COMO CRUZAR EL NIAGARA EN BICICLETA

De sueldos altos y la Reforma del Estado pendiente

Oído en la calle (elija la avenida, kiosko de periódicos o mercado de su preferencia): “ese congresista (cámbielo por Presidente de la República, Presidente Regional, Ministro, asesor, vice-ministro, director) gana demasiado”.

Y la verdad sea dicha: la gente tiene razón.

No creo que en el ánimo de la población esté presente el deseo de que nuestros más altos funcionarios – más allá de algunos desesperados con su situación que se satisfacen con ver a otro sufriendo igual que ellos – ganen sueldo mínimo. Eso es absurdo e irracional. No solo porque los altos funcionarios deben ganar de acuerdo a la labor que realizan, también el fantasma de la corrupción puede correr en funcionarios mal pagados (y con poca ética).

Pero en el Perú tenemos: más del 54% de la población debajo de la línea de pobreza, personas encargadas de las labores más importantes (policías, militares, profesores, médicos del seguro social, trabajadores del Poder Judicial) con un sueldo bajo que les hace “recusearse” para llegar a fin de mes, funcionarios públicos que no justifican con su labor el sueldo que ganan, gente que ingresa a la Administración Pública por recomendación o carnet del partido de gobierno (AP, APRA, PP y siguen firmas).

Y a cualquiera le irrita ver esto en la Administración Pública, a cuyos funcionarios les pagamos todos con nuestros impuestos.

No hay que engañarse: si reducimos las escalas de sueldos a los altos funcionarios no vamos a tener más plata en el bolsillo. Pero si tendremos un gesto de solidaridad con un pueblo que ha aguantado varios sacrificios económicos.

Lo óptimo es tener reglas claras en la estructura estatal.

Tenemos que establecer una escala de sueldos, con rangos precisos entre los funcionarios para que no se den lugar a “confusiones” como ha ocurrido en los últimos días en el caso de los Presidentes Regionales.

Es necesario impulsar, de una vez, la Reforma del Estado tan anunciada. Esta reforma no debe tener como único paso la salida de los empleados no necesarios en la administración pública. Implica definir las funciones de cada organismo del Estado para que no se crucen entre ellas. Significa que las plazas deben ser sometidas a concurso público para que el Estado no sea el botín del partido de gobierno de turno. Necesita de reglas precisas para que cada organismo tenga un escalafón claro y exista la posibilidad de ascensos e incentivos.

En otras palabras, otro reto de la transición democrática es crear una carrera pública y crear un estado eficiente al servicio de las personas.

Los trámites engorrosos, los malos tratos, los empleados poco eficientes deben quedar desterrados de la administración pública y de la cultura peruana.

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