¿LA CAMPAÑA ES UN CARNAVAL?

Una mirada a la estrategia comunicacional del APRA

Advertencia: Leer escuchando “La Vida es un Carnaval” de la inmortal Celia Cruz y/o cualquier disco de reggaeton (sea firme o de los que consigues por menos de un dólar en el concurrido centro comercial “El Hueco”).

El uso de música en campañas electorales no ha sido un fenómeno infrecuente en las campañas electorales peruanas. Recuerdo que en 1985 mi mamá (ferviente aprista) me hacía escuchar el disco de vinilo de 45 donde habían solo 2 temas. Lado A: Tema de Alan compuesto por José Escajadillo. Lado B: Mi Perú, original de Manuel Raygada, cantada por Los Zañartu. El aggiornamiento aprista a ritmo de vals peruano.

Más sofisticada fue el himno del FREDEMO. La entonaba Roxana Valdivieso, cuñada de Mario Vargas Llosa. No pegó la canción. Más jale tuvo el “Himno por la Libertad” compuesto por Polo Campos (Perú, Perú, despierta ya, a defender tu libertad) que mi papá entonaba solo por dar la contra en la casa o, claro, “Another Brick in the Wall” acompañando el demoledor spot del APRA contra MVLL.

No recuerdo ninguna canción del 95, campaña corta y que Fujimori se llevó de robo.

La cacofonía llegó en el año 2000. ¿Se acuerdan? Tiempos de technocumbia, de grupos de 5 patas de los conos de Lima saliendo cada semana, de Euforia y Rossy War. No se hagan los locos que bien que en esa época lo bailaron. Bueno, hace ya 6 años a un presidente con aires de dictador y que se quería ir por el tercer (inconstitucional) mandato no se le ocurrió mejor idea que emplear dicho género musical para su campaña electoral. Así nació el “Ritmo del Chino”, melodía que hasta ahora entonan los partidarios que aun le quedan al inquilino de la gendarmería de Santiago de Chile, con su única letra: Chino, chino, chino, chino, chino. Y que a muchos nos sonaba al fraude, a la trafa, a la corrupción y a la prepotencia que caracterizaron al gobierno del señor Fujimori.

2001. Vuelve la democracia. Pero también Alan Vuelve. Y con canción incluida. Esta vez, para acompañar su slogan “Alan Perú”, no se tuvo mejor idea que poner al ex presidente junto a Arturo “Zambo” Cavero para entonar “Y se llama Perú”. Polo Campos debe haber cobrado buenas regalías por un tema que, a ser sinceros, pegó en el electorado.

Hoy la historia se repite. García busca remontar una campaña que le era adversa utilizando el ritmo de moda para los jóvenes (de todas las clases sociales, porque hasta en el Boulevard de Eischa lo bailan): el reggaeton. Ingenioso para los inventos, el jefe de campaña y responsable del plan de gobierno aprista, el inventor y economista Hernán Garrido Lecca, puso la conexión con los jóvenes – aquellos que no padecieron o eran muy niños durante el gobierno de García – como centro y para ello no trazó un plan de ideas ni hizo énfasis en las políticas para la juventud. Solo puso a los compañeros a cantar, a organizar conciertos y al líder del partido, ataviado con polo rojo, a bailar al ritmo de Celia Cruz en los mítines populares y, ante los jóvenes y como spot de campaña, se dejó la Walicha original para pasar al reggaeton compuesto por un jóven militante aprista.

Si vemos las encuestas, hasta ahora le viene funcionando la estrategia a García, quien además viene aprovechando el estancamiento de Lourdes Flores y Ollanta Humala. Pero a diferencia del 2001, García no pone temas en la agenda, o los que coloca son los refritos de la campaña anterior (services, Banco Agrario, tarifas). Si bien García se siente revitalizado por la subida y el baño de juventud, el verdadero ritmo de los cuarenta días restantes lo darán sus ideas. El Plan de Gobierno está allí puesto para el debate, pero el candidato aprista prefiere que lo recuerden más como el émulo de Daddy Yankee.

Si García quiere reivindicarse ante la historia, como en múltiples ocasiones lo ha declarado, no solo debe demostrar que ha renovado su repertorio musical, sino que también lo han hecho sus ideas. En esto, el Plan de Gobierno aprista lo dirá mejor y con mejor ritmo que los nuevos poetas de la calle. La letra, en este caso, importa más que el ritmo.

(Foto: Diario El Comercio)

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PRENSA, ELECCIONES Y REPARACIONES

Se fue Hildebrandt. Tan abruptamente como las 13 veces anteriores. Como en casi todas, por la puerta falsa. El portazo, sin embargo, tuvo mayor eco que otras veces, toda vez que el periodista denunció el – hasta hace unos días – no conocido cobro de la indemnización que el propietario de Frecuencia Latina, Baruch Ivcher, reclamaba al Estado peruano. Todo esto en un contexto electoral, donde las suspicacias son mayores que en otras épocas en el Perú.

Ivcher fue un tardío opositor al régimen fujimorista. Sus programas periodísticos durante muchos años (en particular, entre 1992 y 1996) fueron “la voz de las Fuerzas Armadas” y la pantalla preferida del régimen. Cuenta la anécdota que uno de sus investigadores – cuando Ivcher enmendaba rumbos periodísticos – le dijo en su cara que no veía Contrapunto “por higiene mental”.

En 1996, hasta ahora no se sabe por que motivo, Ivcher cambió su línea editorial y comenzó a pasar reportajes críticos en contra del régimen fujimorista y, en particular, en contra del todopoderoso asesor Vladimiro Montesinos. Las represalias no se hicieron esperar: el retiro de la nacionalidad y, por ende, de su canal de televisión (los extranjeros no pueden ser propietarios de televisoras en el Perú) fueron el inicio del contrataque con el que Fujimori y compañía hicieron pagar a Ivcher su osadía. De alli en más, todos quienes luchabamos contra la dictadura hicimos de la causa de Ivcher nuestra causa, no porque fuera él un santo o una persona de buenos modales, sino porque su caso reflejaba que la libertad de expresión en el Perú tenía partida de defunción emitida.

Con el retorno de la democracia, el Perú debía acatar la sentencia emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Dicha sentencia ordenaba devolver a Ivcher el canal perdido y al pago de US$ 70,000. El Estado, por cierto, cumplió con la sentencia, devolviendo al empresario la emisora de televisión arrebatada y consignó la suma prescrita en el Banco de la Nación. Así, se respetaba el derecho a la reparación que tenía Ivcher por las violaciones a los derechos humanos que sufrió y que de las que el Estado era responsable.

Sin embargo, Ivcher presentó un recurso aclaratorio ante la Corte Interamericana, pues consideraba a la reparación como insuficiente, toda vez que, en su lógica, el Estado debía compensarlo por el dinero que dejó de percibir él y el canal durante los 3 años que estuvo bajo la tutela de los tristemente célebres hermanos Ivcher.

La Corte Interamericana señaló, en la sentencia aclaratoria solicitada, que “para determinar la indemnización que pudiera corresponder por los daños materiales causados al señor Ivcher, se deberá atender a lo que resulte procedente en los términos de la legislación peruana, formulando las reclamaciones respectivas ante las autoridades nacionales competentes para resolverlas”

Cabe señalar que las reparaciones que el sistema interamericano de derechos humanos dictamina pagar nunca han superado el millón de dólares. Estos montos fijados dentro del límite de lo razonable se basan en que las reparaciones no son una forma de enriquecimiento, sino una compensación por el daño causado, que en el caso de violaciones a los derechos humanos no busca que la víctima o el beneficiario se enriquezca con la misma. Este criterio no fue tomado en cuenta por los tres árbitros que dirimieron la contienda en el Perú. Y no fue así porque quienes formaron el tribunal arbitral – Jorge Avendaño, Felipe Osterling y Jorge Santistevan de Noriega – son abogados más emparentados con el derecho civil, donde la lógica de la reparación civil es otra y, claro, donde Ivcher tenía las de ganar.

Como el Estado se negaba a pagar una cantidad tan exorbitante como la que pedía Ivcher (120 millones de dólares), la línea editorial del canal – con excepción del programa de Hildebrandt – hacía escarnio del más mínimo error del presidente Toledo y algunos de sus periodistas incluso tenían líneas editoriales favorables a la vacancia presidencial. Ello no exculpa a Toledo de sus errores, pero demuestra que muchos de ellos – y en particular, los de su impresentable familia – han sido amplificados por sectores de la prensa que tenían intereses distintos a los de la información objetiva o el interés público.

Hildebrandt, como todos los periodistas lo hemos hecho, ha hecho críticas bastante duras en contra del presidente, pero no se sumó a la corte de hombres de prensa que amplificaba al máximo los errores presidenciales ni se adhería a aquellos que con vehemencia deseaban ver a Toledo salir antes del 28 de julio de 2006 de Palacio de Gobierno. Además, distaba de proteger intereses económicos o empresariales sobre los cuales los medios de comunicación importantes – con ciertas excepciones – callan o hablan en voz baja. Porque en nuestro país hacer notar el olor a podrido del salvataje del Banco Wiese, sacar a la luz las irregularidades en la privatización del puerto de Matarani (donde el señor Arturo Woodman está involucrado) o revisar las pingües ganancias de las AFP son practicamente actos de heroísmo. Esa incomodidad, sin duda, se la deben haber hecho notar a Pedro Pablo Kuczynski, peleado con el periodista desde hace varios años.

Y, oh casualidad, justamente cuando PPK es el Primer Ministro, el Estado ordena pagar reparaciones con un crédito suplementario, donde el mayor monto de lo pagado es para el señor Ivcher, quien además, se llena la boca diciendo que este es un pago justo por su lucha por la vuelta de la democracia.

Ajustado a ley, sí, efectivamente, pero no creemos que justo.

Más aún, con dichas declaraciones, Ivcher se rebaja al nivel de aquellos hombres que peleaban las guerras a cambio de dinero, al de un vulgar mercenario. Si todos los que luchamos contra la dictadura tuvieramos su afan de lucro, pediríamos reparaciones del mismo calibre por lo que perdimos en el combate contra Fujimori. Así no son las cosas. Si salimos a las calles o denunciamos – en medios grandes o en nuestros pequeños círculos – las tropelías del dictador fue por una cuestión de convicción, no por salir en la foto o recibir algún pago. Desafortunadamente, algunos lo creyeron así.

Decíamos al inicio, Hildebrandt se fue. Y si no se hubiese ido no nos habríamos enterado de la historia. Pero tampoco hubieramos perdido a uno de los pocos periodistas que no se la está jugando por algún candidato o candidata. Tratar elegantemente a Humala no implica que no se le desnuden sus contradicciones, respetar a Lourdes Flores no implica que no se critiquen sus errores, hacer una entrevista con buenos modales a Alan García no implica no recordar su pasado.

Tal parece que muchos colegas lo olvidado su verdadero rol en esta campaña. Si se la juegan por algún candidato, digánlo abiertamente, pero respeten el derecho a la información que todos los peruanos queremos tener en estas elecciones.

CALEIDOSCOPIO ELECTORAL

Caleidoscopio
2. m. Conjunto diverso y cambiante
(Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)

Lourdes Flores va puntera en las encuestas. Una buena campaña hasta el momento es la principal razón para su liderazgo. A ello se suman sus características personales (honestidad, trabajo y experiencia política), así como un plan de gobierno con acento en lo social.

Ya que la posibilidad que Lourdes sea presidente de nuestro país es bastante grande, vale la pena preguntarse si el entorno que la rodea la dejará hacer las reformas sociales que plantea y si Lourdes Flores podrá decir algunos “no” a los empresarios que, con Arturo Woodman a la cabeza, hacen abierta campaña en favor suyo y hasta se atrevieron a especular con el dólar y la bolsa cuando Humala se hallaba en el primer lugar de los sondeos de opinión.

Sería bueno que la doctora Flores respondiera a esta pregunta, pues la absolución de la misma marcará en términos reales su estilo de gobierno.

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Ollanta Humala enfrenta acusaciones por presuntas violaciones a los derechos humanos cometidas mientras servía en el Frente Huallaga en 1992. Denuncias que debe aclarar cuanto antes, no solo por su futuro electoral o penal. También deberá hacerlo pues, en caso de salir elegido, deberá enfretar a los remanentes subversivos y, además, a las secuelas del conflicto interno. Hasta ahora, como en casi todo, Humala no ha enunciado idea alguna sobre este tema y ha optado por lanzar a 3 o 4 voceros que intentan convencernos que todo es una campaña contra la candidatura nacionalista.

Cierto es que un gran sector de la población vota en contra de Humala por miedo a lo que vendrá. Es cierto que ese terror ha sido alentado por medios de comunicación que hacen campaña en favor de la candidata de Unidad Nacional. Pero también es meridianamente claro que el entorno humalista, su carencia de ideas y su falta de explicaciones han alentado dicho temor.

A todo esto, caigo en cuenta que – con excepción de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y algún que otro medio de comunicación – quienes han levantado más esta denuncia han sido quienes se hallan en contra de las conclusiones emitidas por la Comisión de la Verdad y Reconciliación o han sido cajas de resonancia de los ataques a la misma. ¿No cabe aquí un poco de consecuencia y plantearnos en la campaña como tema que hacer para reconciliar al país, en términos de mejorar las relaciones entre los peruanos?

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El sábado escuché a Susana Villarán en “Dos dedos de frente”, el programa en el que dos directores de periódicos entrevistan a los candidatos presidenciales, en horario en que solo los pueden ver quienes no salen los sabados por la noche (o nos han cancelado planes).

Susana me parece una persona de trayectoria impecable y democrática. Y pienso que tiene un buen plan de gobierno y un buen equipo de gente que la acompaña. Sin embargo, no sale del rubro “otros” en las encuestas. Me pregunto a mi mismo porque una persona chambera y honesta como ella y con un entorno y planes adecuados no logra hacer clic con la población del país (lo mismo puede aplicarse a Valentín Paniagua).

¿Será por que el tema de derechos humanos solo interesa a unos cuantos? ¿Será que las necesidades urgentes están primando sobre las importantes? ¿Será que no es el momento? ¿Será que el ánimo rabioso de quienes desde un lado u otro intentan polarizar la campaña a su favor es más fuerte que la razón?

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Pobre Alan García. A su mal gobierno 1985 – 1990 y a su mala elección de plancha electoral parece sumarse ahora el arrebato bufalesco de algunos de sus compañeros, que agredieron ayer a simpatizantes de Jaime Salinas, disminuyendo una vez más el nivel de la campaña.

Cierto es que podría ser verosimil la denuncia de Jorge del Castillo, que sindica a grupos empresariales haciendo bolsas para hacer que algunos candidatos se retiren en favor de Lourdes Flores. Sin embargo, hasta el día de hoy no ha presentado pruebas de ello.

La campaña debe ir hacia el plano de las ideas antes que el de los ataques sin fundamento y menos aún al de la agresión física. Cierto es que los modales a veces no priman en el país y menos en el país político, pero intentemos hacer una campaña mejor.

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El gobierno se quedó sin candidato. Rafael Belaúnde renunció luego de una quijotesca lucha por depurar la lista parlamentaria de Perú Posible. Hablar de decencia cuando hay muchos chakanistas con denuncias por responder era mentar la soga en la casa del ahorcado.

La chakana sigue haciéndose el harakiri político, dejando de lado a un personaje probo como Belaúnde por una carrera de egos personales que enfrenta a personajes no de dudosa reputación, porque es cierto que la reputación de algunos dirigentes del partido de gobierno no es nada dudosa. Alejandro Toledo, además, ha preferido los votos para el TLC de su chúcara bancada antes que apoyar a su candidato.

No me animaba a dar pronósticos en esta campaña, pero doy uno: el gobierno no tendrá quien lo defienda en el próximo Congreso.

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Una amiga a la que aprecio bastante me hacía ayer varias preguntas sobre el idealismo que a veces me enmarca. Y luego de leer la columna que acabo de redactar, uno se puede preguntar si es posible seguir creyendo en el Perú y los peruanos. Sigo apostando por una respuesta afirmativa, no por vivir en las nubes ni mucho menos, sino porque sigo confiando en los cambios de actitud y en la acción de quienes hacen todo lo posible para que las cosas cambien.

Se, querida amiga, que tu también quieres que el Perú sea un lugar mejor donde vivir, pero que el escepticismo por momentos te abruma. A no desanimarse. Abril es una buena oportunidad para elegir, pero recuerda que durante los 5 años siguientes debemos estar alertas, para que no nos vuelvan a pasar malos gobiernos.

Recuerda (y con esto termino) que para que el país cambie solo hace falta que cambiemos nosotros.