Dios los cría, ¿por qué se juntan?

¿Se viene un eje Caracas – La Paz – Lima?

Desde “junta de cucos” hasta “pacto anti imperialista positivo”. Así ha sido calificada la reunión sostenida por Hugo Chávez, Evo Morales y Ollanta Humala el martes 4. Sin duda ha sido un golpe mediático en términos electorales, pues ha colocado a Humala notoriamente a la izquierda del espectro político, con un padrinazgo electoral internacional de una figura controvertida como Chávez y con posibilidades de formar un “eje” entre Caracas – La Paz y Lima de presidentes nacionalistas y radicales.

Solo el tiempo dirá si electoralmente esta jugada le rinde réditos a Humala, pero resulta más interesante analizar lo que implica como discurso, obra y posibilidad de gobierno para el país.

Hugo Chávez no es un presidente democrático. Es cierto, fue elegido con el voto popular y ratificado en un referendum con el respaldo de la mayoría de venezolanos. Pero su conducta ha pervertido las instituciones supuestamente democráticas: controla el Congreso con mayoría casi unánime, tiene a sus propios jueces en el Poder Judicial y en el Tribunal Constitucional. Mantiene a la Fuerza Armada como un actor claramente deliberante en política y sujeto a sus dictados partidarios, lo que desnaturaliza la función militar. Asimismo, procura eliminar todo requicio opositor (en lo que colabora la oposición democrática más autodestructiva y torpe de América Latina) y, luego de Cuba, es el país con mayores problemas para el ejercicio de la libertad de prensa. Hasta allí, el parecido con Fujimori es inequívoco.

Pero Chávez no es Fujimori, por lo menos en el sentido económico (aun no lo sabemos si en el delincuencial). Su enfrentamiento abierto con Estados Unidos, sus posiciones contrarias a la apertura comercial y al mercado, su manejo del mercado petrolero cuyos precios altos le permiten sostener su régimen populista y su reticencia a firmar los TLC lo colocan claramente como el más radical de los presidentes de la región. Y como los gringos no son simpáticos (menos bajo la administración Bush) gana adeptos y defensores en algunos paìses. Sí, los mismos que siguen defendiendo a Fidel Castro (como, en nuestro medio, Javier Diez Canseco y Ollanta Humala).

Chávez nos recuerda, por tanto, a un dictador al que Humala ha señalado admirar: Juan Velasco Alvarado. Velasco, nos lo recuerda la historia, quiso hacer una “revolución desde arriba”, que cambiara la estructura social y económica del país. Resultado: una dictadura de 12 años, espectativas frustradas, el agro y la industria destruidas, la educación y la salud pauperizadas, una carrera armamentista que nos generó más deuda externa y el crecimiento de las condiciones que provocaron el surgimiento de Sendero Luminoso.

Morales transita el mismo camino, a pesar que recién asumirá el cargo el 22 de enero. Recordemos que Morales lideró las protestas que sacaron del poder tanto a Gonzalo Sánchez de Lozada (errado o no, presidente elegido democráticamente) como a Carlos Mesa. En plena campaña electoral, señaló que daría un golpe de Estado si “le robaban la elección”. Al igual que Chávez, es radicalmente opuesto a la inversión privada, a Estados Unidos y es proclive a la nacionalización de los recursos. Las expectativas que ha despertado su gobierno son altas, pero pueden frustrarse por la falta de recursos que tenga Morales para resolver rápidamente los problemas y por su propio discurso radical.

A ello se suma la alianza de Morales con los cocaleros. Es cierto que la política de erradicación total de la hoja de coca impuesta por Estados Unidos ha despertado naturales preocupaciones y recelos, pero proponer la industrialización de la hoja de coca que actualmente se produce (¿cuál sería el mercado?) o la liberalización de su comercio es poco menos que dar carta libre al narcotráfico. Posiciones ambas extremas, mientras que el negocio de los narcos crece y el consumo (tanto en el norte como en el sur) va aumentando año a año.

Así pues, vamos viendo cual será la real orientación del humalismo. Porque, seamos claro, de salir elegido Chávez lo cobijará y lo presionará para unirse al clan radical de América Latina. Aunque Humala se vista de seda, radical se queda.

Cierto es que las políticas del llamado “Consenso de Washington” no han alcanzado los resultados esperados, en parte porque no se hicieron reformas recomendadas, en parte porque el modelo definitivamente excluye a un gran sector de la población. Urge repensar nuestras economías de mercado para acercarlas a la gente y que les pueda dar mayores beneficios. Pero no creemos que a la manera de Chávez o de Morales sea la fórmula correcta para llegar al camino del desarrollo humano que tanto anhelamos. Estamos advertidos de lo que puede pasar.