PERU – CHILE: CRONICA DE UN CAPITULO MAS EN UNA COMPLICADA RELACION

En los ùltimos dìas, mi lectura de cabecera ha sido “Perú – Chile. El siglo que vivimos en peligro” escrito por el escritor chileno – afincado durante varios años en nuestro país – José Rodrìguez Elizondo. La elecciòn de este libro no ha sido una mera casualidad, todo lo contrario. Ha sido a raìz de la nueva situaciòn de tensiòn (que no hay que dramatizar) entre nuestros paìses, que escogì dicha lectura para darme una idea más completa de lo que ha venido ocurriendo en nuestras relaciones con nuestro vecino del sur, cuya historia de permanente conflictividad conozco desde que tenìa uso de razòn.

¿Por que nuestras relaciones han sido siempre asì? Rodriguez Elizondo se plantea una hipòtesis que considero vàlida en muchos de sus aspectos: la Guerra del Pacífico fue un acontecimiento “parte aguas” en nuestra relaciòn, a tal punto que produjo reacciones diametralmente distintas en ambos países.

En el Perú, el “autoflagelamiento” que supuso la derrota en la guerra nos llevò a la desconfianza con Chile, a tal punto que cualquier acontecimiento que en el pasado nos haga recordar cualquier colaboración chilena es ninguneado por la historia (como ejemplo, Rodríguez Elizondo cita el papel que tuvo Bernardo O’Higgins en la expediciòn libertadora de Josè de San Martìn). Y, añadimos nosotros, los peruanos (o la mayorìa de ellos) hemos recibido una educaciòn que nos ha “enseñado” a odiar a Chile. La enseñanza de la historia peruana, en lo que se refiere a la Guerra del Pacífico, se basa en que la astucia de un vecino codicioso fue la ùnica causa de la derrota peruana. Se olvida asì, lo señalado por historiadores de fuste como Jorge Basadre o Nelson Manrique sobre nuestra frustrada aspiraciòn de construir un Estado-Naciòn, sobre nuestros problemas de integraciòn nacional y sobre el manejo político de la guerra como causas de nuestra derrota.

En Chile, por el contrario, la reacción se condujo hacia la soberbia en sus relaciones con Perú, en menospreciar a nuestro país en muchos aspectos 8fundamentalmente en el econòmico y en el militar), en la fuerte influencia de los militares en el diseño de la política exterior chilena (en especial, durante la dictadura de Augusto Pinochet. Rodrìguez Elizondo cataloga esta actitud como “arrogancia focalizada”, basado también en las versiones de algunos historiadores y en los temas relacionados con los sìmbolos de la victoria (como el “Huascar” por ejemplo).

De esta manera, cada cierto tiempo, cualquier acontecimiento que afecte las relaciones entre ambos países es amplificado en su importancia y efectos. Ocurriò con las 2 oportunidades en las que durante la dècada de 1970 casi nos vamos a la guerra con Chile, cuando se negociaron (frustradamente) las Convenciones de Lima, con el ingreso en gran cantidad de inversiòn chilena, con los problemas de Aerocontinente para operar en Santiago, con la negociación que los dueños de Lucchetti hacían con Montesinos para mantener su fábrica operativa y hasta con los partidos de fútbol por las eliminatorias.

Hoy, el capìtulo se llama “venta de armas a Ecuador en 1995”. Recordemos que hay 2 variables que hacen que, de ser comprobada la versiòn peruana y la primigenia declaraciòn del general ecuatoriano Víctor Bayas (acusado de corrupciòn por la compra de armas por parte de Ecuador), el tema sea grave en o que respecta al prestigio internacional de Chile:
1. Chile era garante del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, que fija los límites entre Perú y Ecuador.
2. Todos los indicios apuntan a que el traslado de armas se realizò en pleno conflicto del Cenepa, cuando existìa una moratoria de venta de armas decretada por la ONU.

Sin duda, el caso merece investigarse y Chile deberà dar mayores luces e información que la suministrada hasta ahora en el presente caso.

Sin embargo, queda una pregunta flotando: ¿còmo hacer que nuestras relaciones sean más saludables entre ambos países?

Bàsicamente, hay un tema de educación que hemos comentado. Pero también pasa porque los gobiernos y la intelectualidad de ambos países comiencen a entender que el camino del desarrollo en Amèrica Latina no se puede construir en base a compartimientos estancos o enemistades. Alemania y Francia superaron enemistades muy fuertes y construyeron las bases de la Uniòn Europea. Lo mismo podrían hacer ambas naciones, que tienen una posición expectante en la política latinoamericana.

Advertisements

“LA INCREIBLE Y TRISTE HISTORIA DE LA FALSIFICACION DE FIRMAS DE PERU POSIBLE, DEL CANDIDO PRESIDENTE Y DEL CONGRESO DESALMADO”

El realismo mágico de la política peruana no lo escribe García Marquez.

El tema de la falsificación de firmas de Perú Posible se ha convertido, desde hace un buen tiempo, en una novela digna de pertenecer al “realismo mágico”, tan bien representado por el escritor colombiano Gabriel Garcìa Márquez.

Todo esto se inicia cuando Alberto Fujimori y su corte de parlamentarios elevaron el requisito para la inscripción de partidos políticos, con el fin de que la ONPE controlada por Vladimiro Montesinos vea quien puede pasar y quien no. El fujimorismo, frente a la oposición, aplicó la máxima “divide y vencerás”, a fin de que más partidos se puedan inscribir.

Lo anacrònico del sistema y, tambièn, el bajo nivel educativo y ético de quienes recolectaron las firmas, han implicado que todos los partidos políticos tengan porcentajes importantes de firmas falsas en sus respectivas inscripciones.

Frente a ello, la excusa más planteada es que cualquier medio era válido para detener a la maquinaria de Fujimori y Montesinos, inclusive falsificar firmas. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿como diferenciarse èticamente de una autocracia corrupta si no es con honestidad y transparencia? ¿No se pensó, además, que descubierta o permitida la inscripción con firmas faltas, sería este un argumento de chantaje perfecto utilizado por la dictadura? (Por ello, extraña que Montesinos no lo utilizara para tumbarse a la candidatura de Toledo en el 2000, lo que abona a favor de la tesis de que Toledo no tenìa conocimiento del tema).

Sea quien haya sido, cada dia queda màs claro que si hubo falsificación de firmas en Perú Posible (PP). Lo que la Comisiòn Investigadora del Congreso debe determinar es si existió una “fabrica de firmas” para ello y sí el Presidente Toledo conocía o participó de dicha asociación para delinquir.

Hasta hoy, los indicios en contra de Toledo son eso, indicios. Por lo cual, cualquier intento de vacar al Presidente resulta, por tanto, infructuoso y lleno de una segunda intención política. El software presentado por Rafael Rey, tal como lo señala la revista “Caretas”, probarìa màs bien que la falsificaciòn no contò con la participación de los altos mandos de PP, pues, de haber sido así, no habrian presentado 3 firmas de Alejandro Toledo, 5 de Margarita Toledo ni habrìan presentado firmas de Fernando Belaunde (¿el lider historico de AP firmando por otro partido?) o de la fujimorista Martha Moyano, o del entonces periodista independiente Luis Iberico.

Sin embargo, la conducta presidencial y de su entorno no hace mas que aumentar las suspicacias. La salida del pais de Carmen Burga, ayudada por miembros del gobierno, es hasta màs comprometedora que la falsificación. Las idas y venidas en lo referido a la presentación presidencial aumentaron las sospechas (que si se graba, que si se firmaba el acta, que si Palacio ordenó grabar la sesión subrepticiamente). Toledo, una vez màs, demostrò que tiene un serio problema con la verdad y con firmar documentos; la Comisiòn del Congreso demostrò que el tema se les està yendo de las manos y que se estàn concentrando en un sòlo caso y no en todos, como fue su mandato.

El tema, en realidad, hastìa, tanto por la negativa de PP a aceptar ciertos hechos, como por la vocaciòn parlamentaria de convertir a esta investigaciòn en un show. Ambas actitudes, sumadas a las constantes contradicciones y entredichos entre los testigos, han hecho que el objetivo de llegar a la verdad en este caso se haya perdido.

Esperemos que las investigaciones en el Poder Judicial, llevadas hata ahora con prudencia y reserva, sean las que finalmente determinen las responsabilidades sobre este tema.

En cuanto al Presidente, luego de estos hechos, su credibilidad debe estar por debajo del 0%. Y en cuanto a su responsabilidad, serà el ciudadano Alejandro Toledo Manrique, sin investidura presidencial en el 2006, quien tenga que aclarar estos hechos (a menos que existan evidencias tan fuertes, que no haya otra salida que esperar la proxima vacancia presidencial).

Esperemos que esta novela de nuestro Macondo político tenga un pronto final, con los responsables ante el banquillo de los acusados y con los complotadores o creadores de fantasmas de complots bien tranquilos y en su casa.

EL INFIERNO ESTA LLENO DE BUENAS INTENCIONES

Cuando en la lucha por los derechos humanos se cometen algunos excesos

El racismo es una de las prácticas más frecuentes en nuestro país. Aunque agazapada y casi siempre negada como problema, la discriminación racial es nota común, desde los avisos que solicitan personas “con buena presencia” o pertenecientes a determinadas universidades para los empleos cada vez más escasos, hasta las restricciones que muchos jóvenes sufren para entrar a “exclusivas” discotecas, tan solo por tener el color de la piel algo más oscuro.

Por ello, es encomiable la campaña lanzada por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos “Basta de Racismo”, que intenta sensibilizar a la población sobre este álgido tema, realizando diversas campañas en contra de aquellas conductas que, ya sea desde el Estado o desde los particulares, son discriminatorias y, por tanto, atentatorias contra el derecho a la igualdad y la no discriminación.

Lo mínimo que se puede pedir a los organizadores de un movimiento como este es que respeten los derechos humanos de los demás, en especial, en las modalidades de sus protestas o acciones.

Sin embargo, el peligro de cruzar la línea está presente desde hace unos días.

En el diario “Correo”, todos los jueves escribe su columna de opinión el señor Andrés Bedoya Ugarteche, bajo el título de “La Ortiga”. Bedoya, un arequipeño con bastantes kilómetros en su recorrido de vida, tiene ideas bastante polémicas sobre la religión y sobre las poblaciones indígenas o cholas. En partícular, su último artículo, que intenta condenar la venida de Evo Morales al Perú para fundar una sucursal de su partido político, tiene adjetivos bastante gruesos en contra de los índigenas. Independientemente de lo que pensemos de Morales y su propuesta politica (bastante trasnochada, por cierto), los calificativos de Bedoya traslucen, sin duda, un tinte racista. Veamos extractos de su columna “Indioemierda non grato” (ya el título ya nos dice algo):

Adolfito Hitler al revés. Y es que ese patita y sus aymaras no han salido –ni saldrán jamás– del paleolítico inferior, olvídate del incanato en donde jamás se civilizaron… más o menos, digo. ¿Evo Morales “persona”? ¡Por favor! ¿Cómo declarar “persona” a un ser cuya condición de Homo sapiensestá en duda y más parece un australopiteco?”

En cuanto a sus “milenarias” huestes, recuerdo a los lectores que “nuestros” aymaras ya declararon que no deseaban continuar siendo peruanos y que preferían pasar a la condición de bolivianos… territorio y todo, por cierto.

¡No importa, caramba! Como dice la canción, “… que se vaaaayan que se vaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayan…”. Al fin y al cabo, al pretender otra nacionalidad y no se puede confiar en ellos (no que alguna vez se pudo) para nada, salvo para linchar a sus congéneres de vez en cuando. Y pueden llevarse todo el departamento de Puno con ustedes, más la parte peruana del lago. Veremos si los pobres cruceños bolivianos pueden con esa terrible carga.

Claro que ya no tendremos uros para entretener a los turistas y que les tiren maníes (a pesar del letrero que dice “Prohibido dar de comer a los Uros”), pero no todo pueden ser ventajas, pues. En algo tenemos que ceder“.

Frente a estas expresiones, los organizadores de “Basta de Racismo” no han tenido mejor idea que mandar una carta al director de “Correo”, Aldo Mariátegui, para que “suspenda su relación” con Andrés Bedoya. En otras palabras, están proponiendo una censura.

Si somos consecuentes con la defensa de los derechos humanos, también debemos defender aquellos correspondientes a las personas que no nos agradan. Sin duda alguna, las expresiones vertidas por Bedoya en esta y en otras columnas suyas me merecen el mayor de los rechazos y desagrados. Sin embargo, creo que plantear una censura es hacerle el juego, cayendo en la misma intolerancia que este personaje demuestra cada semana en su columna y, además, vulnerando su derecho a la libertad de expresión.

Sin duda, la intención de nuestros amigos de la Coordinadora es buena y encomiable. Pero, como bien dice el dicho “El infierno está lleno de buenas intenciones”. Existen maneras más creativas para efectuar protestas. Bien lo saben ellos, que hicieron de las marchas y protestas contra Fujimori un saludable ejercicio democrático, creativo y lleno de humor e ironía. Esperemos que retomen esta senda.

YUYANAPAQ: AL FINAL DE UNA EXPOSICION

Relato de una visita para que la memoria se prologue

El último domingo tuve la ocasión de visitar la exposición elaborada por la CVR denominada “Yuyanapaq, para recordar”.

Dentro de las líneas de trabajo de la CVR, se contempló la existencia de un proyecto fotográfico que permitiera, a través de las imágenes, preservar la memoria de lo ocurrido durante el conflicto armado interno vivido en el Perú entre 1980 y 2000.

Así, la Universidad Católica prestó la Casa Riva Agûero, ubicada en pleno malecòn de Chorrillos. Esta casa está en plena remodelación, por lo que la sensación de reconstrucción luego de una catástrofe está presente a lo largo de las 27 salas que componen la exposición. Más aún, si la casa se asemeja mucho a los ranchos que existían en Chorrillos antes de su destrucción en la Guerra del Pacífico.

La exposiciòn, con la crudeza de las imàgenes, muestra de manera didàctica el horror que se viviò durante aquellos años. Se puede ver en toda su dimensiòn, el inmenso daño que Sendero Luminoso y el MRTA causaron al país, no solo en las imágenes de los coches bomba (como en la sala dedicada al atentado de Tarata), de los muertos con carteles colgando sobre sus cadáveres, sino también de los niños obligados a combatir en ambos bandos del conflicto, en las viudas desesperadas por la pérdida de un ser querido, en las imagenes de los campesinos queriendo saber de sus seres queridos a la puerta de la morgue.

La acciòn del Estado tambièn es mostrada. Los militares implicados en violaciones de derechos humanos, las imagenes de las fosas comunes, lo ocurrido en la matanza de los Penales, en Cantuta y en Barrios Altos. Pero tambien están presentes los héroes, tanto de los comités de autodefensa, como de los militares.

En general, la muestra nos termina mostrando un país que no queremos ver en toda su dimensión y nos refleja que en realidad, las mayores víctimas del conflicto pertenecieron al sector de la sociedad marginado tradicionalmente: los campesinos, los quechua hablantes, los pobres, los presos inocentes. Un sector de peruanos al que generlamente los limeños no miramos u observamos con desprecio o distancia. Es con ellos con quien debemos reconciliarnos formando un país distinto, más justo, más comprometido con la defensa de la democracia, menos violento y que tenga como meta el respeto de los derechos humanos de todos los peruanos.

“Yuyanapaq” tiene fecha de cierre: el 15 de marzo será el último día en que se podrá ver esta importante muestra. La Universidad Católica no puede seguir solventando esta exposición por sí sola y no ha recibido apoyo de la empresa privada. La exposición, segun nos han comentado, se trasladaría al Museo de la Nación.

Sea donde fuere, esperamos desde aquí que el esfuerzo de mantener viva la memoria a través de las imágenes se mantenga y los peruanos podamos tener un espacio donde recordar, guardar el luto necesario y sacar lecciones para que la historia no se repita.

Sigamos en “yuyanapacha” (tiempo de la memoria).

MESA QUE RENUNCIA, MESA QUE MAS LO APLAUDEN

Sobre la estrategia del Presidente de Bolivia para superar (temporalmente) una crisis que parecia terminal

En octubre de 2003, Bolivia fue sacudida por una crisis institucional importante. El presidente Gonzalo Sanchez de Lozada dejaba el mando luego de un mes de manifestaciones populares en su contra. La represión del gobierno y la radicalidad de la oposiciòn encabezada por Felipe Quispe y Evo Morales dejaron como saldo cerca de un centenar de muertos.

Caido Sanchez de Lozada, asumió la Presidencia Carlos Mesa, vicepresidente de Bolivia e integrante de un partido político pequeño. No contaba, por tanto, con mayorìa parlamentaria suficiente. Además, durante sus 17 meses de gestión ha enfrentado protestas de diverso tipo y signo.

Para mantenerse en el poder e impulsar una serie de reformas, Mesa ha tenido una habilidad política bastante sorprendente para la mayor parte de analistas.

Se inició un proceso de reforma de la Constituciòn boliviana, incorporándose el mecanismo del referendum al sistema politico, urgido de mecanismos de democracia directa. Asimismo, Mesa ha convocado a una Asamblea Constituyente que se instalará en los próximos meses para dar un cambio al ya obsoleto sistema politico, basado en alianzas parlamentarias, al definirse la segunda vuelta electoral presidencial en el Congreso.

Por otro lado, fue aprobada la ley de hidrocarburos que permite la salida del gas natural ubicado en la regiòn de Tarija para la exportaciòn, para lo cual se utilizarà un gaseoducto que desembocarà en un puerto peruano.

Asimismo, Mesa volvió a alentar la solución del añejo problema de la salida al mar. Si bien el gobierno chileno aun no ha dado una respuesta, la sola puesta en discusión de un tema que aglutina nacionalmente a los bolivianos (sin salida al mar desde la Guerra del Pacífico) puso al presidente en buena posición.

Así, con estas y otras medidas que procuraban la solución de conflictos sociales, Mesa acumuló un importante capital ciudadano, al tener 60% de aprobación en las encuestas de opinión pública, en especial, en sectores medios cansados del radicalismo de las propuestas de Evo Morales y Felipe Quispe.

Sin embargo, la protesta social parecía irse de las manos al Presidente boliviano en los últimos dos meses. Por un lado, un importante sector de empresarios de Santa Cruz, la región más importante en términos económicos, planteaban que se les de un tratamiento como región autónoma (algo que a muchos les suena a pretensiones de independencia). Por otro lado, recrudeció un problema por el agua potable. La empresa encargada del agua, de capitales franceses, era acusada de malos manejos, por o que diveros sectores reclamaban la nacionalizaciòn del servicio de agua. Finalmente, el proyecto que propone Evo Morales para la ley de hidrocarburos contempla mayores impuestos para las corporaciones petroleras y gasíferas, lo que le quitaría competitividad a la economía boliviana.

En este panorama, Carlos Mesa optó por hacer una jugada audaz: presentó su renuncia ante el Congreso para que se organizara un pacto político de condiciones mínimas para la gobernabilidad de Bolivia. El Presidente era consciente que toda salida militar estaba bloqueada y que el presidente del Senado, quien lo debía reeemplazar, no duraría mucho tiempo en el sillón presidencial del Palacio Quemado.

Así, tras varias horas de negociación, el Congreso boliviano rechazó la renuncia de Mesa. Los únicos movimientos políticos al margen del acuerdo eran el Movimiento al Socialismo de Evo Morales y el movimiento indigenista Pachacuik de Felipe Quispe. El acuerdo incluye un compromiso de aprobación de la ley de hidrocarburos, la convocatoria a un referéndum autonómico (con miras a solucionar el conflicto de Santa Cruz), la elección de prefectos (gobernadores) y la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Una lluvia de aplausos, tanto en la calle como en el Congreso (así como en el exterior), coronó el acuerdo alcanzado.

Mesa queda así más fortalecido frente a la oposición radical y, además, tiene el respaldo de las Fuerzas Armadas y de la mayor parte de gobiernos latinoamericanos. Sin embargo, las protestas no se detienen y el pacto alcanzado podría resultar siendo precario.

Las próximas semanas serán decisivas para definir el futuro de la democracia boliviana, tan fragil por la debilidad del sistema existente, por la radicalidad de su oposición y por un sistema económico que no cumple con disminuir la pobreza en el país más pobre de América Latina.

UNIDAD NACIONAL = ¿UNIDAD DE LA CENTRO DERECHA?

Conforme se acerca el mes de octubre, mes en que se dará el inicio de la campaña electoral, se incrementan las especulaciones sobre las posibles alianzas electorales y sobre quienes serían los miembros de las planchas electorales.

Hasta el momento, existe como tal tan solo una alianza: Unidad Nacional. Está conformada por el tradicional Partido Popular Cristiano presidido actualmente por Lourdes Flores, por el movimiento Solidaridad Nacional que lidera el alcalde de Lima Luis Castañeda Lossio y la pequeña agrupación Cambio Radical que integran los parlamentarios Rafael Rey y José Barba Caballero (la cual fusionò a sus grupos Renovaciòn y CODE).

Como suele ocurrir en el Perú, las disputas principales se centran en quien será el candidato presidencial de la alianza y quienes podrían ser los nuevos aliados a incorporarse.

En el primer caso, la disputa está centrada en Lourdes Flores, quien ya fue candidata en el 2001, Antero Flores Araoz, actual presidente del Congreso y Luis Castañeda Lossio, quien ocupa en este momento el primer lugar en las encuestas y tiene un importante respaldo a su gestión como alcalde.

Lourdes Flores es una de las lideresas políticas más brillantes de su generación. Tiene un discurso serio, alturado y bastante articulado. Sin embargo, es identificada con los sectores más conservadores de la sociedad peruana. Asimismo, su liderazgo se ha visto mermado en estos años, al no poder concluir su proyecto de transformar a Unidad Nacional en un partido político que incluyera a la suma de sus partes.

En el caso de Flores Araoz, se trata de un político honesto y con trayectoria. Sin embargo, su carisma personal no alcanza para un “perfil presidenciable” y su estadía al frente del Congreso le hace un flaco favor, tomando en cuenta la baja aprobación y el descrédito de esta institución.

Castañeda Lossio es quien tendría mayores opciones en este momento. A pesar de haber salido de las canteras de Acción Popular y ser el jefe de una agrupación, es percibido como un “outsider” dentro del sistema político peruano. Sin embargo tiene dos puntos en contra: más allá de sus rescatables obras viales y sus escaleras en los pueblos jóvenes, Castañeda no ha logrado articular un discurso concreto, tanto sobre la ciudad como sobre el país (en realidad, es el candidato del “no discurso”) y, además, no cuenta con un movimiento político que le permita tener un juego propio.

Pero en suma, lo que dificulta la definición de un candidato presidencial es que ninguno de los 3 personajes citados cede sus aspiraciones en favor de cualquiera de los otros.

A ello se suma que no se han definido las alianzas con otras fuerzas. El año 2003, un grupo de tecnócratas, que estaban involucrados en el plan de gobierno de Unidad Nacional, salieron de la alianza y formaron la Coordinadora Nacional de Independientes, bajo el liderazgo de Drago Kisic. Ellos han manifestado que no volverán a Unidad Nacional.

Somos Perú, liderado por el ex alcalde Alberto Andrade, parece ser una fuerza afín ideológicamente a ellos. Sin embargo, disputas personales entre Andrade y Rafael Rey parecen desarticular cualquier intento de alianza.

En realidad, el discurso radicalmente conservador de Rey y Barba (en especial, del primero), aleja a muchos de cualquier tipo de alianzas. Rey es visto como alguien muy cercano al fujimorismo, muy conservador en temas de planificación familiar y contrario a la defensa de los derechos humanos. Con él dentro de Unidad Nacional, está descartada una fórmula social cristiana (como quisiera Antero Flores), liberal (como quiere Lourdes Flores) o de capitalismo con rostro humano (como quisiera Castañeda). En realidad, la presencia de Rey suma antes que resta.

A ello se suma que dentro del PPC no se desea un acercamiento con Acciòn Popular, considerando que Valentín Paniagua está muy interesado – de manera personal, pues sus partidarios no estan muy convencidos – en aliarse con los sectores de izquierda moderada (caso Susana Villarán, Yehude Simon y Nicolás Lynch).

En suma, el juego aún está por iniciarse y nadie quiere mostrar sus cartas. Las apuestas y las barajas se abrirán pronto y veremos cual es el panorama electoral.