BARRIO DE BRONCAS

Cuando los periodistas se convierten en la noticia

Estupefacción y pena. Eso es lo que me causó la serie de puyazos vertidos la semana pasada entre Rosa María Palacios y César Hildebrandt. Estupefacciòn por el nivel de belicoaidad con el que el intercambio de insultos era proferido. Pena por ver como los dos periodistas más creibles y poderosos del medio televisivo desvíaban la atención sobre el verdadero escándalo: los lios y conflictos de intereses que tenían Genaro Delgado Parker y Fernando Olivera.

Aquí no tomaré partido por alguno de los dos, pero si daré mis impresiones sobre lo que hicieron y se dijeron ambos y las repercusiones que tienen estos hechos y palabras en el ejercicio del periodismo.

Hildebrandt hizo bien en revelar las conversaciones de GDP y FOV. ¿Por qué? Porque considero que es de interés público conocer los negocios y negociados que andaban tendiendo el socio político del Presidente de la República con uno de los principales broadcasters del país, el cual estuvo vinculado a Vladimiro Montesinos. Revela la falta de transparencia con la cual se realizan muchos negocios en nuestro país y la tabla rasa que se hace de la Ley de Gestiòn de Intereses, la cual es vulnerada por GDP al intentar gestionar en favor de una empresa norteamericana para la compra de una azucarera estatal (los dueños de medios de comunicación, de acuerdo a esta norma, no pueden ser gestores de intereses).

Asimismo, frente a los dos errores cometidos en la investigación de Hildebrandt (encargar el peritaje del audio a un miembro del FIM y señalar en la segunda entrega de grabaciones que las conversaciones sobre ATV y un posible embargo de sus acreencias se había sostenido entre Genaro y Olivera), se respondió con la máxima rapidez posible, reconociendo y rectificando errores que otros colegas no rectificarìan o reconocerían (caso claro: Cecilia Valenzuela, quien se niega a reconocer errores cometidos por su equipo de investigación, pese a ser más graves que los antes señalados).

Palacios no tomó el tema con “condescendencia” como lo sostuvo Hildebrandt. Por el contrario fue bastante incisiva en sus preguntas. Eso fue lo que motivó la cancelación en dos oportunidades de la entrevista que Genaro Delgado Parker había prometido concederle. Tampoco hizo escarnio de los equívocos de Hildebrandt.

Sin embargo, creo que ambos no han reconocido del todo su responsabilidad en el fondo de las acusaciones mutuas que se virtieron en esta semana: haber estado de acuerdo con varios aspectos de las dictaduras de Velasco (Hildebrandt) y Fujimori (Palacios).

No hemos visto un reconocimiento claro de errores en este aspecto: Hildebrandt ha tratado de excusar su apoyo a la “Revolución Peruana” diciendo que eran “errores de juventud” (nos recuerda a la excusa de un ex presidente de desastroso gobierno que hoy pretende volver a serlo) y que todo joven tiene ganas de cambiar el mundo. Pero, ¿debìa cambiarse el mundo coactando la libertad de prensa, expropiando a la mala los fundos agrarios, estatizando la economía del país, cerrando el Congreso y el Poder Judicial e intentando hacer una “revoluciòn desde arriba”? Palacios ha sido consultora en temas de reforma del Estado en la PCM y asesora de plan de gobierno de Juan Carlos Hurtado Miller y ha defendido la orientación económica del gobierno fujimorista. ¿Por qué ella y tantos otros liberales solo se preocuparon de la libertad económica, de las reformas liberalizadoras y de la reducción estatal antes que de la ruptura democrática, de los atropellos a la libertad de expresión y las violaciones a los derechos humanos? ¿Por qué ser asesora del candidato a alcalde del movimiento que iba “con todo el apoyo” del gobierno, con Absalón Vásquez a la cabeza, cuando en 1998 ya habia ocurrido el golpe, Barrios Altos, La Cantuta, la ley de amnistía, las denuncias sobre las cuentas de Montesinos, el despojo de la nacionalidad de Ivcher y la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional?

Errar es humano, dice el refrán. Pero reconocer los errores propios es de hombres de bien. Es algo que ambos debieran hacer en torno a su pasado.

Y, para el futuro, evitar que el rating, la competencia y las broncas personales vuelvan a convertir a la pantalla chica en un pugilato verbal. El público no se lo merece y ambos protagonistas de la historia saben hacer su trabajo. Espero que se acuerden de como hacerlo.

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