UN HOMBRE BUENO Y SABIO

HUBERT LANSSIERS ss.cc. (1929 – 2006)

“La justicia es el triunfo de la razón sobre el caos y la violencia”.

Hay personas que, sin que muchas veces nos percatemos, dejan huella, sea en una vida, en un grupo de personas, en una colectividad. Son personas que nos hacen ver cosas que el común de la gente no vemos o que nos hacen percatar de realidades que desconocemos o pretendemos desconocer. Hubert Lanssiers pertenecía a esa clase de seres humanos.

Duro en su aspecto, rudo en su forma de hablar, con su acento belga y su particular forma de hablar el castellano, Lanssiers no solo me introdujo a la filosofia en la Recoleta y despertó la curiosidad por revisar a Platón, Sócrates o a contemporáneos como Hannah Arendt. Su vida fue, en buena parte, la que me decidió optar por concentrar mi linea de carrera y de reflexión personal en los derechos humanos.

Nosotros vivimos una guerra interna cuando eramos muy niños, guerra que nos dejó miles de víctimas. Lanssiers, cuando era niño y adolescente, vivió aquella calamidad llamada Segunda Guerra Mundial, con bombardeos e invasiones en toda Europa, campos de concentración, violaciones del derecho de la guerra y los derechos humanos, causados todos por una amenaza totalitaria. Esa experiencia lo marcó para siempre y fue la que lo decidió ser sacerdote.

No fue la última guerra que vio de cerca Lanssiers. Vio también las experiencias de Camboya y de Vietnam, donde las doctrinas militares francesas de las guerras de baja intensidad plasmadas en la realidad generaban miles de muertos. Y, luego, ya en Perú, vio como el conflicto armado interno llevaba tantas vidas que le hizo escribir alguna vez que esperaba que la cultura de paz se implante en el país a tiempo, a fin que no pudieramos que ver una lápida que dijera “Aqui yace la mitad del Perú, asesinada por la otra mitad”.

Su misión en el Perú fue la de apoyo a quienes pasan alguna temporada de su vida en la cárcel. Sabemos como son nuestras prisiones, lugares donde la resocializacíón del individuo es casi imposible, con condiciones infrahumanas y donde se siente también la ausencia del Estado. Allí Lanssiers hizo una labor importante, no solo de confort espiritual, sino también como apoyo para las iniciativas de trabajo de aquellos que pasan prisión: el pabellón industrial, los espacios de exposición y venta de obras artísticas “Arte para la Esperanza”, incluso llegó a abrir una tienda en el colegio donde los trabajos hechos por hombres y mujeres en prisión son vendidos para recaudar fondos para sus familias.

Su trabajo más publicitado fue como miembro de la Comisión de Indultos para Inocentes en Prisión. Recordarán que entre 1992 y 1995, a raiz del marco legal dictado para el procesamiento de terroristas, a los prejuicios existentes en la época y la actuación judicial de aquellos años, muchas personas inocentes fueron condenadas a penas severas. El movimiento de derechos humanos bregó por años para que se reconociera esta realidad. Finalmente, luego de largo batallar, el gobierno de Fujimori reconoció el problema y creó una comisión de indultos que permitiera zanjarlo. Así, nombraron a Lanssiers como representante gubernamental de dicha comisión. Allí, junto a Jorge Santistevan de Noriega (nuestro primer Defensor del Pueblo) y a los Ministros de Justicia de turno durante 3 años se encargó de sacar a más de 800 personas cuyas vidas habían sido destruidas por una condena. Desafortunadamente, en los últimos años de la década de 1990, el trabajo de la Comisión ya no tuvo el respaldo necesario para continuar. Tuvo que restaurarse la democracia para que 400 personas más, tanto durante el gobierno de Paniagua como de Toledo, salieran de prisión. El problema, lamentablemente, aun subsiste para algunas personas más y sus familias.

Lanssiers nos dejó esta mañana. Sus eternos cigarrillos Inca, cuyo humo y aroma impregnaban su oficina, le pasaron la factura a sus cansados pulmones. Hoy lo recordamos aquellos recoletanos que fuimos sus alumnos o que conversamos alguna vez con el, los integrantes del movimiento de derechos humanos, los habitantes de las cárceles a los que alguna vez acompañó y todos aquellos que conocimos de su trabajo.

Quizás sea tarde para decirlo, pero, gracias por lo que nos diste, como testimonio y como ejemplo.

(Foto: El Comercio)

One thought on “UN HOMBRE BUENO Y SABIO

Agregar un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Cambiar )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Cambiar )

Connecting to %s