EL INFIERNO ESTA LLENO DE BUENAS INTENCIONES

Cuando en la lucha por los derechos humanos se cometen algunos excesos

El racismo es una de las prácticas más frecuentes en nuestro país. Aunque agazapada y casi siempre negada como problema, la discriminación racial es nota común, desde los avisos que solicitan personas “con buena presencia” o pertenecientes a determinadas universidades para los empleos cada vez más escasos, hasta las restricciones que muchos jóvenes sufren para entrar a “exclusivas” discotecas, tan solo por tener el color de la piel algo más oscuro.

Por ello, es encomiable la campaña lanzada por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos “Basta de Racismo”, que intenta sensibilizar a la población sobre este álgido tema, realizando diversas campañas en contra de aquellas conductas que, ya sea desde el Estado o desde los particulares, son discriminatorias y, por tanto, atentatorias contra el derecho a la igualdad y la no discriminación.

Lo mínimo que se puede pedir a los organizadores de un movimiento como este es que respeten los derechos humanos de los demás, en especial, en las modalidades de sus protestas o acciones.

Sin embargo, el peligro de cruzar la línea está presente desde hace unos días.

En el diario “Correo”, todos los jueves escribe su columna de opinión el señor Andrés Bedoya Ugarteche, bajo el título de “La Ortiga”. Bedoya, un arequipeño con bastantes kilómetros en su recorrido de vida, tiene ideas bastante polémicas sobre la religión y sobre las poblaciones indígenas o cholas. En partícular, su último artículo, que intenta condenar la venida de Evo Morales al Perú para fundar una sucursal de su partido político, tiene adjetivos bastante gruesos en contra de los índigenas. Independientemente de lo que pensemos de Morales y su propuesta politica (bastante trasnochada, por cierto), los calificativos de Bedoya traslucen, sin duda, un tinte racista. Veamos extractos de su columna “Indioemierda non grato” (ya el título ya nos dice algo):

Adolfito Hitler al revés. Y es que ese patita y sus aymaras no han salido –ni saldrán jamás– del paleolítico inferior, olvídate del incanato en donde jamás se civilizaron… más o menos, digo. ¿Evo Morales “persona”? ¡Por favor! ¿Cómo declarar “persona” a un ser cuya condición de Homo sapiensestá en duda y más parece un australopiteco?”

En cuanto a sus “milenarias” huestes, recuerdo a los lectores que “nuestros” aymaras ya declararon que no deseaban continuar siendo peruanos y que preferían pasar a la condición de bolivianos… territorio y todo, por cierto.

¡No importa, caramba! Como dice la canción, “… que se vaaaayan que se vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayan…”. Al fin y al cabo, al pretender otra nacionalidad y no se puede confiar en ellos (no que alguna vez se pudo) para nada, salvo para linchar a sus congéneres de vez en cuando. Y pueden llevarse todo el departamento de Puno con ustedes, más la parte peruana del lago. Veremos si los pobres cruceños bolivianos pueden con esa terrible carga.

Claro que ya no tendremos uros para entretener a los turistas y que les tiren maníes (a pesar del letrero que dice “Prohibido dar de comer a los Uros”), pero no todo pueden ser ventajas, pues. En algo tenemos que ceder“.

Frente a estas expresiones, los organizadores de “Basta de Racismo” no han tenido mejor idea que mandar una carta al director de “Correo”, Aldo Mariátegui, para que “suspenda su relación” con Andrés Bedoya. En otras palabras, están proponiendo una censura.

Si somos consecuentes con la defensa de los derechos humanos, también debemos defender aquellos correspondientes a las personas que no nos agradan. Sin duda alguna, las expresiones vertidas por Bedoya en esta y en otras columnas suyas me merecen el mayor de los rechazos y desagrados. Sin embargo, creo que plantear una censura es hacerle el juego, cayendo en la misma intolerancia que este personaje demuestra cada semana en su columna y, además, vulnerando su derecho a la libertad de expresión.

Sin duda, la intención de nuestros amigos de la Coordinadora es buena y encomiable. Pero, como bien dice el dicho “El infierno está lleno de buenas intenciones”. Existen maneras más creativas para efectuar protestas. Bien lo saben ellos, que hicieron de las marchas y protestas contra Fujimori un saludable ejercicio democrático, creativo y lleno de humor e ironía. Esperemos que retomen esta senda.

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