Renuncia el ministro, ¿vuelve la reforma policial?

Javier Reátegui

En los hechos, la censura a Fernando Rospigliosi y su reemplazo por Javier Reátegui, terminó – por lo menos, temporalmente – con el intento de reforma policial que un equipo de civiles había encabezado durante las gestiones de Rospigliosi y la de Gino Costa al frente del Ministerio del Interior peruano.

La Policía fue una de las entidades más afectadas por las crisis que han afectado al Perú en los últimos 30 años. Los gobiernos militares de Velasco y Morales Bermúdez redujeron su manejo a la militarización de la seguridad interna. Concluida la dictadura militar, empezó el conflicto armado interno con las acciones violentas de Sendero Luminoso, lo cual llevó, a partir de 1982, a que la seguridad interna pasara ser un asunto competente a las Fuerzas Armadas. Al mismo tiempo, miembros de la Policìa cometieron graves violaciones a los derechos humanos, documentadas ampliamente en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y en diversas investigaciones periodísticas. La autocracia fujimorista la sometió al control castrense, siendo un miembro del Ejército el Ministro del sector Interior durante la mayor parte del gobierno de Fujimori. Como resultado, todos los Ministros del Interior de la década pasada, al igual que Agustín Mantilla (titular de la cartera durante buena parte del gobierno aprista) vienen siendo procesados por actos de corrupción.

El equipo civil liderado por Rospigliosi y Costa, apoyado por miembros de la Policìa (tanto oficiales como suboficiales), encontraron, en resumen, los siguientes problemas:

a. Una institución militarizada en su manejo y su concepción de seguridad.

b. Una fuerte corrupción. Ésta era mayor en monto en los procesos de licitación y adquisición de bienes, en el manejo de la Caja de Pensiones, del Fondo de Vivienda y de los servicios de salud; pero la opinión pública veía más la coima que se pagaba por trámites o para evitar una multa.

c. Ineficiencia en el manejo de la seguridad ciudadana, en especial en las Comisarìas.

d. Poca actualizaciòn en el contenido de los cursos de formación policial.

Así,se fueron realizando acciones para mejorar estos problemas. Se creò una Comisión de Modernización de la Policía, así como una Defensoría que atendiera las denuncias planteadas por los miembros de las fuerzas de seguridad sobre malos tratos y dificultades en sus trámites como miembros de la institución. Se creó una Oficina de Asuntos Internos y comenzò una campaña llamada “A la Policìa se la respeta” para reducir la corrupciòn menuda. Otros pasos se tomaron en las otras àreas antes descritas, pero con menores resultados visibles o cuya implementaciòn se vio trunca por la salida del equipo de reforma.

La reforma policial fue frenada por diversos factores. La falta de voluntad polìtica de los Ministros que eran miembros de Perú Posible (Alberto Sanabria y Javier Reátegui), el copamiento de la Dirección General de Gobierno Interior por parte del grupo político gobernante (esta dirección se encarga de nombrar a prefectos y subprefectos, muchos de los nombrados no estaban suficientemente calificados para el puesto), la excesiva dependencia de la reforma del equipo inicialmente armado para ella y la poca coordinación que otros sectores y poderes del Estado tuvieron en este esfuerzo. A ello se sumò la actitud poco feliz del entorno presidencial, quien creó un conflicto entre el Presidente Toledo y Rospigliosi y Costa, al informar – equivocadamente – que ambos personajes aprovechaban el cargo para su propia plataforma política. Toledo, afecto a ver fantasmas y conspiraciones, las creyó y, con ello, provocó la renuncia de Costa en enero de 2003 y fue mudo testigo de la censura a Rospigliosi en abril de 2004 por el linchamiento del alcalde de Ilave, Puno (en lo que fue, en realidad, un ajuste de cuentas parlamentario a un Ministro incòmodo para todas las tiendas políticas, por sus comentarios y acciones en contra de diversos intereses oscuros).

La salida de Javier Reátegui, motivada no tanto por la asonada de Antauro Humala sino por su demostrada inoperancia al frente del Ministerio del Interior, puede ser una buena oportunidad para retomar la reforma policial. No creemos que Rospigliosi – bastante crítico en este momento con el Gobierno- o Costa asuman nuevamente la cartera que antes desempeñaron. Sin embargo, valdría la pena que el Presidente Toledo llame a algunos de los miembros del equipo de reforma para concluir un trabajo que, de terminarse, podría ser una de las cosas que Alejandro Toledo se lleve en su activo, cuando concluya su mandato.

Señor Presidente, la pelota está en su cancha.

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