es abogado, tiene la ventaja de poder entender los problemas de la comunidad y, claro, de hablar quechua. Pero claro, no todos los conflictos pueden ser resueltos por el Juez de Paz. Para algunos de los procesos penales por violaciones de los derechos humanos, nuestros amigos de Chungui tendrán que viajar para acudir a las audiencias, seguramente a Huamanga. Pero, a pesar de ser la capital de departamento – o justamente por ello -, les será difícil encontrar a algún empleado judicial que hable su mismo idioma, un abogado que también comprenda lo que dicen. Quizás por suerte lo logren encontrar, pero, sabiendo como es el sistema judicial peruano, el caso terminará en la Corte Suprema en Lima, con gastos mayores de desplazamiento y claro, con opciones tan remotas como la clasificación de Perú al mundial de ubicar a un juez que se exprese en quechua y menos aún un traductor, tenemos todas las desventajas para acceder a la justicia.

¿Qué nos demuestra esto? Que en el fondo los peruanos hemos hecho del castellano una lengua que ha terminado avasallando a las otras, porque quienes no hablan el idioma en el que me estoy expresando no cuentan con las mismas oportunidades de acceder a los servicios básicos que brinda el Estado. Revísate cualquier parte del Informe Final de la Comisión de la Verdad para que veas que drámatico es esto, pues, en muchos casos, debido a esa distancia, se cometieron crímenes abominables. Y es que en el Perú hemos entendido la tolerancia como un simple ejercicio de ver al otro como diferente, pero no como igual a mi. No ha existido el Nos-Otros tan necesario para la convivencia humana. Quizás ello explique en mucho porque durante 20 años nos matamos entre peruanos.

¿Y qué soluciones nos hemos planteado? Pues una fue la tan discutida Ley de Lenguas propuesta por María Sumire o los Programas de Educación Intercultural y Multilingüe del Ministerio de Educación, propuestas ambas que tienen varias cuestiones destacables, pero que adolecen de tener aún una mirada que sigue mirando a las culturas e idiomas “no occidentales” como mera pieza de observación arqueológica – osea, sin contacto, tal como veía Eliane Karp a los pueblos indígenas – o tratando de adherirle todas las características del castellano, es decir, un lenguaje escrito que muchas de estas expresiones idiomáticas carecen, lo que no implica una falta de desarrollo de las mismas.

Y, con lo bien intencionadas que sean estas propuestas y con todo lo que se puede afinarlas, no son suficientes. Hace falta justamente que volvamos a mirar la gran lección de la elección del 2006. El país requiere de reformas institucionales para que exista una mayor y mejor presencia del Estado en todo su territorio, que deben tomar en cuenta las distintas realidades regionales y, claro, tener a los actores de cada parte de la patria participando en el proceso de elaboración de estas políticas, pues ellos serán los principales beneficiados. Desafortundamente, como sabemos, esa no es la prioridad ni en Palacio de Gobierno ni – y es triste decirlo – tampoco en la mayor parte de gobiernos regionales ni locales.

Sin embargo, no quiero terminar este post como habitualmente lo hago, con esa saludable cuota de pesimismo, indignación e ironía que caracterizan a este blog. Si me animé a mandarme todo este rollo es justamente porque ayer entendí que este tema de las desigualdades idiomáticas tiene, en el fondo, que ver con relaciones de poder. Y, cuando uno mira hacia atrás, ve que el gran tema de Desde el Tercer Piso ha sido ese: como las relaciones de poder actuales han configurado el país que tenemos y que todos tenemos la obligación de comenzar a ayudar a cambiar.

Ayer comprendí cuanto nos puede ayudar una especialidad que generalmente es ignorada o poco comprendida en nuestro medio para poder tener otra entrada a un tema que todos tenemos presente. Muchas veces los abogados tenemos el ombliguismo de creer que tenemos las soluciones a todos los problemas. Tal vez nos hace falta entender que, en el fondo, de los pequeños y hermosos arroyos nacen los grandes ríos.

MAS SOBRE EL TEMA:
Nila Vigil: Revitalizacion lingüística: enseñanza de lengua indígena como segunda lengua.
Jorge Acurio: Verdades y Disparates
Virginia Zavala: Lenguas sí, hablantes no

SOBRE EL CASO IVCHER

A estas alturas, muchos vienen especulando sobre lo que pasará con Frecuencia Latina luego que ayer Caretas destapara que Baruch Ivcher tiene pasaporte israeli.

Las reacciones de los detractores de Ivcher no se han hecho esperar. En un furibundo artículo, César Hildebrandt ha demandado una investigación exhaustiva sobre un tema que, para muchos, podría tener como consecuencia un nuevo desalojo de Ivcher de la propiedad de Frecuencia Latina.

Sin embargo, el tema es más complejo que un pasaporte y es bastante parecido a lo que, paradójicamente, pasaba con la nacionalidad japonesa de Alberto Fujimori.

La Nationality Law israelí de 1952, modificada en varias ocasiones, señala lo siguiente:

Articulo 14, b.
An Israel national who is also a foreign national shall, for the purposes of Israel law, be considered an Israel national

En castellano: El israelí que tiene también una nacionalidad foránea, para la ley de dicho país, es considerado como un nacional de Israel.

Este resquicio legal permitiría sostener a Ivcher que, para efectos de la nacionalidad peruana, renunció a la ciudadanía israelí, pero, a la vez, tenía derecho a contar con pasaporte de Israel ya que su país de origen lo seguía considerando como nacional de dicho país. Es lo que sostiene hoy el diario La República como una opción posible en el colofón de su informe sobre el tema.

Dicha interpretación, solo sería válida, sin embargo, si es que Ivcher hubiera optado por la “cláusula del retorno” (artículo 2 de la Nationality Law) que permite a los hijos de israelíes obtener la nacionalidad del estado judío, para lo cual tenía que haber sucedido este hecho una vez que fue despojado de la nacionalidad peruana. Según fuentes de la Comunidad Judía, este habría sido el caso del empresario televisivo. De todas maneras, un fuerte tufillo a leguleyada se respira en el ambiente.

¿Pronóstico? Va a venir una batalla de abogados procurando, cada uno de ellos, dar su interpretación sobre la nacionalidad y sobre si se puede anular la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la materia. Y claro, al fujimorismo defendiendo la “inocencia” de su líder en este tema.

Pero hay dos hechos objetivos que no podemos olvidar en esta historia.

El primero es que, independientemente de pasaportes y nacionalidades, el tema de la nacionalidad de Ivcher no fue más que el pretexto para los planes del fujimorismo: apoderarse de la televisión para la re-reelección. Las pruebas objetivas: Frecuencia Latina cambió de línea editorial y los hermanos Winter vendieron, con contratos de por medio, el contenido de los programas periodísticos al gobierno de Fujimori.

El segundo es que, aprovechando eso, Ivcher ha pretendido sacar mayor ventaja económica de lo que su condición le permitía. La millonaria indemnización obtenida mediante un arbitraje que no estuvo exento de presiones mediáticas al gobierno de Toledo, así como el pedido para no pagar impuestos, pone al propietario de Frecuencia Latina al nivel de aquellos que venden sus servicios en las batallas.

Quizás por eso sea que opté por acabar con este post con algo que dije hace cerca de dos años sobre este caso:

Si todos los que luchamos contra la dictadura tuvieramos su afan de lucro, pediríamos reparaciones del mismo calibre por lo que perdimos en el combate contra Fujimori. Así no son las cosas. Si salimos a las calles o denunciamos – en medios grandes o en nuestros pequeños círculos – las tropelías del dictador fue por una cuestión de convicción, no por salir en la foto o recibir algún pago. Desafortunadamente, algunos lo creyeron así.