DEFENSORIA CON PESO

Luego de cuatro años y medio de espera, el Congreso del Perú por fin pudo ponerse de acuerdo en elegir al nuevo titular de la Defensoría del Pueblo. Se trata de la Dra. Beatriz Merino, quien se desempeñara durante un breve lapso como Presidenta del Consejo de Ministros en la gestión del Presidente Toledo.

Desde finales del año 2000, con la renuncia de Jorge Santistevan de Noriega al cargo de Defensor del Pueblo para postular (fallidamente) a la Presidencia de la República, la Defensoría había quedado encargada a Walter Albán, quien durante este lapso de tiempo no pudo reunir los votos para ser ratificado como Defensor titular.

La Defensoría del Pueblo fue creada en la Constitución de 1993 en base al modelo del “ombusdman” de los países escandinavos. El Defensor del Pueblo no tiene facultades judiciales ni coercitivas, solo es una persona que, por su propio peso moral, vela por el respeto de los derechos humanos, el cumplimiento de deberes estatales y la prestación de servicios públicos.

Tanto Jorge Santistevan como Walter Albán han tenido una eficiente labor. Santistevan, quien fuera elegido en 1996 con un perfil bajo y luego de desempeñarse en labores de paz en Centroamérica, se fue convirtiendo en un contrapeso al creciente autoritarismo del gobierno de Alberto Fujimori y, sobre todo, como vigilante y alertador de las irregularidades del fraudulento proceso electoral del año 2000. En la gestiòn de Albán, se prestó colaboración y seguimiento a la resolución pacífica de conflictos, ante la andanada de conflictos sociales desarrollados en estos años, se han presentado una serie de demandas de inconstitucionalidad que han permitido abrir la puerta a una reforma de los estados de emergencia y de la justicia militar. Asimismo, se prestó apoyo al trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, convirtiéndose la Defensoría en legataria de los documentos de trabajo de la CVR y en la entidad estatal que más ha impulsado el cumplimiento de sus recomendaciones.

Sin embargo, el hecho de que el Congreso no se hubiera puesto de acuerdo para elegir a un nuevo Defensor durante casi 5 años (se necesitan 80 votos para elegir a este funcionario) representó un maltrato a la institución, que dio las claras luces de que a muchos parlamentarios no les importaba el tema de defensa de los derechos de los ciudadanos.

Finalmente, pudo alcanzarse el consenso sobre una figura bastante respetable. Beatriz Merino tuvo un aceptable desempeño como Presidenta del Consejo de Ministros (hasta que vino el escándalo por la inclusión de amigos en la SUNAT, que antes dirigió, y no supo responder a las críticas). Se trata de una funcionaria honesta, con vocación de servicio, trayectoria de respeto a los derechos humanos y credenciales democráticas probadas. Esperemos que pueda enfrentar las críticas que puedan venir con mayor fuerza que en ocasiones pasadas.

Con ella, la Defensoria del Pueblo recupera el peso que siempre debió tener. Punto (por fin) para el Congreso.

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