LA ULTIMA SOBRE EL GENERAL

“Que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.
(Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973)

En las exequias del dictador Augusto Pinochet, los miembros de su prepotente familia, fieles a su estilo, justificaron el golpe de Estado que dio el corrupto y asesino que dirigió Chile por 17 años.

El nieto de Pinochet, el capitán Augusto Pinochet Molina, se atrevió a decir a alabar el golpe de Estado de 1973, porque iba contra el “modelo marxista, que pretendía imponer su modelo totalitario, y lo hizo no mediante el voto, sino mas bien derechamente por el medio armado“.

Con justa razón, la Ministra de Defensa Viviane Blandot, ha señalado que “No es aceptable que un oficial en servicio activo pronuncie un discurso público con ribetes políticos y denoste a poderes del Estado. No corresponde, denosto su actitud y espero que el Ejército tome las medidas que corresponde tomar en estos casos“.

Soy de los que piensa que Salvador Allende fue un demócrata, pero que también fue mejor mártir que Presidente, como lo dijo el analista Patricio Navia en su libro “Las Grandes Alamedas. El Chile post Pinochet“. Soy de los que duda de la viabilidad de los cambios implementados durante el gobierno de la Unidad Popular, más aún cuando no se tenía el apoyo mayoritario del país, se tenía a la CIA y a la derecha encima bregando por mantener todo como estaba. Pero estoy convencido que ni la peor crisis en democracia avala el hecho de una salida autoritaria, la creación de un gobierno que oprima la libertad de sus ciudadanos y que aplaste hasta con la muerte a los opositores por el sólo hecho de pensar distinto. Soy de los que se compra el paquete completo, por eso no puedo aceptar un sistema que brinde relativo bienestar económico a cambio de libertad.

Por eso, no comprendo a quienes siguen avalando al Dictador, a quienes hacen prevalecer un mediocre crecimiento económico por sobre la vida humana, a quienes no les importa las cuentas en el Riggs y prefieren una izquierda aniquilada.

Por ello, va dedicada a los que defienden al dictador, aquí va, “Chile, la alegría ya viene”, la canción de la Concertación en 1988, con motivo del plebiscito que sacó del poder a Pinochet:

Porque digan lo que digan yo soy libre de pensar,
Porque siento que es la hora de ganar la libertad,
Hasta cuando ya de abusos, es el tiempo de cambiar,
Porque basta de miserias voy a decir que NO.

Porque nace el arco iris después de la tempestad,
Porque quiero que floresca mi manera de pensar,
Porque sin la dictadura la alegría va a llegar,
Porque pienso en el futuro, voy a decir que NO.

Vamos a decir que no ¡oh!, con la fuerza de mi voz,
Vamos a decir que no ¡oh!, yo lo canto sin temor,
Vamos a decir que no, ¡vamos juntos a triunfar!,
Vamos a decir que no, por la vida y por la paz.

Terminemos con la muerte, es la oportunidad,
De vencer a la violencia con las armas de la paz,
Porque creo que mi patria, necesita dignidad,
Por un Chile para todos, vamos a decir que NO.

Vamos a decir que no ¡oh!, con la fuerza de mi voz,
Vamos a decir que no ¡oh!, yo lo canto sin temor,
Vamos a decir que no, ¡vamos juntos a triunfar!,
Vamos a decir que no, por la vida y por la paz.

Chile, la alegría ya viene.

Y la alegría, felizmente, llegó hace 16 años.

3 thoughts on “LA ULTIMA SOBRE EL GENERAL

  1. Esos eran los radicales (curiosamente, del Partido Socialista, no del Comunista) que literalmente devoraron a Allende. Te reproduzco un párrafo del libro de Patricio Navia (quien, por cierto, es partidario de la Concertación y columnista del diario La Tercera de Santiago) “Las Grandes Alamedas. El Chile post Pinochet” que estoy leyendo en estos días:”Ya mucho se ha discutido sobre quien fue más culpable del quiebre institucional de 1973. Pero, dentro del grupo de responsables Salvador Allende ocupa un lugar privilegiado. La falta de capacidad para gobernar y la poca habilidad para que el proceso de cambio deviniera en una confrontación sangrienta dejan en claro que Allende fue mucho mejor mártir que Presidente de la República. Sin duda fue un demócrata convencido y un republicano ejemplar, pero a la hora de la revolución con empanadas y vino tinto, Allende simplemente perdió el control. De acuerdo, era una tarea difícil. Pero la inmolación final de Allende refleja tanto su consecuencia histórica como el reconocimiento implícito del fracaso de su gobierno”. Y te reproduzco otro del final, para que veas lo que piensa de Pinochet. Se ubica en la carta a su sobrino con la que termina el libro:”Tu padre y yo soñamos cuando addolescentes con cambiar este país, con recuperar la democracia para poder construir un país más justo, más tolerante y de más libertad. Probablemente sin que nuestra convicción tuviera gran influencia en lo que finalmente terminó ocurriendo, nuestro país recuperó la democracia. Pero en el proceso tu papá y yo desarrollamos una vocación por lo público y una preocupación por lo que ocurre en el país. Aunque la democracia haya retronado a Chile por razones totalmente ajenas a lo que tu papá y yo pudimos hacer en Temuco, la preocupación por lo público que tu papá y yo tenemos hoy, y espero que tengamos cuando tu tengas edad de leer esta carta, nación cuando Chile vivía en dictadura. En esos años había gente que moría por querer recuperar la democracia, había otros que mataban supuestamente por lo mismo y no pocos vivían con miedo y con temor porque en Chile no había democracia. Tu papá y yo estábamos más ocupados de que terminara la dictadura que d ee los motivos por los que se había perdido cuando ni él ni yo estábamos en edad de entender lo que había pasado. (…)Pero no tengo nostalgia de esos años. Es más, quisiera no haberlos tenido que vivir nunca. La dictadura, Eduardo, impregnó muchos ámbitos de la vida en sociedad. A la ya bien establecida cultura autoritaria que existía en Chile, la dictadura añadió un componente de legitimidad legal que permitió el desarrollo de pequeños dictadores en los más diversos ámbitos de la cotidaniedad. Desde el chofer de micro hasta el inspector de colegio donde asistíamos, todos se creían con derecho a utilizar la mano dura. Tu padre y yo fuimos víctimas de castigos que hoy todos entienden como inapropiados para estudiantes de colegio. Además de tirones de patillas, reglazos en las manos y alguna que otra bofetada, tu padre y yo tuvimos que sufir la arbitrariedad e personas que hallándose en posiciones de autoridad, ejercían la posibilidad de abusar de aquellos que no tenían herramientas para defenderse. Por eso no tengo nostalgias de esos años de impunidad y pequeños dictadores que aparecían en todas partes. Pero sí reconozco que probablemente nunca hubiera desarrlado esa preocupación por lo público con ese sentido de urgencia que adquirí como adolescente convencido de la necesidad del retorno de la democracia”.

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