CUIDADO CON LAS PATEADAS DE TABLERO

Trabajo en una institución que procura ayudar, desde la experiencia universitaria, a que la democracia y los derechos humanos sean respetados en el Perú. Quizás ello explique el tono y enfoque de los post que hago en este blog y explique el siguiente texto.

Durante buena parte de la campaña hemos asistido a manifestaciones, declaraciones y acciones de parte de los principales candidatos presidenciales en contra de la democracia, del respeto a las instituciones y a los derechos humanos.

La candidata de Unidad Nacional, Lourdes Flores Nano, es una persona honesta y que cumplió un importante rol en el Congreso para derrotar a la dictadura de Fujimori y Montesinos. Sin embargo, parece haber olvidado dicho rol cuando “olvidó” decir palabra alguna sobre la Comisión de la Verdad y Reconciliación en su Plan de Gobierno y, más aún, cuando terminó alegando que le robaron el triunfo en la mesa al reconocer su estrecha derrota ante Alan García Pérez. Le dio el pretexto perfecto a Humberto Lay a decir que había fraude en el conteo de votos parlamentarios (en favor de Perú Posible, aunque sus reclamos han cesado cuando se ha conocido que ambos partidos pasarían la valla electoral) y, como veremos después, Ollanta Humala ha tomado las declaraciones de Lourdes como pretexto para alegar un supuesto fraude que no existe.

Vale la pena tener en cuenta que, salvo algunos errores menores, la actuación del Jurado Nacional de Elecciones y la ONPE ha sido impecable. Hace solo 6 años nos lamentábamos de ser el hazmereir de América Latina por no tener un proceso limpio, justo ni transparente. Hoy lo tenemos. Incluso Toledo, de quien se esperaba hasta una mayor intervención en el proceso, se ha portado bastante mejor de lo que se esperaba. Solo una persona que realmente cree en las teorías del complot puede alucinar que los organismos electorales están manipulados.

Alan García tampoco no se salva de las críticas. Sigue defendiendo en todo mitin que va (antes de tomarse el vaso de cerveza o pisco y cantar a toda voz “La Vida es un Carnaval”) la pena de muerte para los delincuentes más avezados. A pesar que quizás muchos lectores de este blog estén de acuerdo con la pena de muerte, yo no lo estoy, no solo por razones éticas, sino también por razones prácticas. ¿Alguién me puede demostrar la relación entre matar gente y disminuir la delincuencia?

Por si fuera poco, García habla de disolver el Congreso – por la vía constitucional, aclara – si es que no aprueban sus medidas para rebajar los sueldos. Lo que García no explica del todo bien (y extraña siendo abogado) es que para ello se necesita que 2 gabinetes sean censurados por los Congresistas. Y dudo mucho – sí, aun me queda espacio para esa duda – que prefieran que se les acabe el sueldo antes que rebajárselo.

Lo de Ollanta Humala da para una serie de posts, pero creo que la trayectoria la conocen: Madre Mía, lo de Andahuaylas (que sí apoyó, por cierto), la hoja de periódico que lleva su nombre y en la que hablan vituperios de todo el mundo. Pero por sobre todo, las alusiones a la violencia.

Cierto es que el país se caracteriza por sus exclusiones, racismos y deliberados olvidos a los más pobres o a quienes tienen menos oportunidades. Pero la solución para ello no es enfrentarnos entre peruanos ni mucho menos apelar a la violencia, sea esta verbal (Daniel Abugattas es el mejor ejemplo de ello) o física.

Ayer hemos presenciado los sucesos más bochornosos de la campaña electoral. ambos candidatos recibiendo impactos de “objetos voladores en forma de óvalo” (léase, huevos) y una extraña y medio confusa pelea callejera en el Cusco, donde corrieron piedras y hasta balas. Ocram ha registrado esto en su visita al ombligo del mundo y lean su crónica sobre dichos hechos para que puedan formarse una opinión.

Lo curioso es que ambos candidatos dicen amar al Perú o tener a Perú en su nombre. Y ahora ambos dicen querer reparar a las víctimas de la violencia. Sin embargo, olvidan que la Comisión de la Verdad y Reconciliación, a la que ahora parecen recordar, señala que los partidos políticos deben comprometerse a no utilizar la violencia en sus acciones y a defender el sistema democrático.

La democracia está en peligro. Pero no solo por los conocidos aprestos autoritarios de Humala, quien ahora alega fraude para intentar patear el tablero, sino también por estas actitudes de personajes que representan a partidos con cierta trayectoria democrática. Ahora más que nunca y, gane quien gane, a partir del 28 de julio debemos estar alertas para que la democracia, imperfecta y con problemas, pero nuestra, no sea perdida. Ayudemos a fortalecerla y no a dejarla morir, como en 1992 y en tantas otras veces.

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